Oraciones

Oración a Nuestra Señora de Fátima

¡Oh Virgen Santísima!, como una madre que visita a sus hijos, habéis bajado del cielo para visitarnos y decirnos lo que hemos de hacer para salvar nuestras almas; quiero aprovecharme de vuestras enseñanzas, a fin de ir un día a Vos y gozar para siempre con Vos de las delicias de la gloria. Amén.

1. La primera lección que nos dais es que recemos cada día el santo Rosario. Ya que vos lo deseáis, así lo haré con toda la familia, reunida en vuestro nombre, sin que la negligencia ni las ocupaciones me retraigan de hacerlo. Avemaría.

2. La segunda lección que de Vos recibimos es la devoción a vuestro Inmaculado Corazón, a vuestro corazón de Virgen, de Madre, de Reina y de Abogada. Así lo haré desde hoy, y digo y diré siempre con toda confianza: Dulce Corazón de María, sed la salvación mía. Avemaría.

3. La tercera lección que de Vos hemos aprendido es, sobre todo evitar el pecado, porque ya demasiado ofendido está el Señor, huir del pecado, que es la ruina de nuestra alma y el que nos conduce a nuestra eterna perdición. A vuestros pies lo digo, Madre mía: Antes morir que cometer un pecado mortal.

Madre, aquí tenéis a vuestro hijo: guardadme.
Madre, aquí tenéis a vuestro hijo: salvadme.
Madre, aquí tenéis a vuestro hijo: llevadme con Vos al cielo, donde en vuestra compañía pueda ver y poseer a Dios.

Así sea.

Comentarios

Destacados, María Santísima

El ícono es rico en detalles y a cada uno de ellos es atribuido un significado, una simbología, un mensaje.

junio 27, 2022

Aparentemente es un simple cuadro de una más de las innúmeras devociones a la Santa Madre de Dios, pero si nos detenemos en sus detalles, veremos que la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro está llena de simbolismos y significados.

Midiendo 53 por 41,5 centímetros el ícono fue producido en el estilo bizantino en madera sobre un fondo dorado.

En la época en que la obra fue ejecutada, durante el Imperio Romano, los artistas utilizaban el oro o simplemente su color para retratar solo las grandes personalidades.

Según la tradición el cuadro fue pintado por un artista hasta hoy desconocido que, a su vez, se inspiró en una pintura atribuida a San Lucas.

El ícono es rico en detalles y a cada uno de ellos es atribuido un significado, una simbología, un mensaje.

Significado del Cuadro

He aquí algunos de esos detalles:

  1.  Abreviación griega de «Madre de Dios».
  2. Estrella en el velo de María, la Estrella que nos guía en el mar de la vida hasta el puerto de la salvación.
  3. Abreviatura de «Arcángel San Miguel».
  4. Corona de Oro – El cuadro original fue coronado en 1867 en agradecimiento de los muchos milagros hechos por Nuestra Señora; se tituló «Perpetuo Socorro».
  5. Abreviatura de «Arcángel San Gabriel».
  6. San Miguel presenta la lanza, la vara con la esponja y el cáliz de las amarguras.
  7. La boca de María es pequeñita, para guardar silencio, y evitar las palabras inútiles.
  8. San Gabriel con la cruz y los clavos, instrumentos de la muerte de Jesús.

  9. Los ojos de María, grandes, dirigidos siempre para nosotros, a fin de ver todas nuestras necesidades.

10 – Túnica roja, distintivo de las vírgenes en el tiempo de Nuestra Señora.

11 – Abreviación de «Jesucristo».

12 – Las manos de Jesús apoyadas en la mano de María, significando que por ella nos vienen todas las gracias.

13 – Manto azul, emblema de las madres en aquella época. María es la Virgen – Madre de Dios.

14 – La mano izquierda de María sustentando Jesús – la mano del consuelo que María extiende a todos los que a ella recurren en las luchas de la vida.

15 – La sandalia desatada – símbolo tal vez de un pecador unido todavía a Jesús por un hilo -el último-, la devoción a Nuestra Señora.

El fondo del cuadro es de oro, de él brillan reflejos cambiantes, matizando las ropas y simbolizando la gloria del paraíso a donde iremos, llevados por el perpetuo socorro de María.

Asustado por la aparición de los dos ángeles, mostrándole los instrumentos de su muerte, Jesús corre para los brazos de su Madre, y con tanta prisa que se desató el cordón de la sandalia… Nuestra Señora lo abriga con ternura y el Niño Jesús se siente seguro en los brazos de su Madre. 

La mirada de Nuestra Señora no se dirige al niño, sino a nosotros – pidiendo a los hombres que eviten el pecado, causa del susto y la muerte de Jesús. Las manos de Jesús están en la mano de María para recordar que Ella es la Medianera de todas las gracias.

Por Emilio Portugal Coutinho

Alabada, amada, invocada, bendita seas por siempre, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro!, esperanza mía, amor mío, Madre mía, felicidad y vida mía.
Así sea.

Santos

San Juan Bosco es uno de los Santos más populares de la Iglesia y del mundo. Su misión específica fue la educación cristiana de la juventud.

febrero 1, 2022

San Juan Bosco nació el 16 de agosto de 1815 en Castelnuovo de Asti, y recibió de su madre Margarita Occhiena una sólida educación cristiana y humana. Dotado de inteligencia, memoria, voluntad y agilidad física no comunes, desde niño fue seguido por sus coetáneos, a quienes organizaba juegos que interrumpía al toque de las campanas para llevarlos a la iglesia. Fue ordenado sacerdote en Turín en 1841, y allí comenzó su actividad pastoral con San José Cafasso.

Su programa, o mejor, su pasión era la educación de los jóvenes, los más pobres y abandonados. Reunió un grupito que llevaba a jugar, a rezar y a menudo a comer con él. La incómoda y rumorosa compañía de Don Bosco (así se lo llamaba y se lo llama familiarmente) tenía que estar cambiando de lugar continuamente hasta que por fin encontró un lugar fijo bajo el cobertizo Pinardi, que fue la primera célula del Oratorio.

Con la ayuda de mamá Margarita, sin medios materiales y entre la persistente hostilidad de muchos, Don Bosco dio vida al Oratorio de San Francisco de Sales: era el lugar de encuentro dominical de los jóvenes que quisieran pasar un día de sana alegría, una pensión con escuelas de arte y oficios para los jóvenes trabajadores, y escuelas regulares para los estudios humanísticos, según una pedagogía que sería conocida en todo el mundo como “método preventivo” y basada en la religión, la razón y el amor.

“La práctica del método preventivo se base toda en las palabras de San Pablo que dice: La caridad es benigna y paciente; sufre todo, pero espera todo y aguanta todo”.

San Juan Bosco

Para asegurar la continuidad de su obra, San Juan Bosco fundó la Pía Sociedad de San Francisco de Sales (los Salesianos) y Hijas de María Auxiliadora (las Salesianas). Fue un fecundísimo escritor popular, fundó escuelas tipográficas, revistas y editoriales para el incremento de la prensa católica, la “buena prensa”.

Fue un santo risueño y amable, se sentía “sacerdote en la casa del pobre; sacerdote en el palacio del Rey y de los Ministros”. Buen polemista contra la secta de los Valdeses, según la mentalidad del tiempo, nunca se avergonzó de sus amistades con los protestantes y los hebreos de buena voluntad: “Condenamos los errores, escribió en el “Católico”, pero respetamos siempre a las personas”. San Juan Bosco murió el 31 de enero de 1888 y fue canonizado por Pío XI en 1934.

San Juan Bosco encontró la llave que abre el alma del joven a la influencia del bien.

Mantener la disciplina en una sala de clases formada por adolescentes es una dificultad que, con algunas variantes, se muestra tan antigua como la civilización. Los maestros de san Agustín podrían dar un valioso testimonio al respecto. En otros tiempos, los métodos usados eran muchos más directos que los actuales y daban resultados inmediatos, proporcionales a la energía y la fuerza de personalidad del profesor. Pero el problema de fondo no deja de ser el mismo, hoy como ayer.

La educación no se restringe a mantener en silencio y en orden a todos los alumnos dentro de la sala de clases, para que el profesor pueda comunicar sus enseñanzas con eficacia. El buen educador debe saber moldear la personalidad de sus discípulos, corrigiendo los defectos, estimulando las cualidades, haciéndolos amar los principios que orientarán sus vidas. En una buena educación, la formación religiosa ocupa un lugar principal, porque sin amor a Dios y auxilio de la gracia nadie logra vencer las malas inclinaciones y practicar duraderamente la virtud.

De la teoría a la práctica...

Todo esto es muy fácil en teoría…

Pero, ¿cómo llevarlo a la práctica en el mundo actual, en que las invitaciones al mal son tan numerosas y atractivas, y donde los educadores sienten una creciente dificultad para ejercer influencia sobre los jóvenes?

El problema ya era candente en la época de san Juan Bosco. La sociedad de entonces atravesaba grandes transformaciones, sobre todo de mentalidad. Y la juventud, siempre ávida de novedades, se apartaba de la religión y perdía el rumbo.

Don Bosco hacía el “milagro” –muy superior a todos los demás que realizó– de atraer y educar jóvenes que ya no se dejaban moldear por los antiguos métodos educativos y evadían la acción de la Iglesia.

El instrumento del buen educador

En Roma con el cardenal Tosti, una mañana de 1858, san Juan Bosco le dijo: “Mire, Eminencia, es imposible educar bien a la juventud si no se gana su confianza”. En seguida, para darle un ejemplo concreto, lo invitó a acompañarlo a la Plaza del Popolo, donde fácilmente encontrarían grupos de jóvenes jugando y podría demostrar la eficacia de su método. Pero cuando bajó del carruaje, la tropa de niños que jugaba en la plaza huyó corriendo. Seguramente pensaron que ese cura les iba a hacer un pequeño sermón o a reprenderlos por alguna falta.

El cardenal se quedó en el interior del vehículo mirando la escena, y se divertía creyendo que ese primer fracaso haría desistir a Don Bosco de la prueba.

Pero éste no se dejó abatir y en pocos minutos, con su vivacidad e irresistible bondad, había reunido una pequeña multitud de jovencitos a su alrededor, divirtiéndose con sus juegos y entusiasmados con su bondad.

Cuando llegó el momento de partir, formaron dos hileras delante del coche para aclamar al sonriente sacerdote mientras pasaba. Al cardenal le costaba dar crédito a lo que veían sus ojos…

San Juan Bosco

Evitar el pecado: la esencia del método preventivo

A fin de cuentas, ¿cómo cautivaba Don Bosco a la juventud? El primer objetivo que pretendía era evitar todo género de pecado, usando para ellos una gran vigilancia acompañada por una amorosa solicitud.

No de una manera aplastante y glacial, sino paterna y afectuosa. Esa táctica para llevar a los jóvenes fue bautizada por el santo educador como “método preventivo”, en contraposición a otro por entonces en boga, denominado “método represivo” y basado en el castigo.

Este ejemplar educador de la juventud no perdía la ocasión de cortar el avance del mal. Incluso en los recreos su atenta mirada descubría en seguida dónde estaba la riña o de dónde salían palabras censurables, y sin demora deshacía la confusión con una hábil jovialidad, ya que, como atestiguaban sus alumnos, él era el alma de la diversión. No raras veces desafiaba a todos los niños, de una sola vez, a una carrera.

Se arremangaba entonces la sotana, contaba hasta tres y dejaba atrás la turba de jóvenes. Don Bosco siempre llegaba en primer lugar. Ya tenía 53 años y todavía su agilidad dejaba atónitos a los espectadores, porque nunca perdía una carrera con los alumnos del oratorio.

Dulzura en la reprensión

San Juan Bosco

San Juan Bosco jamás aplicaba castigos corporales, convencido de que con eso sólo sublevaría los corazones y cerraría el alma del joven a los saludables consejos. La manera con que reprendía era una palabra fría, una mirada triste, una mano esquiva o cualquiera otra discreta señal de disgusto por alguna falta. Los resultados demostraban que era una forma de corrección extremadamente eficaz.

Cierta noche, después de las oraciones, Don Bosco quería dirigir a los niños algunas palabras benéficas antes de ir a dormir, pero era tan grande la algarabía que no pudo imponer silencio. Después de esperar unos minutos, les comunicó: “¡No estoy contento con ustedes! Vayan a dormir. Esta noche no les diré nada”.

Desde ese día nunca más hizo falta la campanita para que los muchachos guardaran silencio. Podría aparecer una duda contra este método. Esta vigilancia por evitar el pecado, ¿no termina quitándole libertad al joven? La naturaleza humana está hecha para el equilibrio: no sofocar la libertad, ni mucho menos permitir una indisciplina desatada. San Juan Bosco fue admirable en lograr esta conjugación.

A pesar de toda la vivacidad y afecto en su trato con los jóvenes, éstos mantenían siempre una actitud de respeto y admiración hacia su maestro.

Alegría, condimento indispensable

El ambiente en el comedor del Oratorio era una demostración de esta relación armoniosa, cuando Don Bosco se demoraba un poco más en acabar su comida, a la que había llegado atrasado. Apenas los otros superiores salían, una nube de jóvenes entraba corriendo y ocupaba todo el recinto sin dejar espacios vacíos. Algunos se acercaban tanto que casi pegaban sus cabezas en los hombros del santo, otros se apoyaban en el respaldo de su silla y los más pequeñitos se deslizaban bajo la mesa.

Cuánto se sorprendía y emocionaba Don Bosco al ver salir esas pequeñas cabecitas desde abajo, con la única finalidad de estar más cerca de su padre. La libertad con que se le acercaban esos jovencitos y la veneración que sentían por él pintaban un cuadro verdaderamente conmovedor.

Ocasiónes como ésta era una excelente oportunidad para hacer el bien. El ferviente sacerdote aprovechaba entonces para contar una historia, dar un buen consejo, hacer preguntas, hasta que la campana señalara la hora de la oración de la noche, es decir, el fin de esa convivencia enternecida.

Como se podrá ver, la alegría ocupaba un gran papel en el método educativo de Don Bosco. Con ella, el santo pretendía aligerar la vida y predisponer a los niños para abrir el alma a su influencia y a lo sobrenatural.

Uno de los medios que utilizaba eran los juegos y diversiones en los que participaba el propio educador. En una de estas recreaciones, alineaba a todos los niños en una única fila y les recomendaba: “¡Atención! Hagan todo lo que yo haga. Quien no me siga, sale del juego”.

Dicho esto, empezaba su recorrido, corriendo con los brazos al aire, haciendo gestos espectaculares, batiendo palmas, saltando con una sola pierna, amenazando detenerse en un árbol para luego salir corriendo otra vez. De este modo entretenía y creaba un ambiente de alegría para los jóvenes.

Con tales recursos, y sobre todo con la gracia divina, san Juan Bosco conseguía hacerlos amar a Dios con alegría. La música era un valioso instrumento para lograr este efecto, al punto de decir que una casa sin música es como un cuerpo sin alma.

Frecuencia en los sacramentos y devoción a María

En la confesión, Don Bosco pacificaba las conciencias, infundía confianza en las almas, conducía a sus juveniles penitentes a Dios. Huysmans, escritor católico del siglo XIX, hace una bella descripción de estas confesiones: «Nuestro santo, trayendo en el semblante la bonachonería de un viejo cura de pueblo, tiraba hacia sí al niño que había acabado el examen de conciencia, y tomándolo por el cuello lo rodeaba con el brazo izquierdo y hacía que el pequeño penitente apoyara su cabeza en su corazón. Ya no era el juez. Era el padre que ayudaba a los hijos en la confesión tantas veces penosa de las faltas más diminutas.

Por medio de la comunión frecuente, san Juan Bosco quería fortificar el alma de los jóvenes contra las embestidas infernales. A su juicio, la Primera Comunión debía hacerse lo más temprano posible: “Cuando un niño sabe distinguir entre el pan común y el Pan Eucarístico, cuando está lo suficientemente instruido, no es preciso mirar la edad. Que el Rey del Cielo venga de inmediato a reinar en esa alma».

Siguiendo los sabios consejos maternales, Don Bosco hizo de la devoción a María Santísima, bajo la hermosa invocación de María Auxiliadora, una columna de la espiritualidad salesiana. “Si llegaras a ser sacerdote –le repetía afectuosamente mamma Margarita– propaga sin cesar la devoción a la Virgen».

En realidad, el método preventivo de Don Bosco es una forma adaptada a las nuevas generaciones –y plenamente actual– de disponer a los jóvenes a ser flexibles a la acción de la gracia divina.

Ésta es verdaderamente la causa del éxito sorprendente de ese gran educador que marcó su época, hasta nuestros días, con su innovador método transmitido a sus seguidores, los sacerdotes salesianos y las hijas de María Auxiliadora.

Revista Heraldos del Evangelio, Enero/2007, n. 61, pag. 22 a 25
Catholic.net

Espiritualidad

El 2 de noviembre la Iglesia conmemorará a los Fieles Difuntos, siendo una oportunidad para orar de modo especial por aquellos que nos han precedido en el camino hacia el cielo.

noviembre 14, 2021

 El  2 de noviembre la Iglesia conmemorará a los Fieles Difuntos, siendo una oportunidad para orar de modo especial por aquellos que nos han precedido en el camino hacia el cielo y en el encuentro en la Casa del Padre. Una manera de interceder por ellos es a través de la sana oración por las benditas Almas del Purgatorio.

Pero ¿Qué dice la Iglesia al respecto?

El Catecismo de la Iglesia Católica en el capítulo tercero de la Primera Parte, referido a La Profesión de la Fe, habla de la purificación final o Purgatorio que los difuntos han de pasar antes de llegar al cielo.

«Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo», dice el Catecismo.

También recuerda que la Iglesia ha dado por nombre «Purgatorio» a aquella purificación final que han de pasar los hijos de Dios fallecidos que sí están en amistad con Dios, que es muy diferente al Infierno al que llegan los condenados quienes mueren en enemistad con Dios.

«Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, Dialogi 4, 41, 3)», dice la doctrina de la fe relativa al Purgatorio, según los Concilios de Florencia y de Trento.

Asimismo, el Catecismo se refiere a la sana práctica de la oración por los fieles difuntos, recordando que desde los primeros tiempos la Iglesia ha honrado su memoria y ofrecido sufragios en su favor, de modo especial, el santo sacrificio de la Eucaristía, «para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios».

No en vano una de las Obras de Misericordia,  es la de orar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Además de esto, la Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y obras de penitencia en favor de los fallecidos.

La visión mística de Santa Gertrudis

También, de acuerdo con una tradición, en una visión mística que tuvo Santa Gertrudis la Grande -religiosa benedictina propagadora de la devoción al Sagrado Corazón-, Nuestro Señor Jesucristo se le presentó entregándole una oración y señalándole que quien la rece podrá librar mil almas del Purgatorio.

Esta es la oración:

Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio por todos los pecadores del mundo. Por los pecadores en la iglesia universal, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia. Amén.

Autor : Gaudium Press

Destacados, Espiritualidad

La medalla tal como hoy la conocemos , se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a época anterior y tiene su historia.

junio 17, 2022

Origen de la Medalla de San Benito

El origen de esta medalla se fundamenta en una verdad y experiencia del todo espiritual que aparece en la vida de San Benito tal como nos la describe el Papa San Gregorio en el Libro II de los Diálogos. El Padre de los monjes usó con frecuencia del signo de la cruz como signo de salvación, de verdad, y purificación de los sentidos. San Benito quebró el vaso que contenía veneno con la sola señal de la cruz hecha sobre él.

Cuando los monjes fueron perturbados por el maligno, el santo manda que hagan la señal de la cruz sobre sus corazones. Una cruz era la firma de los monjes en la carta de su profesión religiosa cuando no sabían escribir. Todo ello no hace más que invitar a sus discípulos a considerar la Santa Cruz como señal bienhechora que simboliza la pasión salvadora de Nuestro Señor Jesucristo, por la que se venció el poder del mal y de la muerte.

La medalla tal como hoy la conocemos , se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a época anterior y tiene su historia. En el siglo XVII, en Nattenberg de Baviera (Alemania), en un proceso contra unas mujeres acusadas de brujería, ellas reconocieron que nunca habían podido influir malignamente contra el monasterio benedictino de Metten porque estaba protegido por una cruz.

Hechas, con curiosidad, investigaciones sobre esa cruz, se encontró que en las tapias del monasterio se hallaban pintadas varias cruces con unas siglas misteriosas que no supieron descifrar. Continuando la investigación entre los códices de la antigua biblioteca del monasterio, se encontró la clave de las misteriosas siglas en un libro miniado del siglo XIV.

En efecto, entre las figuras aparece una de San Benito alzando en su mano derecha una cruz que contenía parte del texto que se encontraba sólo en sus letras iniciales en las astas cruzadas de las cruces pintadas en las tapias del monasterio de Metten, y en la izquierda portaba una banderola con la continuación del texto que completaba todas las siglas hasta aquel momento misteriosas.

Además de la imagen de la Cruz y la de San Benito, la Medalla tiene cierto número de letras, cada una de las cuales representa una palabra latina. Las diversas palabras, reunidas, da un sentido que manifiesta la intención de la Medalla: expresar las relaciones que existen entre el Santo Patriarca de los Monjes del Occidente y la señal ensangrentada de la redención del género humano; y al mismo tiempo pone al alcance de los fieles un medio eficaz de usar la virtud de la Santa Cruz contra los espíritus malignos.

Medalla de san Benito

Significado de la Medalla de San Benito

Esas letras misteriosas se encuentran en la cara de la Medalla donde se encuentra representada la Santa cruz. Examinemos, en primer lugar, las cuatro que vienen colocadas entre las astas de la Cruz:

C S

P B

Significa: Crux Sancti Patris Benedicti; en Español, Cruz del Santo Padre Benito, estas palabras por sí solas ya explican el objetivo de la Medalla.

En la línea vertical de la Cruz, se lee:

C
S
S
M
L

Lo que quiere decir: Crux sacra sit mihi lux; en Español, La Cruz Sagrada sea mi luz.

En la línea horizontal de la Cruz, se lee:

N. D. S. M. D.

Cuyo significado es: Non draco sit mihi dux; en Español. No sea el dragón mi jefe.

Reuniendo esas dos líneas se forma un verso pentámetro, a través del cual el cristiano expresa su confianza en la Santa Cruz y su resistencia al juego que el demonio le quiere imponer.

Alrededor de la Medalla existe una inscripción más extensa, la cual en primer lugar presenta el santísimo Nombre de Jesús, expresado por el monograma bien conocido: I. H. S. La fe y la experiencia nos certifica la omnipotencia de este nombre divino.

Después viene, de derecha a izquierda, las siguientes letras:

V. R. S. N. S. M. V. S. M. Q. L. l. V. B.

Estas iniciales representan los dos versos que a continuación siguen:

Vade retro satana; nunquam suade mihi vana: Sunt mala quae libas; ipse venena bibas

En Español: Retírate satanás: nunca me des consejos de tus vanidades, la bebida que me ofreces es el mal, bebe tú mismo tus venenos.

Tales palabras se supone haber sido dichas por San Benito: Las del primer verso, por ocasión, de la tentación que sintió y sobre la cual triunfó haciendo la señal de la Cruz; las del segundo verso, en el momento en que sus enemigos le presentaron la bebida mortífera, que descubrió bendiciéndole con la señal de la vida el cáliz donde estaba.

El cristiano puede utilizar estas palabras todas las veces que fuera sorprendido por tentaciones e insultos del enemigo invisible de nuestra salvación.

El propio Jesús Cristo Nuestro Señor santificó las palabras Vade retro, satana -retírate satanás- y su valor es verdadero, ya que esto es confirmado por el Evangelio. Las vanidades que el demonio nos aconseja son las desobediencias a la ley de Dios, las máximas pompas y falsedades del mundo.

La bebida que el Ángel de las tinieblas nos presenta es el pecado, que mata el alma. No la aceptemos, devolvamos para él tan funesto regalo, ya que él mismo lo escogió como herencia.

No hay necesidad de explicar más ampliamente al lector cristiano la fuerza de esa conspiración, que se opone a las artimañas y violencia de satanás lo que el más teme: es la Cruz, el Santo Nombre de Jesús, las propias palabras del salvador cuando fue tentado, así como el recuerdo de las victorias del grande Patriarca San Benito sobre el dragón infernal. Suficiente que alguien pronuncie con fe tales palabras y de inmediato se sentirá fuerte para contrarrestar todos los ataques del infierno.

A pesar de no conocer los hechos que demuestran hasta qué punto satanás teme esa Medalla; la simple apreciación de lo que ella representa y expresa es suficiente para considerarla una de las armas más poderosas que la bondad de Dios puso a nuestro alcance contra la malicia diabólica.

Tomado de: Essai sur l’origine, la signification et les privileges de la Medaille ou Croix de Saint -Benoit. La primera edición de esta obra fue publicada en Poitiers, en 1862.

Autor : Don Próspero Luis Pascal Guéranger

 
 
Si desea contactarse con nosotros, envíenos un mensaje.