Al final de cada ciclo litúrgico la Iglesia celebra la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, una de las fiestas más bellas de su calendario.
A semejanza de un jardín, la vida espiritual requiere un cuidado continuo, pues los defectos pueden nacer en los lugares más recónditos y de las formas más inesperadas.