A semejanza de un jardín, la vida espiritual requiere un cuidado continuo, pues los defectos pueden nacer en los lugares más recónditos y de las formas más inesperadas.
A lo largo de los siglos, mucho se ha discutido respecto al culto prestado a la Virgen, lo que ha concurrido no sólo a establecer sus bases doctrinarias, sino también para enfervorizar a los verdaderos hijos de María.