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ORACIÓN contra el Covid

Oración - Stella Caeli

¡Oh! Estrella del Cielo, que nutriste al Señor y extirpaste la peste de la muerte que el primer hombre implantó.
Que esta Estrella se digne ahora calmar el Cielo, cuya ira hiere al pueblo con la plaga de la muerte.
¡Oh! Piadosísima Estrella del Mar, socórrenos de la peste. Óyenos, Señora, pues Tu hijo te honra nada negándote.
Salva, Jesús, a aquellos por quienes Tu Madre Virgen intercede.

Amén.

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Santos

septiembre 9, 2021

Sobre la trágica muerte de San Maximiliano Kolbe en el campo de concentración de Auschwitz se comenta y se sabe mucho. Sin embargo, menos conocida es su vida, llena de inteligentes y osados proyectos apostólicos, fruto de un espíritu con amplios horizontes iluminado por una entrañada devoción a la Virgen Santísima.

Talis vita, finis ita, 1 reza un conocido adagio romano. Si Maximiliano tuvo un gesto heroico al final de su existencia que lo llevó al martirio fue porque María Inmaculada se lo había inspirado. Desde pequeño supo corresponder enteramente a tan hermosa y elevada vocación.

Nacía en una época de prosperidad

La Polonia de los últimos años del siglo XIX y principios del XX se encontraba, como el resto de Europa y toda América, en plena prosperidad material. La sociedad de entonces se deleitaba en la euforia y el esplendor de la Belle Époque , en la abundancia y el bienestar, más preocupada por gozar la vida que por lo concerniente a la Religión. El laicismo dominaba las mentes y las costumbres.

En este contexto histórico, el 8 de enero de 1894, nacía Raimundo Kolbe en la ciudad polaca de Zdu ? ska Wola y ese mismo día recibía el Bautismo. Sus padres, Julio Kolbe y María Dabrowska, eran auténticos cristianos y muy devotos de la Virgen María. Dos de sus cinco hijos murieron siendo niños y los otros tres abrazaron la vida religiosa.

Una visión que marcó el rumbo de su vida

Raimundo era un niño espabilado y travieso, por ello cierto día recibió una reprimenda de su madre que le marcó su vida:
– Si a los diez años eres un niño tan malo, peleador y malcriado, ¿qué serás cuando grande?
Estas palabras calaron profundamente en su alma. Se quedó afligido y pensativo. Quería cambiar de vida y recurrió a Nuestra Señora. De rodillas ante una imagen, de la iglesia parroquial, le preguntó:
– ¿Qué va a pasar conmigo?
Cuán enorme no fue su sorpresa al ver que se le aparecía la Madre de Dios. Tenía en las manos un par de coronas y sonriéndole maternalmente le preguntó cuál de ellas escogía. Una era blanca y significaba que preservaría en la castidad; la otra roja, que sería mártir. Esa gran alma que era, escogió las dos.

La vocación religiosa.

Así surgía en él, por gracia de la Inmaculada, su vocación religiosa. Decidió ser capuchino franciscano. A los 14 años empezó sus estudios ¿en dónde? , en la casa de los Hermanos Menores Conventuales, junto a su hermano mayor Francisco.
Con 16 años fue admitido en el noviciado y eligió el nombre de Maximiliano, en honor a un gran mártir africano; quizás con ello estuviera pensando ya en su futuro…
Al año siguiente pronunció los votos simples. Por su privilegiada inteligencia, sus superiores decidieron enviarlo a la Ciudad Eterna, para que continuara sus estudios en el Colegio Seráfico Internacional, de los franciscanos, y que cursara seguidamente Filosofía en la famosa Universidad Gregoriana.
Como había oído hablar de las especiales dificultades que había en la Roma de entonces para mantener la pureza, el joven fraile solicitó no ir allí. Pero en nombre de la santa obediencia tuvo que viajar a la capital de la Cristiandad, en donde además de terminar los estudios hizo la profesión solemne el 1 de noviembre de 1914, acrecentando a su nombre de religioso el de María, la Virgen Inmaculada.

Empiezan los años de lucha

En aquella ciudad se topó con la insolencia con la que los enemigos de la Iglesia la atacaban sin la proporcionada reacción de los católicos. Se decidió a entrar en la lucha antes incluso de ser ordenado presbítero. Reunió a seis condiscípulos suyos y fundaron en 1917 la asociación apostólica Milicia de María Inmaculada, cuyos estatutos declaraban primeramente sus objetivos: la conversión de los pecadores, incluso de los enemigos de la Iglesia, la santificación de todos sus miembros, bajo la protección de María Inmaculada. Sólo aceptaba a jóvenes intrépidos y verdaderamente dispuestos a acompañarlo en esa empresa; llevaban por título “Caballeros de Vanguardia”.

Su sed de almas quedó registrada en las actas de su ordenación sacerdotal, que fue el 28 de abril de 1918. A la mañana siguiente, quiso celebrar su primera Misa en el altar de la Madonna del Miraccolo, de la iglesia de San Andreas delle Fratte, porque allí, en 1842, ocurrió el célebre episodio con Alfonso Ratisbona quien ante la aparición de la Santísima Virgen, se arrodilló judío y se levantó católico, una milagrosa e instantánea conversión. En la agenda de Misas de aquellos primeros días de su sacerdocio, el P. Kolbe escribió que quería celebrar el Santo Sacrificio para “impetrar la conversión de los pecadores y la gracia de ser apóstol y mártir“.2

El progreso al servicio de la Fe.

De regreso a Polonia, en 1919, fue internado en un sanatorio por causa de graves problemas de salud. Tan pronto como se restableció fundó la gaceta El Caballero de la Inmaculada , una publicación mensual de su asociación. Aprovechaba así el progreso técnico de su tiempo, en lo que a artes gráficas se refiere, para ponerlo al servicio de la Fe.

La víspera de su inauguración reunió a los operarios, colaboradores y redactores, un total de 327 personas, para pasar ese día en ayuno y oración. Aquella noche fue organizada una gran vigilia de Adoración al Santísimo Sacramento y de plegarias a la Santísima Virgen para que bendijeran este nuevo proyecto. A la noche siguiente las rotativas imprimían el primer número del periódico, “hijo” de esas oraciones. Su obra recibiría un gran impulso en 1927 cuando el príncipe Juan Drucko- Lubecki les cedió un terreno situado a 40 Km. de Varsovia. Allí el P. Kolbe empezaría a construir una Niepokalanów, Ciudad de la Inmaculada. Planeaba la edificación de un enorme convento y nuevas instalaciones para su imprenta. ¿Con qué dinero? “María proveerá, ésta es una empresa suya y de su Hijo” —decía el santo.

Y no fue defraudado en esa confianza suya. Su boletín había alcanzado en 1939 el sorprendente tiraje de un millón de ejemplares; además a ése se sumaron otros diecisiete diarios de menor porte y una emisora de radio. La Ciudad de la Inmaculada contaba con 762 habitantes: 13 sacerdotes, 18 novicios, 527 hermanos legos, 122 seminaristas menores y 82 candidatos al sacerdocio. También residían allí médicos, dentistas, agricultores, mecánicos, sastres, albañiles, impresores, jardineros y cocineros. Además poseía un parque de bomberos.

El dinamismo que alimentaba a su obra apostólica no era otra cosa sino la sólida piedad que había inculcado a sus discípulos. El motor propulsor de todo ello era el amor entusiasta y militante a María Inmaculada, de quien se sentía más que un esclavo una simple propiedad. En la Eucaristía se encontraba la fuente de la fecundidad de sus iniciativas, por eso instituyó la Adoración Perpetua en Niepokalanów y él mismo no empezaba una tarea sin un acto de adoración al Santísimo Sacramento.

Expedición a Oriente

Su anhelo por difundir en todo el orbe su misión evangelizadora le llevó a realizar una expedición a Oriente con el propósito de editar su revista en diversos idiomas para que llegara a millones de personas en el mundo entero. Su aspiración era que hubiera una “Ciudad de la Inmaculada” en cada país.

De entrada, consiguió que se fundara una en Japón, en Nagasaki. En 1930 la Niepokalanów japonesa ya disponía de una tipografía donde fueron impresos los primeros 10 mil ejemplares de El Caballero de la Inmaculada. Hasta hoy en día se mantiene esta fructífera labor con trabajadores nativos y numerosos sacerdotes.

Más tarde les contó a sus discípulos, antes de los trágicos acontecimientos de la guerra, que había recibido una gracia mística en tierras niponas. Quizás esa gracia fuera decisiva para fortalecerse en las tribulaciones por las que tuvo que pasar. En el refectorio de la Ciudad de la Inmaculada, tras la cena, les dijo: “Voy a morir y vosotros vais a quedaros aquí. Antes de despedirme de este mundo, os quiero dejar un recuerdo […] , contándoos una cosa, pues mi alma desborda de alegría: el Cielo me ha sido prometido con toda seguridad, cuando estaba en Japón. […] Acordaros de lo que os digo y aprended a estar listos para grandes sufrimientos”.3

La Segunda Guerra Mundial.

Al estallar la II Guerra Mundial, en 1939, la Ciudad de la Inmaculada se vio expuesta a un gran peligro, ya que estaba situada en las inmediaciones de la carretera entre Potsdam y Varsovia, una ruta que podía ser utilizada en un eventual ataque de los nazis. Por este motivo la alcaldía de Varsovia ordenó que fueran evacuados con urgencia. El P. Kolbe había conseguido realojar en un lugar seguro a todos los hermanos, aunque él se quedó con cincuenta de sus colaboradores más próximos.

En septiembre las tropas de ocupación se los llevaron y los encarcelaron en Amtitz. Pero en la fiesta de la Inmaculada, el 8 de diciembre, fueron liberados y regresaron a Niepokalanów, convirtiéndola en un refugio y hospital para los heridos de guerra, los prófugos y los judíos.

También retomaron sus tareas, ya que los invasores les permitieron continuar con sus publicaciones, a la espera de tener algún pretexto para acabar con su apostolado. Con una valentía muy grande, el P. Kolbe escribiría en el último número de El Caballero de la Inmaculada , las siguientes palabras, de admirable honestidad intelectual e integridad de convicciones: “Nadie en el mundo puede cambiar la verdad. Lo que podemos hacer es buscarla y cuando la hayamos encontrado servirla. El conflicto real de hoy es un conflicto interno. Más allá de los ejércitos de ocupación y de las hecatombes de los campos de concentración, existen dos enemigos irreconciliables en lo más hondo de cada alma: el bien y el mal, el pecado y el amor. ¿De qué sirven las victorias en el campo de batalla si somos derrotados en lo más profundo de nuestras almas?”.4

A causa de ello, en febrero de 1941 la Gestapo irrumpió en la Ciudad de la Inmaculada y arrestó al P. Kolbe y a otros cuatro frailes más ancianos. En la prisión de Pawiak, en Varsovia, fue sometido a injurias y vejaciones y trasladado después a Auschwitz.

En el campo de Auschwitz.

Comenzaban de esta manera las estaciones de su “Vía Crucis”. La primera noche la pasó en un recinto con otras 320 personas. A la mañana siguiente los desnudaron, y fueron rociados con fuertes chorros de agua helada. A todos le dieron una chaqueta con un número y a él le correspondió el 16.670.

Un oficial se quedó enfurecido al percatarse de su hábito de religioso. Le arrancó violentamente el crucifijo que llevaba al cuello y le gritó:

– ¿Tú crees en esto?

Ante su afirmativa y categórica respuesta, le propinó una soberana bofetada. Tres veces le hizo la misma pregunta y en las tres el santo religioso confesó su Fe, recibiendo el mismo brutal ultraje. San Maximiliano daba gracias a Dios, a ejemplo de los Apóstoles, por ser digno de sufrir por Cristo: “salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús” (Hch 5, 41).

María no lo abandonó ni siquiera un instante.

Los guardias del campo de concentración revisaban a los prisioneros minuciosamente al entrar y les quitaban todos los objetos personales. No obstante, el soldado que examinó al P. Kolbe le devolvió el Rosario y le dijo:

– Quédate con tu Rosario. ¡Y métete ya dentro!

Era una sonrisa de la Virgen que le decía que estaría con él en todo momento.

Martirio en el “búnker de la muerte".

Conocidos muy bien son los demás episodios que ocurrieron en el campo de Auschwitz: el comportamiento del santo sacerdote franciscano, su incansable actividad apostólica, en cada barracón a donde era mandado, etc.

Al final de julio de 1941 fue transferido al Bloque 14, cuyos prisioneros se dedicaban a faenas agrícolas. En determinado momento uno de ellos se dio a la fuga y en represalia eligieron a 10 que fueron condenados a ir al “búnker de la muerte”, en un subterráneo a donde eran echados desnudos y permanecían sin agua ni alimento, esperando la muerte por inanición.

Ante la desesperación de aquellos infelices, San Maximiliano se ofreció para cambiarse por uno de ellos que era padre de familia. Aceptaron el canje porque era sacerdote. El odio de los esbirros contra el religioso era notorio, aunque se quedaban estupefactos al darse cuenta hasta donde puede llegar el valor, la fortaleza y el heroísmo de un presbítero católico, en cuya fisonomía se revelaba la de un varón con toda la fuerza de este término. Una auténtica caridad para con su coterráneo le movía a ello, sin duda, pero una razón también noble le llevó a tomar esa decisión: el deseo de ayudar a aquellos condenados a que tuvieran una buena muerte, salvándoles su alma.

Una vez que el búnker se cerraba, el contacto con el mundo exterior estaba clausurado para siempre. En aquellas horas terribles sin otra expectativa que la de la muerte, era el momento en que cada uno pusiera en orden su conciencia. Nos hacemos una idea del miedo que habría allí a la muerte, al Juicio, al sufrimiento, a la tentación de desesperación… Sin embargo, ¡qué privilegio que en esa situación tuvieran por compañero a un sacerdote santo! Gracias a él, el “búnker de la muerte” se transformó en una capilla de oración y cánticos… con voces cada día más débiles. Las autoridades juzgaban que aquella situación se prolongaba demasiado y decidieron aplicarles una inyección letal de ácido muriático.

El P. Kolbe fue el último que murió en aquel terrible subterráneo. Alargó espontáneamente el brazo para que le pincharan. Momentos después un funcionario del campo entró en la celda y lo encontró ya muerto con “los ojos abiertos y la cabeza inclinada. Su rostro, sereno y bello, estaba radiante”. 5

Cumpliría así su misión: se salvó a sí mismo y a los demás. Ese día era el 14 de agosto de 1941, la víspera de la Asunción de María.

La inspiración de su vida fue la Inmaculada

El 10 de octubre de 1982, en la Plaza de San Pedro, una multitud de 200 mil personas oían a un Papa, también polaco, que declaraba mártir a ese ejemplar sacerdote que no murió sólo por salvar una vida, sino que vivió, sobre todo, para salvar muchas almas. Jamás se cansó de decir: “No tengáis miedo de amar demasiado a la Inmaculada; nosotros nunca podremos igualar el amor que le tuvo Jesús: e imitar a Jesús es nuestra santificación. Cuanto más pertenezcamos a la Inmaculada, tanto mejor comprenderemos y amaremos al Corazón de Jesús, a Dios Padre, a la Santísima Trinidad”. 6

Ya que, como afirmaba Juan Pablo II cuando lo canonizó, “la inspiración de toda su vida fue la Inmaculada, a quien confiaba su amor a Cristo y su deseo de martirio“.7

(Revista Heraldos del Evangelio, Agosto/2009, n. 73, p. 34 a 37)

Notas:

1 Tal como haya sido la vida así es la muerte.
2 LLABRÉS Y MARTORELL, Pere-Joan. San Maximiliano María (Raimundo) Kolbe . Año Cristiano. Madrid: BAC, 2005. vol. 8. p.454.
3 KALVELAGE, FI, P. Francis M. Kolbe – Saint of the Inmaculate . Minnesota: Park Press, 2001, p. 77-78.
4 MLODOZENIEC, Fr. Juventino. Conheci o bem-aventurado Maximiliano Maria Kolbe . Ejemplar mimeografiado en el Jardín de la Inmaculada, Misión Católica de San Maximiliano Kolbe. Ciudad Occidental, Goiás, 1980.
5 LLABRÉS Y MARTORELL, Op. cit., p. 459.
6 Idem, p. 456.
7 Homilía en la Misa de canonización, 10/10/1982.

Ángeles

Se engañaría el que pensara que el vocablo ángel define la naturaleza de esos seres espirituales.

enero 12, 2022

Se engañaría el que pensara que el vocablo ángel define la naturaleza de esos seres espirituales. Si nos remontamos a la etimología de la palabra, primero encontraremos el nombre latino angelus, que a su vez proviene del vocablo hebreo מַלְאָך que los Setenta tradujeron como ἄγγελος.

Ángeles

Tanto el término hebreo como el griego significan mensajero o enviado. Por eso, dice San Agustín:

«En realidad ‘ángel’ es el nombre de un oficio, no de una naturaleza. Si preguntas por el nombre de su naturaleza, es espíritu; y si preguntas por su oficio, es ángel». 1

Luego, ¿quiere decir que los ángeles no tienen cuerpo? Exactamente, el ángel no tiene materia, es puro espíritu.

Esto que para nosotros hoy nos parece tan natural antaño constituyó una grave cuestión teológica, en razón de la cual Santo Tomás de Aquino estuvo a punto de ser excomulgado por el obispo de París. 2 No obstante, resolvió el problema y se mereció, de esta manera, el título de Doctor Angélico.

No vamos a tratar aquí toda la teoría metafísica y filosófica que envolvió la cuestión, sino que expondremos sólo de modo resumido lo necesario para entender la naturaleza espiritual de los ángeles.

Hasta Santo Tomás de Aquino, los teólogos se hallaban en un aparente callejón sin salida. Por un lado, la existencia de los ángeles estaba demostrada en la Sagrada Escritura, y no se podía negar. Por otro, pensaban que la materia era el único elemento capaz de delimitar a un ser. Así que los ángeles no podían ser inmateriales, porque serían infinitos. Creían, pues, que los ángeles tenían cierta materia muy sutil y que, comparada con la materia del cuerpo humano, era espiritualizada.3

Entonces, ¿cómo sustentar y explicar la inmaterialidad de los ángeles? Santo Tomás lo solucionó de una forma sencilla y precisa. Los ángeles son puros espíritus, como Dios. Pero hay dos prerrogativas que permanecen reservadas al Creador: es infinito y eterno. De hecho, la inteligencia angélica es limitada, y su voluntad no es capaz de un acto de valor infinito. En cambio, el acto de la inteligencia divina y de su voluntad es infinito. El Padre conociéndose a sí mismo engendra al Hijo y del amor entre los dos procede el Espíritu Santo.

Además, los ángeles tienen un comienzo, fueron creados en un momento determinado. Dios es eterno, sin principio, ni origen en otro ser. Conclusión: por mucho que el ángel no tenga una materia que delimite su espíritu, no es eterno ni ilimitado como Dios. Ésa es la mayor diferencia entre el Creador y cualquier criatura.

Otras grandes figuras de la patrística ya habían defendido la inmaterialidad de los ángeles.4 Pero ninguno solventó el enigma metafísico como Santo Tomás.

El Aquinate va más lejos en su explicitación y afirma que no sólo es posible, sino que «es necesario admitir la existencia de algunas criaturas incorpóreas»,5 en el magnífico mosaico de la Creación.

 Gaudium Press.

Notas:

  1. SAN AGUSTÍN. Enarratio in psalmum CIII. Sermo I, n.º 15.
  2. Cf. MARTÍNEZ, OP, Aureliano. Introducción a la cuestión 50. In: SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Madrid: BAC, 1950, v. III, p. 60.
  3. Cf. BANDERA GONZÁ LEZ, OP, Armando. Tratado de los Ángeles. Introducción a las cuestiones 50 a 64. In: SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Madrid: BAC, 2001, v. I, p. 496.
  4. «El ángel solamente es espíritu, y en cambio el hombre es espíritu y carne» (SAN GREGORIO MAGNO. Moralia, IV, 3, 8).
  5. SANTO TOMÁS DE AQUINO, op. cit., I, q. 50, a. 1.

Espiritualidad

La sabiduría de la Iglesia propone a los fieles el 1 de noviembre el recuerdo de todos "los elegidos que se encuentran en la gloria de Dios", hayan sido ellos canonizados oficialmente o no

noviembre 14, 2021

La Iglesia reserva el día primero de noviembre para cada año celebrar la solemnidad litúrgica de Todos los Santos.

En esta ocasión la sabiduría de la Iglesia propone a los fieles el recuerdo de todos «los elegidos que se encuentran en la gloria de Dios», hayan sido ellos canonizados oficialmente o no.

Todos los Santos

Ya en el siglo IV, las Iglesias de Oriente iniciaron la promoción de celebraciones conjuntas que recordaban y conmemoraban a todos los Santos. Era recomendado que estas celebraciones debiesen ser durante las alegrías de la Pascua o en la semana que la siguiese.

En el Occidente la introducción de estas celebraciones fueron hechas un poco más tarde.

Esta devoción fue introducida por el Papa Bonifacio IV al dedicar a la Santísima Virgen y a todos los mártires el Panteón de Roma, en el día 13 de mayo del año 610, cuando, a partir de entonces, la conmemoración fuese realizada anualmente.

Entonces, por todo el mundo, la solemnidad pasó a ser conmemorada, en fechas diferentes, pero teniendo todas las celebraciones un contenido idéntico.

La fecha de 1º de noviembre fue adoptada por primera vez en Inglaterra, en siglo VIII y, a los pocos, se esparció por el imperio de Carlos Magno que se tornó obligatoria en el reino de los Francos en el tiempo del Rey Luis, el Piadoso, en el año 835.

Todo lleva a creer que el acto del Emperador Carlos Magno haya sido el acatamiento de un pedido a el hecho por el Papa Gregorio IV (790-844).

Todos los santos

Celebración de los Fieles difuntos

Desde el segundo siglo, los cristianos habían iniciado la práctica de rezar por los fallecidos.

Era muy común visitar las tumbas de los mártires y rezar por aquellos que los precedieron derramando su sangre en defensa de la Fe.

La Iglesia, ya en el siglo V, dedicaba un día del año a rezar por todos los muertos para los cuales nadie rezaba y de los cuáles nadie se acordaba.

Fue el Abad de Cluny, San Odilón, quién determinó hacia el final del primer milenio, en el año 998 que, en todos los monasterios de su Orden, en la fecha del 2 de noviembre, fuese realizada la evocación de todos los fallecidos «desde el principio hasta el fin del mundo».

Por el siglo XI los Papas Silvestre II (1009), Juan XVII (1009) y León IX (1015) recomiendan a toda la comunidad cristiana a dedicar un día a los muertos.

En el siglo XIII ese día anual pasa a ser conmemorado el 2 de noviembre, porque el 1º de noviembre es la Fiesta de Todos los Santos.

La costumbre de conmemorar los fieles difuntos se generalizó y fue oficializada por Roma en el siglo XIV.

En el siglo XV la Iglesia concedió a los frailes dominicos de Valencia, en España, el privilegio de celebrar tres Misas en este día. Esta práctica se difundió por los dominios de España y Portugal y también en Polonia.

Más recientemente, todavía durante la I Guerra Mundial, el Papa Benedicto XV, en el año 1915, generalizó ese privilegio para toda la Iglesia.

Doctrina Católica

La doctrina católica evoca algunos pasajes bíblicos para fundamentar su posición: Tobías 12,12; Job 1,18-20; Mt 12,32 y II Macabeos 12,43-46, y se apoya en la tradición de una práctica piadosa ya dos veces milenaria.

Oraciones

El Regina Cæli sustituye el rezo del Ángelus durante el tiempo pascual.

mayo 21, 2022

El Regina Coeli sustituye el rezo del Ángelus durante el tiempo pascual.

Litúrgicamente está prescrita en el Breviario Romano desde las completas del Sábado Santo hasta la hora nona del sábado posterior a Pentecostés.

Oración del Regina Cæli (Español - castellano)

V/. Reina del Cielo, alégrate; aleluya.

R/. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V/. Resucitó según dijo; aleluya.

R/. Ruega por nosotros a Dios; aleluya;

V/. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

R/. Porque resucitó en verdad el Señor; aleluya.

Oración:

¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Oración del Regina Cæli (latín)

V/. Regina cæli, lætare; alleluia.

R/. Quia quem meruisti portare; alleluia.

V/. Resurrexit sicut dixit; alleluia.

R/. Ora pro nobis Deum; alleluia.

V/. Gaude et lætare, Virgo Maria; alleluia.

R/. Quia surrexit Dominus vere; alleluia.

Oremus:

Deus, qui per resurrectionem Filii tui Domini nostri Iesu Christi mundum lætificare dignatus es, præsta, quæsumus, ut per eius Genetricem Virginem Mariam perpetuæ capiamus gaudia vitæ. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.

Los Caballeros de la Virgen, constituyen una Asociación Internacional de Derecho Pontificio fundada por Monseñor João Clá Dias, EP.
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