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Espiritualidad

El Árbol de Navidad

La historia del festivo árbol comienza en los densos bosques de Alemania, en el siglo VIII.

La historia del festivo árbol comienza en los densos bosques de Alemania, en el siglo VIII. El gran San Bonifacio, obispo y apóstol de aquellas tierras, había estado atrayendo un buen número de tribus paganas al rebaño de Jesucristo. Pero su labor no era fácil. A veces, los conversos, cuya fe todavía era vacilante, recaían en las perversas costumbres de sus antepasados.

En cierta ocasión, Bonifacio tuvo que realizar un largo viaje a Roma, donde fuera para pedir consejo al Papa Gregorio II. Meses después, al volver a la región del Bajo Hesse, sorprendió horrorizado a algunos nativos que estaban a punto de realizar uno de los holocaustos humanos exigidos por la religión primitiva. Liberando a los nueve niños que iban a ser víctimas, el celoso obispo quiso entonces dar un testimonio público de lo impotentes que son los falsos dioses delante del Cordero de Dios.

San Bonifacio y el dios Thor.

Mandó talar un enorme roble de Thor, bajo el que se iba a realizar el sangriento sacrificio. Los sacerdotes paganos le amenazaron con ser fulminado por los rayos del dios del trueno. Sin embargo, derrumbado el árbol, nada sucedió, para humillación de los paganos.

Los relapsos se arrepintieron entonces, y muchos idólatras pidieron el sacramento del bautismo. La caída del árbol de Thor representó la caída del paganismo en aquellas regiones.

Los germanos, ya pacificados y convertidos, adoptaron entonces el pino como símbolo cristiano. Él siempre apunta al cielo y su ramaje eternamente verde nos recuerda Aquél que nos concedió la vida eterna. Bajo sus ramas ya no hay ofrendas crue les, sino los regalos en honra de Cristo recién nacido.

El Árbol de Navidad Hoy...

Años y años más tarde, el árbol de Navidad traspuso las fronteras de Alemania. En los siglos XVIII y XIX se hizo habitual entre la nobleza europea, alcanzando las cortes de Austria, Francia e Inglaterra, hasta la lejana Rusia. De los palacios se extendió al pueblo de Europa, y, por fin, en los días de hoy, lo encontramos por todo el orbe.

(Revista Heraldos del Evangelio, Dic./2007, No. 72)

Comentarios

Espiritualidad, Oraciones

Oración compuesta por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira.

abril 14, 2022

Oh María Santísima, Madre mía, Vos encontrabais tanta cosas que decirle a vuestro divino Hijo, cuando Él estaba en vuestro claustro. Ved qué miserias le digo yo… y decidle por mí aquello que me gustaría decirle, si conociera lo que Vos le dijisteis cuando Él estaba en vuestro claustro. Habladle por mí, Madre mía, y decidle todo lo que yo querría ser capaz de decir y no lo soy.

Adoradlo como yo querría adorarlo y —¡oh, dolor!— no soy capaz de hacerlo.
Presentadle actos de Adoradlo como yo querría adorarlo y —¡oh, dolor!— no soy capaz de hacerlo.

Presentadle actos de reparación por mis pecados y por los del mundo entero, con un ardor que infelizmente no tengo. Madre mía, pedid por mí todo lo que mi alma necesita, todo lo que precisan todos los hombres, para instaurar en la tierra vuestro Reino. Porque, Madre mía, lo que os pido ante todo es el triunfo de vuestro Corazón Sapiencial e Inmaculado y la implantación de vuestro Reino, en mí y sobre todos los hombres. Así sea.

Plinio Corrêa de Oliveira

San José

"El señor buscó un hombre según su corazón". Y este hombre fue San José.

marzo 19, 2022

Desde toda la eternidad, cuando la Encarnación del Verbo fue determinada por la Santísima Trinidad, Dios Padre quiso que la llegada de su Hijo al mundo fuese revestida con la suprema pulcritud que conviene a un Dios.

El Señor buscó un hombre según su corazón.

A pesar de los aspectos de pobreza y humildad con los cuales habría de mostrarse, Él debería nacer de una Virgen concebida sin pecado original, reuniendo en sí las alegrías de la maternidad y la flor de la virginidad.

Pero era indispensable la presencia de alguien capaz de asumir la figura de padre delante el Verbo de Dios hecho hombre. Para eso, bien podemos aplicar las palabras dichas por la Escritura sobre el Rey David:

«El señor buscó un hombre según su corazón». Y este hombre fue San José.

Grandeza de alma mayor que la de los Antiguos Patriarcas.

Para formarnos una idea de quién fue San José, precisamos considerar que él fue esposo de Nuestra Señora y padre adoptivo del niño Jesús.

El esposo debe ser proporcional a la esposa. Ahora, ¿quién es Nuestra Señora? Ella es, de lejos, la más perfecta de todas las criaturas, la obra-prima del Altísimo.

Si sumamos las virtudes de todos los ángeles, de todos los santos y todos los hombres hasta el fin del mundo, no tendremos siquiera una pálida idea de la sublime perfección de la Madre de Dios.

El hombre escogido para ser el esposo de esa excelsa criatura debía poseer una virtud mayor que la de los antiguos patriarcas.

¡Es la grandeza de alma que debía tener el Esposo de la Madre de Dios!

Imagen de Dios Padre a los ojos del Hijo de Dios

¡Su misión, como padre del Niño Jesús, consistió en ser la imagen de Dios Padre a los ojos del propio Hijo de Dios! En la simplicidad de la vida cotidiana, San José ejercía como jefe de la Sagrada Familia, una verdadera autoridad sobre el Hijo de Dios.

¿Quién respondería a las preguntas de Dios? Esta gracia solo fue concedida a San José, varón humilde y puro.

Imaginemos el Niño Jesús parado delante de él e indagando cómo hacer tal cosa. ¡Y San José, mera criatura, consciente de que es Dios quien pregunta, da el consejo!

Consideremos a San José como modelo de castidad y de fuerza; un varón de santidad inimaginable, en el cual Dios reunió, como en un sol, todo cuanto los demás santos juntos tienen de luz y esplendor.

Todas las glorias se acumularon en este varón incomparable.

¡Id a José!

Hubo, también, en el Antiguo Testamento un personaje llamado José, hijo del Patriarca Jacob que llegó a ser vice-rey de Egipto.

En tiempos de hambre, el Faraón mandaba a los egipcios dirigirse al sabio José para que él distribuyese los alimentos, diciéndoles: ¡»Id a José»!

De la misma manera, podemos oír la voz de Dios que nos dice durante nuestras dificultades: ¡»Id a José»!

Así como José fue vice-rey de Egipto y el más importante del reino después del Faraón, Dios constituyó a San José, vice-rey de la Iglesia, quiere decir, señor y cabeza de su casa, custodio y administrador de todos sus bienes.

¿Quién podrá calcular el poder de intercesión de San José junto a María Santísima y a su Divino Hijo? Su patrocinio y poder de intercesión son superiores a los de todos los demás santos, sin duda alguna.

San José todo puede delante del Divino Redentor.

Ciertamente, Jesús, que le fue sumiso durante su vida terrena, seguirá siéndole obediente por toda la eternidad…

¡Imploremos, pues, siempre, su poderosa intercesión!

Hna. Cíntia Louback, EP

Santos

septiembre 12, 2021

Teresa de Cepeda y Ahumada nació el 28 de marzo de 1515, en Gotarrendura, provincia de Ávila, en el seno de una familia numerosa de la pequeña nobleza castellana.

Desde muy niña se interesaba por episodios de la vida de los santos, y cuando supo de los hechos de los primeros mártires, pensó que ese camino era una línea derecha al Cielo. Entonces decidió huir con su hermanito Rodrigo a “tierra de moros”, para entregar allí sus vidas en defensa de la fe. Estaban ya bastante lejos de la ciudad cuando un tío suyo consiguió alcanzarlos y devolverlos a casa.

Al haber perdido a su madre con tan sólo 14 años, Teresa se entregó en las manos de la Virgen, tomándola como única Madre.

Santa Teresa ingresa al Carmelo.

A los 20 años ingresó en el monasterio carmelita de la Encarnación, en Ávila —al principio contra la voluntad de su padre—, donde un año después hizo sus votos. Allí vivían casi doscientas religiosas bajo la regla mitigada de la Orden del Carmen. Sor Teresa recibió una espaciosa celda, junto con la libertad de recibir visitas a cualquier hora e ir a la ciudad por el motivo que fuere. Era habitual que las monjas estuvieran horas charlando en el locutorio, convertido en una especie de centro de reuniones sociales.

En el crisol de las probaciones.

Sin embargo, la cruz, elemento esencial de la grandeza, no tardó en presentarse a esa alma escogida. Poco después de su profesión religiosa, su salud se debilitó tanto que su padre, Alonso de Cepeda, consiguió permiso para llevarla al pueblo de Becedas, donde vivía una mujer cuyos tratamientos médicos tenían fama de eficaces.

Durante el viaje, Teresa conoció la oración mental a través del libro Tercer alfabeto espiritual, del P. Francisco de Osuna, sintiéndose invitada a la vida de contemplación.

De regreso a la casa paterna, una contracción muscular fortísima la dejó sin sentido durante casi cuatro días. La habrían enterrado si su padre no se hubiese opuesto. Incluso en esas condiciones, Teresa deseaba volver pronto al convento. Su alma, como la de Job (cf. 2, 10), se encontraba en excelentes disposiciones: “Estaba muy conforme con la voluntad de Dios, aunque me dejase así siempre. Paréceme que toda mi ansia era de sanar para estar a solas en oración como estaba acostumbrada”.

Después de tres años de parálisis, sus oraciones a San José le obtuvieron la curación y a partir de ese momento la devoción al santo Patriarca se volvió primordial en su vida.

La Vida Mística de Santa Teresa

“Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles”, fueron las palabras que oyó Teresa en el primer éxtasis que le concedió la gracia divina. “Desde aquel día yo quedé tan animosa para dejarlo todo por Dios como quien había querido en aquel momento —que no me parece fue más— dejar otra a su sierva”.

Al par de las pruebas, ahora Cristo continuaba hablándole con frecuencia y parecía andar siempre a su lado: “Ninguna vez que me recogiese un poco, o no estuviese muy distraída, podía ignorar que estaba cabe mí”. No era raro, en esas intimidades con Jesús, sentir en su alma el fuego del amor divino.

En más de una ocasión llegó a tener su corazón transverberado por un ángel, dejándole las marcas físicas de una perforación: “Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí […]. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarlo, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios”.

Reforma Carmelita

Sobre todo, veía la necesidad de reformar el Carmelo y sentía la llamada de la Providencia para realizar esta misión. Deseaba comunidades que no fueran mero refugio de almas contemplativas, preocupadas en fruir y gozar de la convivencia divina, sino verdaderas antorchas de amor ocupadas en reparar el mal que era hecho a la Iglesia. “Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo. […] No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia”.

Santa Teresa... Ayer y Hoy

Finalmente, con las debidas autorizaciones, el 24 de agosto de 1562 se celebró la primera Misa en el Monasterio de San José, el primogénito de los Carmelos reformados. En la más estricta pobreza y clausura, Teresa se puso a instruir a sus monjas, mostrándoles la fuerza de la vida comunitaria bien llevada, en la obediencia y en la alegría. Siempre les recordaba el principal motivo por el cual habían consagrado sus vidas: “Y si en esto podemos algo con Dios, estando encerradas peleamos por Él, y daré yo por muy bien empleados los trabajos que he pasado por hacer este rincón, adonde también pretendí se guardase esta Regla de nuestra Señora y Emperadora con la perfección que se comenzó”.

Transcurridos 450 años de la fundación del primero de esos monasterios, el Papa Benedicto XVI creyó conveniente recordar la coyuntura en la cual vivió la santa mística y cómo aquella situación nos parece familiar. Para el Santo Padre, la reflexión de la santa carmelita permanece muy actual, luminosa e interpelante. “También hoy, como en el siglo XVI, y entre rápidas transformaciones, es preciso que la plegaria confiada sea el alma del apostolado, para que resuene con meridiana claridad y pujante dinamismo el mensaje redentor de Jesucristo.

Desde la Eternidad...

Ese radical modo de vivir atrajo enseguida a muchas jóvenes vocaciones. Cuando Santa Teresa entró en la eternidad, en 1582, había dejado fundados más de veinte monasterios de la rama reformada, femeninos y masculinos. Y como suele ocurrir con los muy llamados, el árbol que ella plantó continuó, tras su muerte, dando inestimables frutos a la Iglesia en los cinco continentes.

Es apremiante que la Palabra de vida vibre en las almas de forma armoniosa, con notas sonoras y atrayentes. […] Siguiendo las huellas de Teresa de Jesús, permitidme que diga a quienes tienen el futuro por delante: Aspirad también vosotros a ser totalmente de Jesús, sólo de Jesús y siempre de Jesús. No temáis decirle a Nuestro Señor, como ella: ‘Vuestra soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?’ (Poesía 2)”.

Atendiendo al llamamiento divino, Santa Teresa supo identificar con gallardía los objetivos de su vida con los de Dios, pasando a la Historia como “una gran dama, una gran mujer, una gran monja y una gran santa”.27 Por eso, el introito de la Misa votiva canta con propiedad: “Le dio el Señor sabiduría y prudencia en abundancia, y la grandeza de corazón como las arenas de la playa del mar”.

Hna. María Teresa Ribeiro Matos, EP

Oración:

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda,

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta.

Solo Dios basta.

Santos

Soñando con los escenarios de Hollywood, una talentosa joven recibió una propuesta inesperada…

mayo 21, 2022

En pleno siglo XXI, a más de dos mil años del supremo sacrificio obrado en el Calvario, a menudo se cree que la santidad es un ideal del pasado incompatible con la vida de nuestros días, intangible en medio de la globalización, impensable en el mundo de la mensajería instantánea y de las redes sociales.

Era lo que también pensaba una disipada joven irlandesa hasta que, un Viernes Santo, la mirada del Crucificado cambió el destino de su existencia…

Una irlandesa talentosa

Clare Theresa Crockett nació en Derry, Irlanda del Norte, el 14 de noviembre de 1982. Primera hija del matrimonio Gerard Crockett y Margaret Doyle, desde temprana edad mostró poseer un carácter fuerte, encantador y vivaz. Llena de dotes y talentos naturales, esparcía una alegría contagiosa y siempre estaba rodeada de amigos, aunque su temperamento fogoso provocara, muchas veces, peleas y desacuerdos…

Actriz nata, acostumbrada a ser el centro de las atenciones y conocida como una niña desafiante, Clare ponía en aprieto a sus profesores con sus ingeniosas salidas. Muy inteligente, llevaba bien sus estudios sin grandes esfuerzos. No obstante, frecuentemente usaba métodos poco loables: en una ocasión, llegó a robar el libro de respuestas de su profesora, para hacer los deberes con más rapidez…

Como era de esperar, Clare no siempre utilizaba sus capacidades para el bien. Se aprovechaba de ellas también para mentir, fingir, dramatizar… Para ella, todo estaba justificado cuando se trataba de lograr sus objetivos.

La niña creció en un ambiente de relativa catolicidad, hasta que su familia se vio afectada por ciertas adversidades que la llevaron a un profundo alejamiento de la fe. A pesar de continuar cumpliendo algunos deberes que sus padres le exigían por conveniencia social, fue abandonando cada vez más el camino verdadero para iniciar otro, marcado por el vicio y por el pecado. Muy pronto conoció el tabaco, el alcohol y las malas compañías; frecuentaba discotecas valiéndose de documentos falsos y bebía descontroladamente.

Pese a ello, en su personalidad floreció una cualidad singular: la determinación. «O todo o nada» fue, de hecho, el lema que orientó su vida.

Clare el día de su Primera Comunión

Soñando con los escenarios de Hollywood

Habiendo desarrollado sus dones artísticos, Clare desempeñó diversos papeles en teatros, anuncios y programas de televisión, con vistas a la realización de su mayor sueño: ser una actriz famosa. Se dedicó al estudio de las artes escénicas y aprovechó cada oportunidad para demostrar su talento, en el cual los que la rodeaban depositaban grandes esperanzas.

Sin embargo, con el paso del tiempo, lejos de sentirse feliz con sus conquistas, Clare empezó a darse cuenta del inmenso y constante vacío que habitaba su corazón: cada nuevo éxito conllevaba profundas depresiones. Aunque todavía le atrajeran mucho el prestigio y las glorias mundanas, sentía que había algo más allá de aquella felicidad que tanto anhelaba. Si bien que al no lograr comprender de qué se trataba, se hundía cada vez más en sus vicios.

En un retiro espiritual y no en la playa…

En el año 2000, Clare recibió una invitación. En realidad, se debió a un malentendido, detrás del cual estaba la mano de la Providencia deseosa de atraerla hacia sí.

Con una amiga durante la peregrinación a Florencia (Italia)

Su mejor amiga, Sharon Doherty, había planeado viajar a España la semana de Pascua. Pero unos días antes una operación de apendicitis se lo impidió. Como no quería perder el billete, que ya estaba pagado, se lo ofreció a Clare. Ilusionada por el atractivo turístico del lugar, aceptó la propuesta, segura de que la esperaban agradables playas y agitadas discotecas.

Lo que no imaginaba era que marchaba a un retiro de Semana Santa con el Hogar de la Madre,1 y a una peregrinación a varios santuarios de Europa. El susto que se llevó al hallarse ante unos días de oración forzosa ¡fue monumental! Al no poder librarse del compromiso ya asumido, decidió, entonces, disfrutar del viaje tanto como pudiera, asistiendo lo menos posible a las reuniones y meditaciones.

El Viernes Santo, no obstante, Clare tuvo que comparecer a la ceremonia litúrgica, por ser una fecha muy especial. En determinado momento, sin saber muy bien de qué se trataba, entró como todos en una fila para adorar la Santa Cruz. Imitando tan sólo lo que hacían las personas que tenía delante, se arrodilló y besó el crucifijo. Sin embargo, este acto le causó un fuerte impacto interior.

Así describe ella misma la gracia que la tocó: «Yo no sé explicar exactamente lo que pasó, no vi ningún coro de ángeles ni ninguna paloma blanca que venía desde el techo hacia mí, pero tuve la certeza de que por mí el Señor estaba en la cruz. Y junto con esta convicción, me acompañó un vivo dolor […]. Al regresar a mi banco, yo ya tenía una huella dentro que no tenía antes. Yo tenía que hacer algo por Él, que había dado su vida por mí».2

Besando el crucifijo durante la ceremonia de Viernes Santo en el
monasterio de San Miguel de las Victorias, Priego (España)

Sin esperárselo, Clare se vio en esa ocasión a solas con Jesús, sintió un inmenso dolor por sus pecados —cometidos contra aquel Amor que se derramaba sobre ella— y comprendió que nada podría hacer para consolarlo, excepto darle su vida.

«Ha muerto por mí; me ama», era la única frase que conseguía articular entre lágrimas después de la bendecida celebración. Extrañamente, y según su carácter aún muy superficial, Clare quiso unir su ansia de celebridad a su nuevo deseo de santidad, explicándoselo a todos los peregrinos, el mismo día en que la gracia la visitó: «Quiero ser famosa. […] Pero hace una hora yo quería ser monja también. Así que me he dicho a mí misma: “Seré una monja famosa”».3

Nuevas caídas y la decisión final

No obstante, el camino de esta alma sería aún largo y lleno de dificultades. Poseía, mezclados en su interior, la flaqueza de la naturaleza humana caída y el corazón de un águila, que vacilaba en echar a volar.

Tras haber hecho un segundo viaje con las Siervas del Hogar de la Madre, rama femenina de la asociación, regresó a Irlanda y su lucha se volvió feroz: los estudios y las fiestas de nuevo eran lo cotidiano, mes tras mes, sin que se decidiera a cortar con el mundo; y las malas amistades y los vicios la arrastraron, cual otra Magdalena, a abismos aú

Como postulante de las Siervas del Hogar de la Madre

Clare quería borrar de su memoria las gracias que había recibido con las hermanas del Hogar, pero el Señor la «perseguía» con amor paterno. Cierta vez, estando en una discoteca, sintió la mirada reprensora y afectuosa del Salvador diciéndole: «¿Por qué me sigues hiriendo?». Era el Buen Pastor en busca de la oveja descarriada, implorándole que se abandonara a sus divinos cuidados, los cuales la podían curar.

El demonio, sin embargo, jugaría su última gran baza en la dura conquista de ese corazón: haría que se abrieran ante éste las tan soñadas puertas de Hollywood. En febrero de 2001, Clare consiguió un papel en un documental realizado por la BBC. 

Aunque era una interpretación secundaria, podría ser el prometedor inicio de su carrera como actriz profesional. El rodaje de la película sería en Manchester y se hospedaría en un hotel de cinco estrellas, en compañía de varias celebridades.

Desde el punto de vista mundano, no podría anhelar más en aquel momento de su vida. Tocaba con las manos un futuro brillante… Pero se sentía infeliz y, finalmente, comprendió que su sitio estaba lejos de allí. Entonces resolvió marcharse.

El paso decisivo hacia la vida religiosa le costó mucho. Desprenderse de su familia, enfrentar la oposición de amigos y conocidos y abandonar tantos vicios fueron algunos de los embates que, fortalecida por Dios, logró vencer. Y pronto discernió qué debería ser en la asociación: «Una santa sierva, que esté muy unida a Él, dispuesta a sufrir todo y a ir a cualquier sitio por amor a Él».4

Anhelando conquistar esa meta, empezó a rogar con insistencia el don de la fidelidad: «Ayúdame a odiar el pecado que tú odias, que me mancha y me aleja de ti. No quiero darte más espinas, no quiero que mi Dios llore por mí».5

Escuela del amor

Gracias insignes y un profundo conocimiento de su nada y de su miseria personal llenaron los primeros meses de su vida como religiosa y fueron motivo de muchas explicaciones, que fue anotando en sus cuadernos con la sencillez propia a los amigos de Dios.

Cabe señalar que tenía una absoluta ignorancia en materia religiosa, pero lo que por la inteligencia aún no sabía, Dios se lo comunicaba misteriosamente en su alma: «Papá, aunque yo no lo merezco y soy una hija ingrata, tú me has hecho experimentar a veces el monte Tabor, la gloria de Cristo y de la Trinidad dentro de mí, en lo profundo de mi alma».6

No obstante, la santidad fue un duro combate para Clare. Se sentía débil, reincidía con frecuencia en las mismas miserias de antaño y se reconocía necesitada de una gran purificación, como se puede ver en las anotaciones de su itinerario espiritual: «A pesar de mis esfuerzos de unión con el Señor, a veces caí en el egoísmo»;7 «¿Quiero vencerme a mí misma? Sí. ¿Qué es lo que me hace sufrir? No ser reflejo de Él, no ser como Él. Mi mucha falta de caridad y humildad».8

La nota dominante de su vida de santificación siempre fue el amor, con el cual buscaba retribuir el amor infinito de Dios por ella. Y, consciente de que amar implica sufrir y negarse a sí mismo, enseñaba: «El amor es sacrificado; no superficial ni sentimental».9 Su devoción a la Santísima Virgen era también muy entrañada: «Sé que soy muy querida por su Corazón y algunas veces me ha dejado descansar allí».10

En la profesión de los votos temporales, el 18 de febrero de 2006

En medio de las luchas y un decidido progreso espiritual, el 8 de septiembre de 2010, Clare hacía, finalmente, los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia. Por su unión con Nuestra Señora y las tres Personas divinas, decidió tomar el nombre de Hna. Clare María de la Trinidad y del Corazón de María.

Fiel hasta el final

Sin perder nada de su alegría radiante, de su talento artístico y de su carisma personal, la Hna. Clare se transformó, poco a poco, en un auténtico ejemplo de generosidad para todos los que convivían con ella. A lo largo de sus quince años de vida religiosa, donde quiera que estuviera se destacaba por su obediencia, su donación de sí misma y su radicalidad de entrega y de observancia de la moral católica.

No temía en señalar el camino correcto a los que dirigía, ni de mostrar con claridad las exigencias de la virtud, como fruto de sus insistentes peticiones al Señor: «Dame la gracia de nunca tener miedo de dar testimonio de ti, de jamás esconder el rosario cuando salgo. […] Ayúdame a nunca huir del lobo».11

Las pruebas con las que Dios quiso purificarla a menudo asombran por su dureza; sin embargo, su alma sensible y flaca se hizo fuerte dejándose crucificar con el Crucificado y, por eso, jamás manifestaba la desolación interior en que no raras veces se encontraba.

Habiendo avanzado de forma muy definida en la vía de la renuncia a sí misma, del amor a Dios y de la entrega sacrificada al prójimo, el 16 de abril de 2016 la Providencia vino a recoger su alma, cual fruto de agradable aspecto, madurado por los sufrimientos y endulzado por la caridad. Un terremoto en la ciudad de Playa Prieta (Ecuador), donde por entonces residía, puso fin a su trayectoria terrenal. Fue la única religiosa fallecida en esa ocasión y, por bondad de la Virgen, estaba muy bien preparada para ello.

¡Entreguémonos a Dios por entero!

Con el hábito de trabajo en Priego (España), en 2009

Clare fue para la humanidad de nuestro siglo un modelo de auténtica conversión. Probó, con su propia vida, que la santidad es el único camino hacia el Cielo y que está al alcance de todos, por los méritos infinitos de la Pasión del Redentor.

Hoy, cada uno de nosotros es llamado a seguir su ejemplo, entregando todo lo que somos y poseemos en las manos de Dios, sin reservar nada para nuestro egoísmo. Que ella interceda por nosotros y nos conceda comprender a fondo que al Cordero Divino no se le ofrece nada a medias; se trata de entregarle «o todo o nada». ◊

Por:  Hna. Diana Milena Burbano, EP

Notas


1 Asociación pública de fieles fundada en España por el P. Rafael Alonso Reymundo.

2 GARDNER, SHM, Kristen. Hermana Clare Crockett, sierva del Hogar de la Madre. Sola con el Solo. Zurita: Fundación E.U.K. Mamie, 2020, p. 63.

3 Ídem, pp. 65-66.

4 Ídem, p. 143.

5 Ídem, p. 147.

6 Ídem, p. 165.

7 Ídem, p. 153.

8 Ídem, p. 145.

9 Ídem, p. 231.

10 Ídem, p. 167.

11 Ídem, p. 158.

Los Caballeros de la Virgen, constituyen una Asociación Internacional de Derecho Pontificio fundada por Monseñor João Clá Dias, EP.
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