María Santísima

Historia de Nuestra Señora del Buen Suceso

Soy María del Buen Suceso, la Reina del Cielo y de la tierra. Vengo a consolar tu corazón afligido.
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email
Compartir en print

Medianoche. En el Real Monasterio de la Inmaculada Concepción, de Quito, el silencio fue roto por las doce campanadas del reloj que indicaba el comienzo del día 2 de febrero de 1594. Poco después entraba en la capilla la joven priora, la Madre Mariana de Jesús Torres.

Con el corazón repleto de amarguras, había ido a implorarle al divino Redentor que por intercesión de su bendita Madre solucionara los problemas que dificultaban la evangelización de aquellas tierras: los malos ejemplos que daban algunos sacerdotes y religiosos indignos, los injustificables desmanes de las autoridades eclesiásticas y civiles, agravado todo ello por manifestaciones de desobediencia en su propio convento. Prosternada con la frente en el duro suelo de piedra, oraba con fervor cuando una dulce voz interrumpió sus plegarias llamándola por su nombre:

Mariana de Jesus Torres

Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa

—Mariana, hija mía.

Se levantó rápidamente y vio delante de ella a una bellísima Señora, resplandeciente de luz, que tenía en su mano izquierda al Niño Jesús y en la derecha un báculo todo de oro pulido, adornado con piedras preciosas.

—Hermosa Señora, ¿quién sois y qué queréis? —le preguntó, rebosante de felicidad.

—Soy María del Buen Suceso, la Reina del Cielo y de la tierra. Vengo a consolar tu corazón afligido. Empuño en el brazo derecho el báculo que ves, porque quiero gobernar este mi monasterio como Priora y Madre.

Duró cerca de dos horas el coloquio de la humilde monja con la celestial Visitante. Cuando ésta se retiró, tan sólo la tenue luz del candil iluminaba la capilla, pero la Madre Mariana se sentía tan fortalecida como deseosa de luchar y sufrir por amor a Nuestro Señor Jesucristo.

“Es voluntad de mi Hijo que mandes ejecutar una estatua mía”

¡Y no le faltaron sufrimientos y pruebas! Cinco años después, la madrugada del 16 de enero de 1599, se le apareció de nuevo la Santísima Virgen para reconfortarla. Le comunicó los designios de Dios en relación con aquel monasterio, le hizo proféticas revelaciones acerca del futuro de Ecuador y de las persecuciones que allí sufrirían las comunidades religiosas, y agregó:

—Por eso es voluntad de mi Hijo Santísimo que tú misma mandes ejecutar una estatua mía, tal como me ves, y la coloques sobre la cátedra de la priora para que yo desde ahí gobierne mi monasterio, poniendo en mi mano derecha el báculo y las llaves de la clausura en señal de propiedad y autoridad. A mi divino Niño lo harás colocar en mi mano izquierda: primero, para que los mortales entiendan que soy poderosa para aplacar la justicia divina y alcanzar piedad y perdón a toda alma pecadora que a mí acuda con corazón contrito; y segundo, para que mis hijas comprendan que les muestro y les doy como modelo de su perfección religiosa a mi Hijo Santísimo; vengan ellas a mí para que yo les conduzca a Él.

Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa

“Ningún otro escultor será digno de esta gracia”

La religiosa ponderó con timidez:

Linda Señora, vuestra hermosura me encanta. ¡Oh, si me fuera dado dejar la tierra ingrata para elevarme con Vos al Cielo! Mas permitidme que os haga saber que ninguna persona humana, por más entendida que fuese en el arte de la escultura, podrá trabajar en madera vuestra encantadora imagen, tal como me pedís. Enviad para esto a mi Seráfico Padre a fin de que él labre esta obra en madera escogida, teniendo como oficiales a los ángeles del Cielo, porque no sabría explicar ni menos podría saber y dar la estatura de vuestra talla.

Nada te atemorice, hija mía — contestó la Virgen—, atenderé tu petición. En cuanto a mi altura mídela tú misma con el cordón seráfico que traes a tu cintura.

La joven priora hizo una reverente objeción:

—Hermosa Señora, mi Madre querida, ¿atreverme yo a tocar vuestra frente divina, cuando los espíritus angélicos pueden hacerlo? Vos sois el arca viva de la alianza entre los pobres mortales y Dios; y si Osa cayó muerto sólo por el hecho de haber tocado el Arca santa para evitar que cayese al suelo [cf. 2 Sam 6, 6-7], cuán-to más yo, mujer pobre y débil…

—Me alegra tu humilde temor y veo el amor ardiente a tu Madre del Cielo que te habla; trae y pon en mi mano derecha tu cordón y tú con la otra extremidad toca mis pies.
Temblando de júbilo, de amor y reverencia, la religiosa hizo lo que María Santísima le ordenaba, y ésta prosiguió:

—Aquí tienes, hija mía, la medida de tu Madre del Cielo; entrégala a mi siervo Francisco del Castillo, explicándole mis facciones y mi postura. Él trabajará exteriormente mi imagen porque es de conciencia delicada y observa escrupulosamente los Mandamientos de Dios y de la Iglesia; ningún otro escultor será digno de esta gracia. Tú ayúdalo con tus oraciones y con tu humilde sufrimiento.

“Recurriendo a mí, aplacarán la ira divina”

En otra aparición, en la misma hora de las anteriores, es decir, poco después de las doce campanadas de la medianoche, la Virgen Madre de Dios prenunció una época calamitosa para la Iglesia en Ecuador, tiempos en los que casi no se encontraría inocencia en los niños, ni pudor en las mujeres, y añadió:

—Con todo esto sufrirán tus sucesoras; ellas aplacarán la ira divina recurriendo a mí bajo la advocación del Buen Suceso, cuya imagen pido y mando que hagas ejecutar para consuelo y sustento de mi monasterio y de los fieles de ese tiempo. Esta devoción será el pararrayo colocado entre la justicia divina y el mundo prevaricador. Hoy mismo, cuando amanezca, irás a hablar con el obispo y le dirás que yo te pido que mandes esculpir mi imagen para que sea colocada a la cabeza de mi comunidad, a fin de tomar posesión completa de aquello que por tantos títulos me pertenece. Él deberá consagrar mi imagen con el sagrado óleo y le pondrá el nombre de María del Buen Suceso de la Purificación o Candelaria.

E insistió:

—Ahora es preciso que mandes ejecutar con presteza mi santa imagen, tal cual me ves, y te apresures a colocarla en el lugar que te indiqué.

“La perfección de la obra corre por mi cuenta”

La humilde religiosa repitió la misma tímida objeción que había hecho cinco años antes:

—Bella Señora y Madre querida de mi alma, la imperceptible hormiguita que tenéis ante vuestra presencia, no podrá referir al artista ninguna de vuestras bellas facciones, vuestra hermosura, ni vuestra estatura; no tengo palabras para explicarlo, y no hay nadie en la tierra capaz de hacer la obra que me solicitáis.

—Nada de esto te preocupe, hija querida. La perfección de la obra corre por mi cuenta. Gabriel, Miguel y Rafael tomarán a su cargo secretamente la fabricación de mi imagen. Deberás llamar a Francisco del Castillo, que entiende de arte, para darle una sucinta descripción de mis facciones, exactamente como me viste, pues con esta finalidad me aparecí tantas veces a ti.

Y por segunda vez la Virgen Santa le ordenó que midiera su altura:

—En cuanto a mi estatura, trae acá el cordón que te ciñe y mídeme sin temor, pues a una Madre como yo le agrada la confianza respetuosa y la humildad de sus hijas.

—Reina del Cielo y Madre querida, aquí tienes la cuerda para mediros. ¿Quién la sostendrá en vuestra hermosa frente, adornada por esa linda corona, con la que la Santísima Trinidad os coronó? Yo no me atrevo, ni podría alcanzar vuestra altura por mi pequeña estatura.

—Hija querida, pon en mis manos una de las puntas de tu cuerda y yo la colocaré en mi frente, y tú aplicarás la otra a mi pie derecho.

Nuestra Señora tomó una de las extremidades del cordón y la puso en su frente, dejando a la extasiada monja que hiciera otro tanto en el pie derecho. El cordón era un poco corto, pero se estiró milagrosamente, como elástico, hasta alcanzar la estatura de la celestial Dama.

Sor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador

Sor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador

Facciones semejantes a las de la Madre que está en el Cielo

“Hoy mismo, cuando amanezca, irás a hablar con el obispo”, le había mandado la Virgen Santísima a la Madre Mariana. No obstante, previendo diversos obstáculos iba atrasando el cumplimiento de la orden recibida. Doce días después se le apareció de nuevo, resplandeciente de luz como siempre, pero esta vez silenciosa y mirándola con amable severidad.

Tras oír una maternal advertencia, seguida de explicaciones que deshicieron todos sus temores, respondió la religiosa:

—Bella Señora, justa es vuestra reprensión. Os pido perdón y misericordia, y prometo enmendarme. Hoy mismo hablaré con el obispo para comenzar la ejecución de vuestra imagen.

De hecho, ese mismo día expuso a Mons. Salvador de Ribera la orden recibida de la Reina del Cielo. Él oyó con atención el relato de la santa priora, puso a prueba su objetividad, por medio de muchas preguntas capciosas, y, por fin, dio su aprobación al proyecto; se comprometió incluso a ayudar en todo lo necesario para su pronta realización.

Entonces la Madre Mariana se apresuró a contratar al escultor Francisco del Castillo:

Sabiendo que usted es ante todo un buen católico y después hábil escultor, quiero confiarle una obra muy especial que requiere un aplicado esmero: esculpir una imagen de la Virgen María, la cual deberá tener facciones celestiales, semejantes a las de Nuestra Madre Santísima que está en el Cielo en cuerpo y alma; yo le daré la medida, pues tendrá la estatura exacta de nuestra celestial Reina.

Francisco del Castillo recibió esa incumbencia como una insigne gracia de Nuestra Señora y rechazó categóricamente cualquier pago por sus servicios. Dedicó varios días buscando en Quito y en los alrededores la mejor madera, y enseguida se puso manos a la obra. Trabajaba con tanto amor, y sentía tamaña consolación que no conseguía contener las lágrimas.

Pronto surgieron bienhechores para las tres importantes piezas de orfebrería: las llaves, la corona y el báculo. A petición de las monjas, el escultor realizó todo el servicio no en su taller, sino en el coro alto del monasterio.

Sor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, EcuadorSor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador
Imagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, EcuadorImagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador
magen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuadormagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador
Imagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, EcuadorImagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador

De su rostro salían rayos de luz

Se había fijado para el día 2 de febrero de 1611 la solemne bendición litúrgica de la imagen sagrada. Tres semanas antes de ese plazo, faltaba solamente un “pequeño” detalle: darle al rostro un colorido digno de la cara de la Santa Virgen de las vírgenes. Decidió el maestro Del Castillo hacer una última pesquisa en busca de las mejores tintas; marchó con ese objetivo, y prometió estar de vuelta el 16 de enero para ejecutar la delicada operación, de lejos la más importante de sus obras.

Grande era la expectativa de las religiosas cuando, al amanecer del día 16 se dirigían a la capilla para, como de costumbre, alabar a Nuestra Señora con el canto del Pequeño Oficio. Al acercarse al coro alto comenzaron a escuchar melodiosas armonías que las dejaron llenas de emoción. Entraron presurosas y… ¡oh prodigio!, una luz celestial inundaba todo el recinto, en el cual resonaban arrebatadoras voces de ángeles que cantaban el himno Salve Sancta Parens (Dios te Salve, Santa Madre).

Entonces se dieron cuenta del portentoso hecho: la imagen estaba milagrosamente concluida.

Desbordantes de admiración, contemplaban aquel celestial rostro, del que salían rayos de luz que iluminaban toda la iglesia. Aureolada por esa luz vivísima, la fisonomía de la santa imagen se mostraba majestuosa, serena, dulce, amable y atrayente, como invitando a sus hijas a que se acercaran con confianza a darle un filial abrazo de júbilo y de bienvenida. El semblante del Niño Jesús expresaba amor y ternura para con aquellas esposas suyas tan amadas por Él y por su Madre. Ese día todas progresaron en la vida espiritual, y comprendiendo mejor su propia vocación, pasaban a amar más y más a su divino Esposo y se empeñaban en el cumplimiento exacto de la Regla y de las obligaciones particulares.

Autor: Padre Ricardo del Campo, EP

Comentarios

San José

"El señor buscó un hombre según su corazón". Y este hombre fue San José.
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email
Compartir en print

marzo 19, 2022

Desde toda la eternidad, cuando la Encarnación del Verbo fue determinada por la Santísima Trinidad, Dios Padre quiso que la llegada de su Hijo al mundo fuese revestida con la suprema pulcritud que conviene a un Dios.

El Señor buscó un hombre según su corazón.

A pesar de los aspectos de pobreza y humildad con los cuales habría de mostrarse, Él debería nacer de una Virgen concebida sin pecado original, reuniendo en sí las alegrías de la maternidad y la flor de la virginidad.

Pero era indispensable la presencia de alguien capaz de asumir la figura de padre delante el Verbo de Dios hecho hombre. Para eso, bien podemos aplicar las palabras dichas por la Escritura sobre el Rey David:

«El señor buscó un hombre según su corazón». Y este hombre fue San José.

Grandeza de alma mayor que la de los Antiguos Patriarcas.

Para formarnos una idea de quién fue San José, precisamos considerar que él fue esposo de Nuestra Señora y padre adoptivo del niño Jesús.

El esposo debe ser proporcional a la esposa. Ahora, ¿quién es Nuestra Señora? Ella es, de lejos, la más perfecta de todas las criaturas, la obra-prima del Altísimo.

Si sumamos las virtudes de todos los ángeles, de todos los santos y todos los hombres hasta el fin del mundo, no tendremos siquiera una pálida idea de la sublime perfección de la Madre de Dios.

El hombre escogido para ser el esposo de esa excelsa criatura debía poseer una virtud mayor que la de los antiguos patriarcas.

¡Es la grandeza de alma que debía tener el Esposo de la Madre de Dios!

Imagen de Dios Padre a los ojos del Hijo de Dios

¡Su misión, como padre del Niño Jesús, consistió en ser la imagen de Dios Padre a los ojos del propio Hijo de Dios! En la simplicidad de la vida cotidiana, San José ejercía como jefe de la Sagrada Familia, una verdadera autoridad sobre el Hijo de Dios.

¿Quién respondería a las preguntas de Dios? Esta gracia solo fue concedida a San José, varón humilde y puro.

Imaginemos el Niño Jesús parado delante de él e indagando cómo hacer tal cosa. ¡Y San José, mera criatura, consciente de que es Dios quien pregunta, da el consejo!

Consideremos a San José como modelo de castidad y de fuerza; un varón de santidad inimaginable, en el cual Dios reunió, como en un sol, todo cuanto los demás santos juntos tienen de luz y esplendor.

Todas las glorias se acumularon en este varón incomparable.

¡Id a José!

Hubo, también, en el Antiguo Testamento un personaje llamado José, hijo del Patriarca Jacob que llegó a ser vice-rey de Egipto.

En tiempos de hambre, el Faraón mandaba a los egipcios dirigirse al sabio José para que él distribuyese los alimentos, diciéndoles: ¡»Id a José»!

De la misma manera, podemos oír la voz de Dios que nos dice durante nuestras dificultades: ¡»Id a José»!

Así como José fue vice-rey de Egipto y el más importante del reino después del Faraón, Dios constituyó a San José, vice-rey de la Iglesia, quiere decir, señor y cabeza de su casa, custodio y administrador de todos sus bienes.

¿Quién podrá calcular el poder de intercesión de San José junto a María Santísima y a su Divino Hijo? Su patrocinio y poder de intercesión son superiores a los de todos los demás santos, sin duda alguna.

San José todo puede delante del Divino Redentor.

Ciertamente, Jesús, que le fue sumiso durante su vida terrena, seguirá siéndole obediente por toda la eternidad…

¡Imploremos, pues, siempre, su poderosa intercesión!

Hna. Cíntia Louback, EP

Historia y Creación

Transmitida y respetada de generación en generación, la “Ley de pureza” promulgada en 1516 se convirtió en una condición indispensable para la preparación de una cerveza arquetípica.
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email
Compartir en print

septiembre 12, 2021

Una de las características más curiosas de las cosas denominadas modernas es que después de algunos años -si no meses o días- dejan de ser modernas… Tras una existencia agitada y efímera, acaban por ser descartadas u olvidadas casi con tanto ímpetu como fueron aceptadas. Así, mucho de lo que hace cincuenta años era considerado la fina punta de la modernidad hoy es calificado de retrógrado. Retrógrado, nótese, y no antiguo, porque lo antiguo posee valores perennes que el tiempo no logra destruir.

Lo simple y lo perenne.

No faltan, sin embargo, en nuestro entorno, ejemplos de cosas que permanecen tras haber sido acrisoladas por el paso de los siglos. Suelen ser confiables, estables y, sobre todo, simples. Dispensando adornos superfluos, poseen características propias que se sitúan por encima de los aspectos meramente utilitarios.

Consideremos, a título de ejemplo, ciertas construcciones romanas, en particular algunos puentes. Son simples, robustos y venerables en su longeva autenticidad. Tras haber enfrentado guerras y tormentas durante decenas de siglos, continúan en pie con envidiable solidez, soportando altaneros el peso y las vibraciones de los actuales vehículos a motor, inimaginables para los ciudadanos del Imperio.

Esta relación entre lo simple y lo perenne no es fortuita, sino un reflejo del Ser por excelencia, que Santo Tomás de Aquino define en la Suma Teológica como «absolutamente simple».1

Estas consideraciones nos vienen al espíritu a propósito de un hecho sin vínculo aparente con ellos: la fabricación de la cerveza.

Un país con tradición cervecera.

El surgimiento de esta bebida parece haber ocurrido de forma concomitante en varias partes del mundo antiguo. Se encuentran vestigios de su preparación en la antigua Mesopotamia y en Egipto. Los romanos la llamaban cerevisia y los celtas korma. En la Edad Media existían distintos tipos con un contenido alcohólico bastante bajo, incluso apto para los niños.

Hoy, es una de las bebidas más consumidas en el mundo y forma parte de la cultura de muchos pueblos. Pero en pocos se fundió de mane ra más íntima y armónica con la sociedad y sus tradiciones como en el mundo germánico, más específicamente en Baviera. Una bebida para todas las edades y clases sociales, era elaborada para niños, adultos y ancianos, campesinos, estadistas, nobles y clérigos.

Las abadías y conventos de la región solían fabricar cerveza para consumo propio, variando la forma de preparación según las diversas temporadas del año. Así, por ejemplo, la Paulaner Salvator era hecha por la Orden de los Mínimos -Paulaner Orden, en alemán- con vistas al ayuno de los monjes durante la octava de la fiesta del fundador. Como esta bebida, aunque muy nutritiva, no rompía el precepto, su consumo ayudaba a sustentar a los religiosos en los períodos de penitencia.

Muchos monasterios benedictinos también producían su propia cerveza, y no sólo para su consumo. La abadía de Weltenburg, situada en las márgenes bávaras del Danubio, es la que posee la destilería más antigua, fundada en 1050. Desde entonces viene produciendo ininterrumpidamente la misma variedad de cerveza, y transcurrido un milenio su calidad, sin duda, no defrauda, porque consta que se ha servido regularmente en la mesa de Benedicto XVI.

El Decreto de pureza de 1516.

Ahora bien, para producir una cerveza como la de Weltenburg, los ingredientes no podían ser más simples: lúpulo, malta de cebada y agua.2 Casi cinco siglos después, esos tres elementos fueron sancionados en un decreto promulgado el 23 de abril de 1516 por el duque Guillermo IV de Baviera: el Reinheitsgebot o «ley de pureza». Además de estipular los precios del líquido dorado entre las fiestas de San Jorge y de San Miguel, el decreto prescribe:

«Es nuestro deseo enfatizar que en el futuro, en todas las ciudades, mercados y en el campo, los únicos ingredientes usados para la elaboración de cerveza deberán ser cebada, lúpulo y agua. Quienquiera que conociéndola no obedeciera o ignorara esta ordenanza, será castigado por las autoridades, confiscando dichos barriles de cerveza, sin falta».

La simplicidad y candidez de este dispositivo legal no podía dejar de llamar la atención en nuestros días, tan pródigos en conservantes, estabilizantes, colorantes, espesantes, acidulantes, aromas artificiales y demás aditivos, usados a veces en tales proporciones que hacen difícil distinguir el sabor real de lo que está siendo degustado.

Transmitido y respetado de generación en generación, el procedimiento de fabricación de la cerveza alemana, muchas veces artesanal, se ha impuesto a lo largo de los tiempos como condición indispensable para la preparación de una cerveza arquetípica. Hasta el punto de que muchos embalajes ostentan con orgullo la indicación. «Fabricado de acuerdo con la Ley de pureza de 1516».

Patrimonio de la humanidad.

Al final del año pasado, la Asociación de Cerveceras de Alemania pidió a la UNESCO el reconocimiento de la cerveza así fabricada como patrimonio de la humanidad. La decisión podrá ser tomada en el 2016, cuando se conmemorará el V Centenario de la promulgación del mencionado decreto.

Algunos productores, incluso alemanes, han objetado que dicha ley condena a la inmovilidad algo que podía ser perfeccionado. En suma: es retrógrada. Pero basta analizar la cuestión con un poco de imparcialidad para constatar cómo está errado ese posicionamiento. Actualmente existen, por ejemplo, en Bélgica, excelentes cervezas hechas según otros métodos que añaden ingredientes tan poco ortodoxos como la cereza.

No se trata de prohibir las mejoras, sino de proteger de la vorágine moderna una tradición venerable que, se quiera o no, está en la esencia de una de las bebidas más populares de nuestros días.

P. Antonio Jakoš Ilija, EP

Notas:

1 SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. I, q.3, a.7.
2 Cabe destacar que la levadura de cerveza no era conocida en esa época.

Misiones

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email
Compartir en print

abril 5, 2022

Los Caballeros de la Virgen organizaron un Encuentro de jóvenes en Riobamba por ocasión del feriado de Carnaval en la Casa de Retiros del Instituto de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada

El objetivo de este encuentro se basó en ayudar a los jóvenes en su formación espiritual, a  que aprendan a seguir el camino de la virtud, a practicar el bien y rechazar el mal y las tentaciones, pidiendo la ayuda y auxilio de la Santísima Virgen.

Siempre en un ambiente de alegría y respeto, los jóvenes participaron de varias actividades como: Eucaristías, Charlas, Rosario procesional, Juegos y una excursión a la montaña.

Uno de los momentos más especiales fue en la ceremonia de cierre y clausura del Encuentro. Se preparó un homenaje a la Santísima Virgen y se entregaron como recuerdo un bonito cuadro de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los brazos.

Así se vivieron estos días inolvidables que lo recordaran con el pasar de los años. 

Destacados, Oraciones

Nuestra Señora, que siempre oye las súplicas confiadas de sus hijos, ella misma se le aparece en persona entregándole una bolsa de llena de monedas.
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email
Compartir en print

mayo 21, 2022

Historia de la devoción a Nuestra Señora del Buen Remedio

Hacia finales del siglo XII, el número de cristianos que eran prisioneros y esclavizados por los moros era enorme y Dios, en su Providencia Divina quiso que se fundara una orden religiosa cuyos miembros se  entregaran a rescatar a aquellos cautivos.

Para llevar a cabo esta noble misión, eran necesarias grandes sumas de dinero. Con este objetivo, hacia el año de 1193, San Juan de Mata y San Félix de Valois, fundan en Francia la Orden de la Santísima Trinidad poniéndola bajo la protección de la Santísima Virgen.

Cuenta la tradición de la Orden Trinitaria, que viéndose San Juan de Mata en graves apuros económicos para el rescate de cautivos, acudió al auxilio de la Madre de Dios. Y Nuestra Señora, que siempre oye las súplicas confiadas de sus hijos, ella misma se le aparece en persona entregándole una bolsa de llena de monedas, con las que San Juan de Mata pudo comprar millares de cautivos y luego darles la libertad en tierras cristianas.

Como señal de gratitud, pasaron a honrar a la Madre de Dios bajo el título de Nuestra Señora del Buen Remedio. Desde entonces, incontables fieles piden a la Madre del Buen Remedio ayuda de modo especial en sus necesidades económicas.

Nuestra Señora del Buen Remedio

Novena a Nuestra Señora del Buen Remedio

Oh Reina del Cielo y de la Tierra, Santísima Virgen, nosotros te veneramos, Vos sois la Hija Bien Amada del Dios Altísimo, la Madre elegida por el Verbo Encarnado, la Inmaculada Esposa del Espíritu Santo, el Sagrado Vaso de la Altísima Trinidad.

Oh Madre del Divino Redentor, que, bajo el titulo de Nuestra Señora del Buen Remedio vienes en ayuda de todos los que te llaman, extended a nosotros vuestra protección maternal. Dependemos de Vos, Oh querida Madre, como hijos sin ayuda y necesitados dependen de madre tierna y cuidadosa.

Dios te salve María…

Nuestra Señora del Buen Remedio, fuente de ayuda inefable, permitid que podamos retirar de vuestro tesoro de gracias, en nuestro tiempo de necesidad, todo lo que necesitamos. Tocad los corazones de los pecadores, a fin de que puedan buscar la reconciliación y el perdón.

Confortad a los afligidos y a los solitarios, ayudad a los pobres y a los que perdieron la esperanza; ayudad a los enfermos y a los que sufren. Puedan ellos ser curados del cuerpo y alma, y fortalecidos en espíritu para soportar sus sufrimientos con paciente resignación y fortaleza cristiana.

Dios te salve María…

Querida Señora del Buen Remedio, fuente de ayuda infalible, vuestro Corazón compasivo conoce el remedio para toda aflicción y miseria que encontramos en la vida. Ayudadnos con vuestras oraciones e intersección a encontrar remedio para nuestros problemas y necesidades, especialmente para…

(Colocar aquí la intención).

De Nuestra parte, Oh amorosa Madre, nosotros nos comprometemos a un estilo de vida más intensamente cristiano, a una observancia más cuidadosa de las leyes de Dios, a ser más conscientes en cumplir las obligaciones de nuestro estado de vida, y a esforzarnos para ser instrumentos de salvación en este mundo arruinado.

Querida Señora del Buen Remedio, estéis siempre presente junto a nosotros, y a través de vuestra intersección, podamos gozar de salud de cuerpo, de paz de espíritu y crecer en la Fe y en el amor a vuestro Hijo Jesús.

Dios te salve María…

Rogad por nosotros, Oh Madre del Buen Remedio.

Para que podamos profundizar nuestra dedicación a vuestro Hijo, y reavivar en el mundo su Espíritu.

 

Oración

Oh Dios que por medio de la Virgen María ofreciste el remedio a los hombres, concédenos experimentar su patrocinio en todas las necesidades, y alcanzar los gozos eternos. Por Cristo Nuestro Señor.
Amén.

Los Caballeros de la Virgen, constituyen una Asociación Internacional de Derecho Pontificio fundada por Monseñor João Clá Dias, EP.
Si desea contactarse con nosotros, envíenos un mensaje.