Espiritualidad

¿Qué es la oración?

Para muchos, la oración es meramente la recitación de palabras memorizadas o leídas. Entretanto, ella posee un sentido más profundo y sobrenatural.

La Oración es el diálogo con Dios.

Para muchos, la oración es meramente la recitación de palabras memorizadas o leídas. Entretanto, ella posee un sentido más profundo y sobrenatural: es «el diálogo del hombre con Dios» 1, la «elevación de la mente a Dios» 2.

La oración, el diálogo con Dios, es un bien incomparable, porque nos pone en comunión íntima con Dios. Así como los ojos del cuerpo son iluminados cuando reciben la luz, el alma que se eleva para Dios es iluminada por su luz inefable. Hablo de la oración que no es solo una actitud exterior, sino que proviene del corazón y no se limita a ocasiones u horas determinadas, prolongándose día y noche, sin interrupción. 3

El hombre puede convertir un simple trabajo en oración, pues cualquier acto de virtud, cuando realizado por un motivo sobrenatural, es considerado como tal. 4

No debemos orientar el pensamiento hacia Dios apenas cuando nos aplicamos a la oración; también en medio de las más variadas tareas […] es preciso conservar siempre vivos el deseo y el recuerdo de Dios. Y así, todas nuestras obras, condimentadas con la sal del amor de Dios, se tornarán un alimento dulcísimo para el Señor del universo. Podemos, entretanto, gozar continuamente en nuestra vida del bien que resulta de la oración, si le dedicamos todo el tiempo que nos es posible. 5

«Venid a Mi, vosotros todos que estáis afligidos bajo el fardo de vuestros pecados, y Yo os aliviaré» (Mt 11, 28). Bien sabe el Divino Maestro cuáles son nuestros combates en este valle de lágrimas y cuánto el yugo de nuestras debilidades nos fatiga y deprime. Desea Él que, por medio de la oración, depositemos nuestra confianza en su poderoso auxilio para, así, aplastar nuestras debilidades y edificar un templo espiritual agradable a sus ojos.

La Oración es el alimento del alma.

«Venid a Mi, vosotros todos que estáis afligidos bajo el fardo de vuestros pecados, y Yo os aliviaré» (Mt 11, 28). Bien sabe el Divino Maestro cuáles son nuestros combates en este valle de lágrimas y cuánto el yugo de nuestras debilidades nos fatiga y deprime. Desea Él que, por medio de la oración, depositemos nuestra confianza en su poderoso auxilio para, así, aplastar nuestras debilidades y edificar un templo espiritual agradable a sus ojos.

Es propio a la naturaleza humana alimentarse, una vez que, sin los nutrientes necesarios, acaba por desfallecer. Lo mismo ocurre con el alma, la cual, para subsistir, precisa de un alimento espiritual que la robustezca y anime. Ese nutriente divino es la oración conforme atestigua San Agustín:

«La oración es todavía el alimento del alma, porque así como el cuerpo no se puede sustentar sin alimento; sin la oración no se puede conservar la vida del alma. Como el cuerpo, por la comida, así el alma del hombre es conservada por la oración». 6

Lo que hay de más elevado en el hombre no es el cuerpo, sino el alma, visto que el cuerpo languidece y se corrompe, y el alma, entretanto, es inmortal. ¡Cómo somos celosos en sustentar el cuerpo y relajados en el deber de vivificar el alma!

Si supiésemos tomar la oración como remedio para nuestra debilidad, mucho más haríamos para la gloria de Dios.

La oración es, por tanto, la fuerza de los débiles y socorro de aquellos que caen en el abismo del pecado, vencedora de los incrédulos, fortaleza de los Santos, verdadero vigor del alma.

El más fuerte de los guerreros, adornado de la más preciosa armadura, será considerado como incapacitado para la guerra si no sabe doblar las rodillas y con humildad recurrir a Aquel de quien procede toda victoria. Ese es el tesoro que nos «concede todas las gracias pedidas, vence todas las fuerzas del enemigo; […] transforma a los ciegos en iluminados, los débiles en fuertes, los pecadores en santos». 7

Luego, ¿quién no recurrirá a tan valioso don? «¿Quién hay en el mundo más excelente que la oración? ¿Qué cosa más útil y provechosa? ¿Qué cosa más dulce y más suave? ¿Qué cosa más alta y más sublime en toda nuestra religión cristiana?» 8

Hna. Lays Gonçalves de Sousa, EP

Notas:

1 SAN JUAN CLÍMACO. In: LOARTE, José Antonio. El tesoro de los Padres: Selección de textos de los Santos Padres para el tercer milenio. Madrid: Rialp, 1998, p. 345. (Tradução da autora).
2 SAN JUAN DAMASCENO, apud ROYO MARÍN, Antonio. La oración del cristiano. Madrid: BAC, 1975, p. 4. (Tradução da autora).
3 PSEUDO-CRISÓSTOMO. A oração é a luz da alma. In: COMISSÃO EPISCOPAL DE TEXTOS LITÚRGICOS. Liturgia das horas. São Paulo: Vozes; Paulinas; Paulus; Ave Maria; 2000, v. II, p. 58.
4 Cf. ROYO MARÍN. Op. cit. p. 4.
5 PSEUDO-CRISÓSTOMO. Op. cit. 58.
6 SAN AGUSTÍN, apud SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO. Op. cit. p. 22.
7 SAN LORENZO JUSTINIANO, apud SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO. A Oração. Trad. Henrique Barros. 24. ed. São Paulo: Santuário, 2012, p. 47.
8 SAN AGUSTÍN, apud RODRIGUES, Alfonso. Exercícios de perfeição e virtudes cristãs. Trad. Pedro de Santa Clara. 4. ed. Lisboa: União Gráfica, 1947, p. 8. v. II.

Comentarios

Espiritualidad

La sabiduría de la Iglesia propone a los fieles el 1 de noviembre el recuerdo de todos "los elegidos que se encuentran en la gloria de Dios", hayan sido ellos canonizados oficialmente o no

noviembre 14, 2021

La Iglesia reserva el día primero de noviembre para cada año celebrar la solemnidad litúrgica de Todos los Santos.

En esta ocasión la sabiduría de la Iglesia propone a los fieles el recuerdo de todos «los elegidos que se encuentran en la gloria de Dios», hayan sido ellos canonizados oficialmente o no.

Todos los Santos

Ya en el siglo IV, las Iglesias de Oriente iniciaron la promoción de celebraciones conjuntas que recordaban y conmemoraban a todos los Santos. Era recomendado que estas celebraciones debiesen ser durante las alegrías de la Pascua o en la semana que la siguiese.

En el Occidente la introducción de estas celebraciones fueron hechas un poco más tarde.

Esta devoción fue introducida por el Papa Bonifacio IV al dedicar a la Santísima Virgen y a todos los mártires el Panteón de Roma, en el día 13 de mayo del año 610, cuando, a partir de entonces, la conmemoración fuese realizada anualmente.

Entonces, por todo el mundo, la solemnidad pasó a ser conmemorada, en fechas diferentes, pero teniendo todas las celebraciones un contenido idéntico.

La fecha de 1º de noviembre fue adoptada por primera vez en Inglaterra, en siglo VIII y, a los pocos, se esparció por el imperio de Carlos Magno que se tornó obligatoria en el reino de los Francos en el tiempo del Rey Luis, el Piadoso, en el año 835.

Todo lleva a creer que el acto del Emperador Carlos Magno haya sido el acatamiento de un pedido a el hecho por el Papa Gregorio IV (790-844).

Todos los santos

Celebración de los Fieles difuntos

Desde el segundo siglo, los cristianos habían iniciado la práctica de rezar por los fallecidos.

Era muy común visitar las tumbas de los mártires y rezar por aquellos que los precedieron derramando su sangre en defensa de la Fe.

La Iglesia, ya en el siglo V, dedicaba un día del año a rezar por todos los muertos para los cuales nadie rezaba y de los cuáles nadie se acordaba.

Fue el Abad de Cluny, San Odilón, quién determinó hacia el final del primer milenio, en el año 998 que, en todos los monasterios de su Orden, en la fecha del 2 de noviembre, fuese realizada la evocación de todos los fallecidos «desde el principio hasta el fin del mundo».

Por el siglo XI los Papas Silvestre II (1009), Juan XVII (1009) y León IX (1015) recomiendan a toda la comunidad cristiana a dedicar un día a los muertos.

En el siglo XIII ese día anual pasa a ser conmemorado el 2 de noviembre, porque el 1º de noviembre es la Fiesta de Todos los Santos.

La costumbre de conmemorar los fieles difuntos se generalizó y fue oficializada por Roma en el siglo XIV.

En el siglo XV la Iglesia concedió a los frailes dominicos de Valencia, en España, el privilegio de celebrar tres Misas en este día. Esta práctica se difundió por los dominios de España y Portugal y también en Polonia.

Más recientemente, todavía durante la I Guerra Mundial, el Papa Benedicto XV, en el año 1915, generalizó ese privilegio para toda la Iglesia.

Doctrina Católica

La doctrina católica evoca algunos pasajes bíblicos para fundamentar su posición: Tobías 12,12; Job 1,18-20; Mt 12,32 y II Macabeos 12,43-46, y se apoya en la tradición de una práctica piadosa ya dos veces milenaria.

María Santísima

Nuestra Señora en Fátima dijo a los 3 pastorcitos: “Vendré a pedir la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los PrimerosSábados de mes."

junio 5, 2022

Nuestra Señora se apareció en Fátima

El de julio de 1917, Nuestra Señora en Fátima dijo a los 3 pastorcitos: “Vendré a pedir la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los PrimerosSábados de mes.»

Así, el 10 de diciembre de 1925, la Santísima Virgen se aparece a la Hermana Lucía con el Niño Jesús. El Niño dice a la Hermana Lucía:

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre, que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas”.

En seguida, la Santísima Virgen dice a la Hermana Lucía:

“Mira hija mía, mi corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes.  Tú al menos, procura consolarme, y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen el rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando los quince misterios del rosario, con el fin de desagraviarme,  prometo asistirles, en la hora de la muerte, con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas.”

Requisitos del primer sábado de mes:

1.    Intención: reparar, desagraviar. Implica compensar o arreglar un daño realizado.  Es un acto de amor a Dios, parte del primer mandamiento.  Es el consolar a Nuestro Señor y a Nuestra Señora por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.

2.    Actos:

a.    Rezo del Santo Rosario. 

b.    15 minutos de meditación de los misterios del rosario, antes, durante o después del Santo Rosario.  Es un acto de acompañar a nuestra Señora en su sufrimiento. 

c.     Comunión en estado de gracia, el primer sábado de mes.  Se puede comulgar el día domingo, con la autorización de un sacerdote, ofreciéndola como parte de la práctica. Comunión espiritual.

d.    Confesión.  Dada la dificultad de confesarse el mismo primer sábado, puede ser unos días antes o unos días después.

Sobre la Confesión

El 15 de febrero de 1926, se le aparece el Niño Jesús y le pregunta si había propagado la devoción a su Santísima Madre.

Le preguntó Lucía si valía la confesión dentro de los ocho días anteriores al sábado, a lo cual respondió Jesús:

«Sí, puede ser de muchos más días, con tal que, cuando me reciban, estén en gracia y tengan la intención de desagraviar el Inmaculado Corazón de María».

También le preguntó Lucía qué ocurría si alguien se olvidaba de poner la intención. Jesús respondió:

«Pueden ponerla en la confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tengan para confesarse».

El 13 de septiembre de 1939 el obispo de Leiría concedía la aprobación oficial de esta devoción

¿Por qué 5 sábados?

Después de que Lucía pasara unos momentos en oración, Nuestro Señor le revelaba la causa de ser 5 los sábados de reparación:

« Hija mía, la razón es sencilla: se trata de 5 clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María :

  1. Blasfemias contra su Inmaculada Concepción.
  2.  Contra su virginidad,
  3. Contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.
  4. Contra los que procuran públicamente infundir en los corazones de los niños, la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada.
  5. Contra los que la ultrajan directamente en sus sagradas imágenes.

Ángeles

Se engañaría el que pensara que el vocablo ángel define la naturaleza de esos seres espirituales.

enero 12, 2022

Se engañaría el que pensara que el vocablo ángel define la naturaleza de esos seres espirituales. Si nos remontamos a la etimología de la palabra, primero encontraremos el nombre latino angelus, que a su vez proviene del vocablo hebreo מַלְאָך que los Setenta tradujeron como ἄγγελος.

Ángeles

Tanto el término hebreo como el griego significan mensajero o enviado. Por eso, dice San Agustín:

«En realidad ‘ángel’ es el nombre de un oficio, no de una naturaleza. Si preguntas por el nombre de su naturaleza, es espíritu; y si preguntas por su oficio, es ángel». 1

Luego, ¿quiere decir que los ángeles no tienen cuerpo? Exactamente, el ángel no tiene materia, es puro espíritu.

Esto que para nosotros hoy nos parece tan natural antaño constituyó una grave cuestión teológica, en razón de la cual Santo Tomás de Aquino estuvo a punto de ser excomulgado por el obispo de París. 2 No obstante, resolvió el problema y se mereció, de esta manera, el título de Doctor Angélico.

No vamos a tratar aquí toda la teoría metafísica y filosófica que envolvió la cuestión, sino que expondremos sólo de modo resumido lo necesario para entender la naturaleza espiritual de los ángeles.

Hasta Santo Tomás de Aquino, los teólogos se hallaban en un aparente callejón sin salida. Por un lado, la existencia de los ángeles estaba demostrada en la Sagrada Escritura, y no se podía negar. Por otro, pensaban que la materia era el único elemento capaz de delimitar a un ser. Así que los ángeles no podían ser inmateriales, porque serían infinitos. Creían, pues, que los ángeles tenían cierta materia muy sutil y que, comparada con la materia del cuerpo humano, era espiritualizada.3

Entonces, ¿cómo sustentar y explicar la inmaterialidad de los ángeles? Santo Tomás lo solucionó de una forma sencilla y precisa. Los ángeles son puros espíritus, como Dios. Pero hay dos prerrogativas que permanecen reservadas al Creador: es infinito y eterno. De hecho, la inteligencia angélica es limitada, y su voluntad no es capaz de un acto de valor infinito. En cambio, el acto de la inteligencia divina y de su voluntad es infinito. El Padre conociéndose a sí mismo engendra al Hijo y del amor entre los dos procede el Espíritu Santo.

Además, los ángeles tienen un comienzo, fueron creados en un momento determinado. Dios es eterno, sin principio, ni origen en otro ser. Conclusión: por mucho que el ángel no tenga una materia que delimite su espíritu, no es eterno ni ilimitado como Dios. Ésa es la mayor diferencia entre el Creador y cualquier criatura.

Otras grandes figuras de la patrística ya habían defendido la inmaterialidad de los ángeles.4 Pero ninguno solventó el enigma metafísico como Santo Tomás.

El Aquinate va más lejos en su explicitación y afirma que no sólo es posible, sino que «es necesario admitir la existencia de algunas criaturas incorpóreas»,5 en el magnífico mosaico de la Creación.

 Gaudium Press.

Notas:

  1. SAN AGUSTÍN. Enarratio in psalmum CIII. Sermo I, n.º 15.
  2. Cf. MARTÍNEZ, OP, Aureliano. Introducción a la cuestión 50. In: SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Madrid: BAC, 1950, v. III, p. 60.
  3. Cf. BANDERA GONZÁ LEZ, OP, Armando. Tratado de los Ángeles. Introducción a las cuestiones 50 a 64. In: SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Madrid: BAC, 2001, v. I, p. 496.
  4. «El ángel solamente es espíritu, y en cambio el hombre es espíritu y carne» (SAN GREGORIO MAGNO. Moralia, IV, 3, 8).
  5. SANTO TOMÁS DE AQUINO, op. cit., I, q. 50, a. 1.

Santos

Destacándose entre las más arrebatadoras páginas de la Sagrada Escritura, el noble holocausto del protomártir de la Iglesia se reviste de un brillo aún mayor, al ser considerado a la luz de estos tocantes comentarios del Dr. Plinio.

diciembre 28, 2021

Después de conmemorar las alegrías radiantes de la Navidad, la Iglesia celebra el 26 de diciembre la memoria de San Esteban, su primer mártir. El holocausto de este extraordinario héroe de la fe es así narrado por los Hechos de los Apóstoles:

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de fortaleza, hacía prodigios y grandes milagros entre el pueblo. Algunos de la sinagoga, llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban. Pero no pudieron resistir a la sabiduría y al Espíritu que lo inspiraba. (…)

Oyendo estas palabras, sus corazones fueron heridos por el odio y rechinaban los dientes de rabia. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, elevó los ojos al Cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el Cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios».

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él. Y arrastrándolo afuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un hombre llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que rezaba y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Luego, cayendo de rodillas, gritó con voz fuerte: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y con estas palabras, durmió en el Señor.

Prodigios que suscitan el odio de los malos

Esta narración es de una extrema belleza, y cada frase merecería un comentario propio, pues la escena se desarrolla en lances sucesivos, con significados peculiares.

El primer hecho es que Esteban obra maravillas, definidas por el Libro Sagrado con un lenguaje tan lleno de imponderables, que nos deja encantados. Ya en el inicio encontramos una bonita expresión, empleada para indicar la virtud del santo: «lleno de gracia y de fortaleza».

Es decir, era un hombre en la plenitud de su vigor – no sólo de ánimo, sino también sobrenatural, de la gracia que actúa en él -, realizando prodigios y milagros entre el pueblo. Ahora bien, en vista de esos hechos espectaculares, la pertinacia de los que deseaban perseguir a Esteban está bien señalada en los Hechos de los Apóstoles: tomados de odio, se levantaron para discutir sofísticamente con él y atacarlo. Es el segundo lance.

San Esteban
San Esteban - Catedral de San Julián - Le Mans - Francia

Sin embargo, sus opositores no pudieron resistir a la sabiduría y al Espíritu con los cuales Esteban hablaba. De tal modo que, después de haber obrado prodigios, él también argumentó de forma maravillosa, confundiendo completamente a los malos y dejándolos sin palabras con qué replicar. Y los que odiaban los milagros, detestaron aún más sus argumentos.

Se trataba, pues, de una ira creciente, a medida que San Esteban iba manifestando las excelencias depositadas por Dios en su alma. Como vimos, la primera manifestación de esa grandeza maravillosa son sus hechos prodigiosos, contra los cuales se declaró la saña de los adversarios en forma de discusión. Habiendo argumentado el santo de forma incontestable, les aumenta el rencor gratuito con relación al bien en cuanto bien.

No es otra la razón de esa rabia. Se engañaría quien pensase que la misma surgía porque San Esteban fue inhábil, porque cometió algún equívoco o porque no entendieron algo de lo que dijo.

Ellos comprendieron perfectamente, se dieron cuenta de las maravillas que Esteban obraba y oyeron argumentos contra los cuales no tenían respuesta. Entonces lo odiaron, porque era bueno y sin error.

A propósito, es semejante el procedimiento de muchos fautores del mal. Atacan el bien y la verdad porque no pueden soportarlos. Y entre más grande sea la manifestación de la verdad y del bien, mayor es el odio que suscita en los malos. Esos que se mostraron hostiles a San Esteban eran de la misma laya de los que decidieron la muerte de Nuestro Señor, de los que prefirieron a Barrabás al Cordero inmaculado; el ladrón, el facineroso fue considerado más simpático, más atrayente y agradable que Nuestro Señor, por causa del amor al mal.

En estos episodios se hace patente la iniquidad y la malicia del pecado de aquellos a los cuales la Escritura llama de «hijos de las tinieblas», de los que no cometen la falta por flaqueza o debilidad, sino scienter et volenter.

De aquellos que aborrecen el bien que no observan y se complacen con el mal que practican, y profesan una doctrina mala en virtud de la cual detestan la buena causa, porque saben que es benéfica.

¿San Esteban habría sido imprudente?

Martirio San Esteban (Parroquia La Concepcion) La Orotava - Spain Canarias Tenerife
Martirio San Esteban (Parroquia La Concepción) La Orotava - España

Prosiguiendo, la narración sagrada nos evoca la actitud de San Esteban, que «elevó los ojos al Cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el Cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios».

Es interesante hacer aquí una composición de lugar, e imaginar el modo como San Esteban exteriorizó esa magnífica afirmación. Pudo haber sido de tal manera que los oyentes percibieran toda su veracidad, y vieran que él tenía razón. ¡Relucía en él tal reflejo de lo que decía, una evidencia tan elevada de la autenticidad de lo que hablaba, que sus palabras eran irrechazables!

Ese hecho nos hace acordar de otro, ocurrido en el siglo XIX y comentado por Dom Chautard. Cuenta él que un abogado estuvo en Ars para asistir a un sermón de San Juan Bautista Vianney. Después, al ser interrogado por sus amigos acerca de lo que había presenciado en esa ciudad, exclamó: «Vi a Dios en un hombre».

¡Ahora bien, si eso se dio con San Juan Vianney, imaginemos cómo San Esteban, en el momento de su éxtasis, estaría rebosante de sobrenatural! Fue un resplandecimiento de gracia mística tan inmenso que sus perseguidores no lo pudieron soportar, y crecieron en odio al punto de resolver matarlo.

Se podría preguntar si San Esteban no fue imprudente al enfrentar de ese modo la ira de los malos.

¿No hubiese obrado mejor si se hubiese ido, sin forzar, por así decir, a aquella gente a cometer un asesinato sacrílego? Él, por el contrario, cada vez se afirmó más, aumentando la rabia de sus contendores, hasta que llegaron al homicidio.

Este crimen no ocurriría y Esteban no perdería su vida de apóstol, si hubiese huido. ¿No habría procedido, por lo tanto, de forma más sapiencial si se hubiese quedado quieto y tratase de escapar?

La primera respuesta a esa pregunta la encontramos en la propia Escritura: San Esteban estaba lleno del Espíritu Santo. Por lo tanto, actuaba correctamente, bajo la inspiración divina. El hecho es que él estaba involucrado en una lucha cuyo desenlace era incierto. En esa pugna, él intentaba con insistencia penetrar en aquellas almas por medio de una nueva maravilla que obraba. Para conmoverlas y conquistarlas, él fue afirmando verdades cada vez más elevadas. Cuando alcanzó el ápice de su apostolado, sus interlocutores, empedernidos en rechazar lo que San Esteban decía o hacía, cometieron el asesinato.

El método apostólico que él empleó fue perfecto. Trató de tocar esos corazones, de iluminar aquellas inteligencias. A cada rechazo, él respondía con una misericordia más grande, dejaba rebosar de lo íntimo de su ser una gracia más intensa, expresaba un argumento más fulgurante, realizaba un prodigio más admirable. Hasta el punto en que ellos rechazaron todo.

Su actitud fue altamente sabia y apostólica. Él podría haber convertido a aquellos hombres si ellos hubiesen abierto sus almas al efecto de la acción saludable de la santa víctima.

Sin embargo, no quisieron ceder a la bondad y la virtud de Esteban. Se irguieron contra él y sólo callaron cuando perpetraron el ignominioso asesinato.

La muerte plácida de los justos

San Esteban
San Esteban - Basílica de Ntra. Sra. de Luján - Argentina

Lo cometieron – describen los Hechos de los Apóstoles – después de lanzar grandes gritos y de «taparse los oídos», como se acostumbraba a hacer frente a alguien que profiriese una blasfemia. Y con un odio que los movía a todos, se lanzaron contra San Esteban, apedreándolo mortalmente. Podemos imaginar que la saña de los malhechores crecía a medida que el primer mártir de la Iglesia tomaba actitudes cada vez más sublimes, mientras las piedras caían sobre él.

Un detalle curioso destacado por la Escritura es que «los testigos dejaron sus capas a los pies de un hombre llamado Saulo». Saulo, el futuro San Pablo, era en aquel tiempo un fariseo y perseguidor encarnizado de los cristianos.

La vida de San Esteban se va extinguiendo bajo la brutalidad de la lapidación.

Tratemos de imaginar esa escena maravillosa. Él, cual segundo Cordero de Dios, con los ojos vueltos hacia el cielo, herido y vertiendo sangre por todo su cuerpo, con contusiones horrorosas, hace apenas esta oración: «Señor Jesús, recibe mi espíritu», «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

¡Qué impresión extraordinaria debía causar esa actitud en las almas buenas!

Y «luego, cayendo de rodillas, gritó con voz fuerte: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».

Por lo tanto, la primera oración – «Señor Jesús, recibe mi espíritu» – él la dijo de pie. Pero, naturalmente, encorvado por la violencia de las pedradas, no pudo mantenerse más erecto.

Cayó de rodillas, y en esa postura tan supremamente conveniente para la oración, pidió a Nuestro Señor que no les tuviese en cuenta ese pecado. O sea, todavía con voz fuerte, rogaba el perdón para sus propios agresores. En el auge de la tragedia dice una frase de una simplicidad y de una serenidad sublimes.

«Y con estas palabras, durmió en el Señor.»

Todo se acabó y llegó la muerte plácida de los justos. La tormenta se había transformado en un sueño, el martirio estaba consumado, él dormía en Dios. Al exhalar el último suspiro, aquel hombre todo ensangrentado, ciertamente habrá tenido una expresión fisionómica tranquilísima. Su alma subía al Cielo.

¡Cómo ese martirio es digno de ser el primero de la Historia de la Iglesia, ejemplo para los demás holocaustos de los que murieron dando testimonio de su fe en Cristo Jesús, Señor Nuestro!

Autor : Plinio Corrêa de Oliveira

Los Caballeros de la Virgen, constituyen una Asociación Internacional de Derecho Pontificio fundada por Monseñor João Clá Dias, EP.
Si desea contactarse con nosotros, envíenos un mensaje.