Historia y Creación

El Órgano de la catedral de Notre Dame

El órgano tiene la virtud de expresar, aquí en la tierra, las melodías del Paraíso.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email
Share on print

septiembre 12, 2021

La voz humana tiene extraordinaria capacidad de expresar las disposiciones interiores de quien la posee. Así, el grito atronador de un general transmite la fuerza y la valentía que deben caracterizar a un buen comandante e inculca ánimo en los soldados que lo siguen; mientras que en la manera de hablar de una madre transparece los torrentes de afecto que emanan de su corazón, tanto si es para corregir a su hijo como para acariciarlo.

Ahora, ¿qué decir de alguien que tuviera más de cien registros para expresar los diferentes imponderables que pueblan su espíritu, con matices propios a representar cada estado de alma?

Pues bien, el Espíritu Santo, deseoso de aproximar a los hombres a las realidades celestiales, inspiró al ingenio humano la creación de un instrumento musical capaz de hacer resonar la rica y matizada voz de la Santa Iglesia. Conteniendo en sí distintos timbres que permiten un sinfín de armonías y combinaciones de sonidos, el órgano tiene la virtud de expresar, aquí en la tierra, las melodías del Paraíso.

¿Cómo nació ese instrumento? ¿Cuándo fue incorporado a las celebraciones litúrgicas?

Cómo se empezó a utilizar el órgano en la liturgia.

En los primeros tiempos de la Iglesia el uso de instrumentos musicales en la liturgia era visto con reserva, debido a su utilización en los eventos profanos o idolátricos, y lo mismo pasaba con el órgano.

No obstante, en el siglo VII el Papa Vitaliano autorizó el uso de este instrumento en las ceremonias religiosas y en el año 757 el envío de un primitivo órgano al rey Pepino el Breve, de parte del emperador Constantino V, marcó un giro en los acontecimientos. El regalo del monarca bizantino permaneció en la capilla dedicada a San Cornelio, que el rey de los francos, padre de Carlomagno, poseía en Compiègne y cuyo hito los cronistas carolingios lo dejaron bien registrado.

En el siglo siguiente la presencia de órganos ya era común en los templos católicos y en los monasterios.1 Y con el paso del tiempo este instrumento se convirtió en el acompañamiento natural de los cantos litúrgicos. Todas las catedrales y las iglesias de cierto porte empezaron a tener al menos uno.

Hoy día, por la falta de tiempo o de recursos para instalar tan complejo instrumento, se recurre a un teclado electrónico que recree, lo más fielmente posible, el timbre y el ambiente del órgano tradicional.

La «suma de las edades» aplicada a un instrumento.

En el desarrollo humano ocurre un fenómeno curioso, denominado por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira como la «suma de las edades».2 Cada fase de la vida del hombre tiene características propias y, cuando alguien se desarrolla en armonía con la inocencia, no pierde los aspectos buenos de la edad anterior, sino que los suma a la próxima etapa. Así, con el paso de los años el individuo construye un andamiaje de conocimientos y virtudes que marcan definitivamente su personalidad y la hacen capaz de transmitir a sus semejantes el fruto de esa madurez espiritual. 

Esa expresión del Dr. Plino puede ser aplicada, mutatis mutandis, a uno de los órganos más grandes y famosos de la cristiandad, considerado «el más importante de Francia y, sin duda, el más célebre del mundo»3: el de la catedral de Notre Dame de París.

En el transcurso de los siglos ha ido siendo perfeccionado y ampliado sin perder lo que anteriormente había recibido de bueno, hasta alcanzar una elevada cima en el cumplimiento de su misión: embellecer las ceremonias litúrgicas y ayudar a transmitir las realidades sobrenaturales en el interior de la catedral.

Siglos de crecientes mejoras.

La vida del gran órgano comenzó en el siglo XV. Habiendo recibido del duque de Berry una generosa donación, los canónigos se lo encargaron al fabricante Frédéric Schambantz, en sustitución del anterior, construido en el siglo XIII, que era demasiado pequeño para cubrir las necesidades de la majestuosa catedral.

El 25 de octubre de 1403 finalizó su instalación en lo alto de una tribuna de piedra, encima de la gran puerta oeste. Comprendía aproximadamente seiscientos tubos, así como un teclado con cuarenta y seis notas y un pedalero.

Las atribuciones del nuevo organista, Henri de Saxe, eran precisas: debía garantizar la conservación del instrumento y tocar en veintitrés fiestas durante el año, además de participar en algunos eventos excepcionales, como la coronación del rey Enrique VI, realizada en Notre Dame en 1431.

En 1415 empezaron las primeras reparaciones, que consistieron en la limpieza, revisión y ajuste del instrumento. Frecuentemente, tal mantenimiento era combinado con pequeñas modificaciones por parte de los organeros convocados para dicho fin. Así procedieron Jean Robelin y Nicolás Dabenet en 1463 y 1564, respectivamente.

A principios del siglo XVII, el surgimiento del órgano flamenco, que poseía dos teclados y registros separados, convirtió a su congénere medieval en un instrumento arcaico. Por eso, Valéran de Héman añadió al de Notre Dame un nuevo positivo que duplicaba sus capacidades. Así renovado, fue entregado en 1610, en presencia del nuevo organista titular, Charles Thibault.

En posteriores reformas, hechas sobre todo por el propio Héman y por Alexandre Thierry, fabricante de órganos del rey, el gran órgano de Notre Dame fue ampliado a tres y cuatro teclados, de los cuales el primero, que se remontaba aún al período medieval, fue enriquecido con nuevos registros.

Los vientos de la Ilustración soplan sobre París.

En el siglo XVIII, estando París bajo el aliento de una nueva filosofía, la arquitectura de la catedral sufrió significativos cambios cuyo objetivo era adecuarlos a los vientos de la época.

«Francia había entrado en el siglo de las luces; el coro de la catedral se rehízo en estilo barroco, los arcos de la nave son ocultados por grandes cuadros —los “Mays”—, ofrecidos cada año por la corporación de orfebres, y el capítulo se apresuraba a romper todos los vitrales de la parte superior de la nave para reemplazarlos por vidrieras con rombos blancos: las últimas reminiscencias del estilo medieval debían desaparecer».4

En este contexto, el nuevo organista titular, Antoine Calvière, consiguió que se reconstruyera completamente el instrumento, cuyo trabajo se confió al célebre François Thierry. En lo alto se puso, escondiendo una parte del rosetón, un gran aparador a la moda del tiempo, en estilo Luis XV, y la tribuna fue cerrada por una balaustrada de hierro forjado con adornos en oro. En 1733 el órgano de François Thierry tenía cinco teclados de cincuenta notas y cuarenta y siete registros, siendo considerado durante mucho tiempo el órgano clásico francés más completo.

Al cabo de cincuenta años, el organero François-Henri Clicquot fue llamado a trabajar en el instrumento, que se encontraba bastante deteriorado. Clicquot decidió hacer una expansión general: alargó el aparador, amplió el número de registros y añadió un positif de dos.5

El resultado de esta profunda remodelación fue entregado el 5 de mayo de 1788.

Amenazado, pero no destruido, por la Revolución.

Organo

Durante la Revolución francesa el gran órgano corría el riesgo de ser destruido o vendido, pero la Providencia divina, agradada con sus celestiales armonías, decidió salvar este tan importante elemento del patrimonio histórico simbólico de la Hija Primogénita de la Iglesia.

La catedral de Notre Dame fue profanada y transformada en «templo de la razón», pero el grandioso instrumento permaneció de pie.

Tan sólo algunos ornamentos que recordaban a la monarquía y las flores de lis presentes en la base de las columnas del aparador fueron arrancadas a golpes de hacha.

En el año de 1794, el ciudadano Godinot convocó a algunos organistas para que tocaran el instrumento a fin de evitar su deterioro y uno de ellos, el ciudadano Desprez, afirmó: «La mezcla de registros produce diferentes efectos, cada uno más hermoso que el otro, y forma una orquesta que bien puede servir para acompañar nuestros cantos cívicos, prendiendo los sentimientos de los verdaderos republicanos y también la cólera que le reservamos a los tiranos».6 Por increíble que parezca, ese discurso salvó momentáneamente al instrumento de los ataques revolucionarios…

En marzo de 1795 una nueva amenaza flotaba sobre él. La Convención Nacional exigía la venta de los órganos existentes en las iglesias que pertenecía a la República y en agosto del mismo año el gran órgano de Notre Dame era analizado con ese fin por la comisión temporaria de artes. Sin embargo, ésta lo incluyó en la categoría de los que deberían ser conservados por su enorme importancia.

En la sencillez de esos episodios, se ve claramente la mano de la Providencia protegiendo uno de sus amados tesoros terrenos.

La reforma de Viollet-le-Duc y Cavaillé-Coll.

Habiendo resistido a la tempestad de la Revolución francesa, el gran órgano continúa su historia, singlando ahora el período del Romanticismo.

En 1847, cuando Eugène Viollet-le-Duc7 comenzaba las obras de restauración de la catedral, Eugène Sergent era nombrado organista titular. En esa ocasión, no obstante, el polvo en los tubos, el desgaste del mecanismo, la alimentación defectuosa, la lluvia y el viento que entraban por las ventanas habían inutilizado el valioso instrumento.

A petición de Viollet-le-Duc, Aristide Cavaillé-Coll hizo en 1860 un análisis general del estado en que se encontraba. Y como los gastos en los trabajos de arquitectura absorbían casi todo el montante disponible, Viollet-le-Duc le pidió que lo restaurara usando al máximo el material existente. Se trataba de contar con un instrumento digno de una catedral, pero sin lujos innecesarios.

Rechazado por Viollet-le-Duc su proyecto original, en el que el gabinete del positif de dos se mantenía, Cavaillé-Coll optó por diseñar un «órgano revolucionario»8 que rehacía completamente, según su propia concepción, la disposición interna del instrumento.

El gran órgano de Notre Dame pasó a contar con ochenta y seis registros, repartidos en cinco teclados de cincuenta y seis notas y un pedalero de treinta notas. La conclusión de la obra se dio en diciembre de 1867, permitiendo que el órgano fuera tocado la noche de Navidad, pero su inauguración sólo ocurrió el 6 de marzo de 1868.

En la ocasión Mons. Georges Darboy, arzobispo de París, bendijo el nuevo instrumento, mientras un miembro del coro lo aspergía con agua bendita desde lo alto de la tribuna. Varios organistas famosos estaban presentes.

Configuración del órgano contemporáneo.

Una restauración concluida en 1992 incorporó elementos electrónicos al gran órgano. Fue bendecido por el cardenal Jean-Marie Lustigier, arzobispo de París, e inaugurado en diciembre. Se organizó una serie de conciertos, que congregarían a 50 000 personas en el período de una semana.

Las añadiduras que modernizaron la «voz» de Notre Dame no le hicieron perder su nobleza y originalidad. Las bendiciones que marcaron siglos de ceremonias cargadas por la tradición lo impregnaron de tal manera que sus tubos, ahora mecanizados e informatizados, continuaban haciendo resonar su sonido casi angélico en el interior de la histórica catedral.

Por fin, para celebrar el Jubileo de Notre Dame de París, en su 850 aniversario, en 2012 pasó por una renovación de su sistema de transmisión y una limpieza general de sus 7952 tubos, número más de diez veces superior a aquel con el cual había sido fabricado.

Signo de predilección por la hija primogénita de la Iglesia.

El gran órgano de Notre Dame es pieza esencial en la vida litúrgica de la célebre catedral. Testigo de siglos de Historia, elemento destacado del patrimonio religioso-cultural del pueblo francés, fue salvado por la Providencia de las catástrofes que la propia catedral tuvo que sufrir. Y ni siquiera las llamas del incendio que recientemente la azotó alcanzaron su estructura.

¿Tal preservación no será un signo de predilección de Dios por Francia, hija primogénita de la Iglesia, a la cual, por así decirlo, él sirve de grandiosa y matizada voz?

El tiempo lo dirá. Pero una cosa es segura: aunque en ciertos momentos la Iglesia parezca que es alcanzada por las peores catástrofes, nunca podrá ser muerta, vencida y ni siquiera silenciada. En la hora en que menos se espera, su voz resurge gloriosa gritando la Verdad por los cuatro rincones de la tierra.

Hno. Jiordano Gabriel Carraro

Notas


1 Cf. RIGHETTI, Mario. Manuale di Storia Liturgica. 3.ª ed. Milano: Àncora, 2005, v. I, p. 695.

2 Cf. CLÁ DIAS, EP, João Scognamiglio. El don de la sabiduría en la mente, vida y obra de Plinio Corrêa de Oliveira. Cittá del Vaticano-Lima: LEV; Heraldos del Evangelio, 2017, v. V, pp. 18-19.

3 LEFEBVRE, Philippe. Les orgues. In: VINGT-TROIS, André (Dir.). La grâce d’une cathédrale. Notre-Dame de Paris. Strasbourg-Paris: La Nuée Bleue; Place des Victoires, 2012, p. 449. Las informaciones históricas sobre el gran órgano contenidas en el presente artículo fueron sacadas de esta obra.

4 LEFEBVRE, op. cit., p. 451.

5 Literalmente: «positivo de espalda». Un órgano de reducidas dimensiones, réplica de los principales registros del órgano mayor, que en el período del barroco constituía un instrumento independiente de éste, situado a la espalda del organista.

6 Ídem, p. 452.

7 Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879), arquitecto, restaurador e historiador francés del siglo XIX, dedicado especialmente a la arquitectura medieval. Reformó numerosos edificios de Francia, pero sobre todo fue célebre por su trabajo en la catedral de Notre Dame de París, donde, junto con Jean-Baptiste-Antoine Lassus, procuró recuperar con la máxima fidelidad el estilo original del templo.

8 LEFEBVRE, op. cit., p. 453.

Comentarios

Espiritualidad

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email
Share on print

septiembre 9, 2021

Plinio Corrêa de Oliveira: El 3 de octubre se cumplen ya 25 años de su deceso, su figura es cada vez más mencionada, y por qué no decirlo, cada vez más reverenciada.

A esto ha contribuido poderosamente la biografía en cinco tomos escrita por Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, titulada “El don de la sabiduría en la mente, vida y obra de Plinio Corrêa de Oliveira”, editada por la Libreria Editrice Vaticana y que continúa su difusión en los más variados ambientes.

Su vida contada por quien convivió 40 años de cerca.

Mons. João no escribió esta obra como un mero estudioso admirativo que se vuelca sobre los hechos de una figura de relieve, sino que lo hace desde la autoridad de quien convivió por cerca de 40 años con aquel que apunta como su guía, inspirador y maestro.

El 13 de diciembre de 1908 nacía Plinio Corrêa de Oliveira, en San Pablo, Brasil, hijo de familias ilustres de Pernambuco y San Pablo.

Comienza el recorrido de la vida del Dr. Plinio con un primer tomo que Mons. João titula ‘Inocencia, el inicio de la Sabiduría’, mostrando cómo el alma del Dr. Plinio mantuvo inmaculada la candidez de los primeros años, acrecida con la fidelidad a las gracias del bautismo, además de un fuerte surto de gracias de orden místico.

En el tomo dos Mons. João recorre sus años de hombre joven, que lucha por acrisolar la fidelidad a la visión primera, que se convierte con asombrosa rapidez en uno de los mayores líderes católicos de su país, que es elegido como el diputado más joven y más votado del Brasil en la Constituyente de 1934, y que comienza a reunir en torno de sí a quienes constituirían el núcleo de su principal fundación, la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad.

Pero la biografía de Mons. João Clá no es un mero recuento de las muchas realizaciones del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, sino que los acontecimientos, batallas, victorias y fracasos van dando pie a que el autor desvende el caminar espiritual y las gigantescas riquezas de alma de aquel que la Providencia había destinado a una grandísima misión, que el fundador de los Heraldos del Evangelio no duda en calificar de profética.

Una vida marcada por el sacrificio

Asimismo Mons. João no duda en introducirse con veneración, respeto y agradecimiento en los muchos sufrimientos que el Dr. Plinio cargó sobre sus hombros, particularmente aquellos que le causaron sus hijos más cercanos, que en un momento determinado de su vida lo movieron a ofrecerse a la Virgen como víctima expiatoria, ofrecimiento que fue aceptado por la Providencia en terrible accidente automovilístico sufrido en el año de 1975, del que tuvo secuelas hasta su muerte.

Al poner de relieve estos sacrificios y cruces, cumple Mons. João una explícita indicación dada por el Dr. Plinio en vida, para quien quisiera abordar su biografía.

Mons. João describe el surgimiento de diversas instituciones en el seno de la obra del Dr. Plinio como la reunión del “MNF”, donde exponía su visión del Orden del Universo.

La “Reunión de Recortes” donde con base en el noticiario nacional e internacional hacía un diagnóstico de la lucha entre las fuerzas de la Revolución y la Contra-Revolución en el mundo y realizaba cumplidas previsiones.

Los “Santos del Día” en los que el Dr. Plinio formaba en los más diversos campos a sus seguidores más jóvenes y no solo; y las demás reuniones que se fueron constituyendo al interior de su comunidad.

Mons. João narra también la génesis, hace el resumen y cuenta las repercusiones de sus más importantes obras escritas, desde la configuración del periódico ‘El Legionario’, que llegó a tener la mitad del tiraje del mayor medio escrito del Brasil, pasando por “En Defensa de la Acción Católica”, que se constituyó un tremendo golpe a la infiltración y propagación del progresismo de ropaje católico y que le trajo una persecución brutal.

“Reforma Agraria: Cuestión de Conciencia”, que sencillamente evitó que el comunismo se adueñara de América Latina; “Revolución y Contra-Revolución”, verdadero manual sintético de filosofía y teología de la Historia, que explica a quien quiera escuchar cómo se fraguó el proceso de decadencia de la Civilización Cristiana, desde la Edad Media hasta nuestros días, y al mismo tiempo señala los principios que servirán de base para la restauración del Reino de Cristo en la Tierra. Y muchas más.

Narra también su vida de educador, tanto universitario como de secundaria, principalmente de Historia, y cómo sus aulas eran fuente de encanto y sabiduría para todos los que las asistían, quienes conservaron su recuerdo durante toda su vida.

Un hombre sorprendentemente y ricamente original.

El fundador de los Heraldos del Evangelio pone su lupa en sus muchas doctrinas originales, como por ejemplo lo que el Dr. Plinio llamó Revolución Tendencial, que se da a nivel de las pasiones humanas y que prepara las revoluciones de las ideas y de hechos.

Y describe cómo se fue destilando en su espíritu una verdadera nueva escuela espiritual, que al tiempo que ponía en la devoción eucarística y a la Virgen los pilares que la sustentaban, se encaminaba hacia Dios en la contemplación de la Creación, principalmente en las maravillas de este orden, donde se veía el reflejo de Dios, verdadera escalera rumbo al cielo.

Mons. João relata la adaptación que fue haciendo de su estilo a las nuevas generaciones que se iban sucediendo, en las que sabiamente percibió cambios substanciales desde el punto de vista psicológico, y muestra como la escuela espiritual fundada por el Dr. Plinio no solo era enteramente adecuada a esas nuevas realidades, sino que aquellos que quisieran hacer caso omiso de tales cambios, estarían muy probablemente destinados al fracaso en el apostolado.

En ese sentido formuló la muy importante ‘teoría del flash’, que está en la base del apostolado de los Heraldos del Evangelio. A todos los anteriores asuntos – entre varios otros temas – se destinan los tomos tercero y cuarto de la obra de Mons. João Clá sobre el Dr. Plinio.

En el tomo quinto, Mons. João Clá recorre los últimos años de la vida del Dr. Plinio, sus postreras batallas y sus últimos cálices, las plenitudes que iba alcanzando, y de cómo iba terminando de sentar las bases de lo que fue el deseo de toda su vida, la constitución de una orden de caballería que combatiese la revolución en lo que esta tenía de más profundo y fuese sustento, modelo y semilla de un orden humano regido por la doctrina de Cristo, el Reino de María.

Sorprende que a 25 años de su fallecimiento, el interés por sus escritos, su vida, su doctrina, su espiritualidad, no haga sino crecer. Esto también puede ser tomado como una señal de que el cielo desea su ‘inmortalidad’, y que en la profundización en la historia de este hombre se hallará suma fecundidad para iluminar y regar los siglos futuros.

Por Saúl Castiblanco Redacción (02/10/2020 13:18, Gaudium Press)

Ángeles

"No es raro encontrar quien piense que los Santos Ángeles están siempre desocupados, y pasan la eternidad tocando lánguidas arpas, distraídos de todo cuanto les circundan..."
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email
Share on print

septiembre 12, 2021

No es raro encontrar quien piense que los Santos Ángeles están siempre desocupados, y pasan la eternidad tocando lánguidas arpas, distraídos de todo cuanto les circundan… ¡Triste apreciación sobre estos espíritus abrazados de amor a Dios, y repletos de celo por su causa!

Según San Roberto Belarmino, podemos deducir de las Sagradas Escrituras cinco principales oficios que Dios confió a los Santos Ángeles:

El primer oficio.

El primero de ellos, y el más importante de todos, es cantar continuamente alabanzas e himnos al Creador. Eso puede parecer confirmar la teoría que encima condenamos. Sin embargo, nosotros hombres, tantas veces llevados por la agitación y la correría de la vida moderna, no sabemos dar el debido valor a Dios, y por eso menospreciamos el culto que le debemos.

Lejos de ser un acto de aquello que se acostumbra erróneamente llamar de «beaterio», el culto que los Ángeles prestan a su Creador es como una llamarada cuya más minúscula chispa sería suficiente para abrazar el universo. Nos es difícil comprender esa sublime realidad, pero imagina, querido lector, que fueses llamado a cantar un himno de alabanza al Papa.

¿Considerarías eso un acto de «beaterio», o una honra suprema? Así, comprendemos en cuánta estima Dios tiene esa función, a la cual destinó no a los menores, sino a los Ángeles más sublimes.

Oye a Isaías: «Vi al Señor sentado sobre un alto y elevado trono, y las franjas de su vestido llenaban el Templo. Los Serafines estaban por encima del trono; cada uno de ellos tenía seis alas; con dos cubrían su rostro, y con dos cubrían los pies, y con dos volaban. Y clamaban uno para el otro, y decían: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos toda la tierra está llena de su gloria». (Is. 6, 1-3)

«Tú los ves velar el rostro y los pies, lo que es señal de gran respeto, como si no osasen fijar la mirada en el rostro de Dios, ni mostrarles los pies. Tú los ves volar continuamente mientras cantan lo que demuestra su gran amor a Dios y el deseo de aproximarse cada vez más a Él». [1]

Vemos que para agradar al «Señor de los ejércitos» son necesarias esas dos virtudes: el amor y la veneración. A través del cántico los Ángeles manifiestan su caridad; velando respetuosamente el rostro y los pies demuestran respeto, temor y veneración.

«De cuánta veneración Dios es digno, si los supremos Príncipes del Cielo, que siempre lo asisten y siempre ven su rostro, ni por la tan grande elevación de su grado, ni por tan larga convivencia con Él, osan jamás descuidar el temor y la veneración que les deben, mientras cantan sus alabanzas.

«¿Qué responderás tú, polvo y ceniza, cuando en el día del Juicio, fueres acusado de somnolencia, y de distracción en una acción tan divina, a la que no eras digno de ser llamado? Aprende por lo menos para el futuro, instruido por tan insigne ejemplo, a incitarte, a cantar a tu Dios los debidos himnos de alabanzas, con temor y tremor, con atención y vigilancia, con amor y deseo.» [2]

El segundo oficio.

El segundo consiste en presentar a Dios las oraciones de los hombres, y de interceder por ellos. Eso lo certifica claramente la Escritura:

«Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas a los muertos, y dejabas tu cena, yo [San Gabriel] presenté tus oraciones al Señor». (Tob. 12,12)

Y en el libro del Apocalipsis San Juan describe una visión en la cual un Ángel portaba un turíbulo de oro a la espera de incienso, que eran las oraciones de los Santos, a fin de ofrecerlo a Dios. (Cf Ap 8,3)

Que gran gesto de bondad haber Dios establecido tan poderosos intercesores. No satisfecho en enviar Profetas que nos exhortasen, y hasta incluso a su propio Hijo Unigénito para redimirnos, quiso además constituir a los Ángeles como vehículo para hacer llegar al Creador nuestras oraciones.

¿Cuál no debe ser nuestra confianza y abandono en las manos de esos guardianes? No apenas celosos en cumplir este oficio por ser voluntad de Dios, lo hacen por amor a nosotros que somos, en el orden de la gracia, sus hermanos y coherederos de la misma bienaventuranza, destinados a vivir juntos por toda eternidad.

El tercer oficio.

El tercero es el de anunciar a los hombres los asuntos más importantes de Dios, como lo es la redención y la salvación eterna. En efecto así habla el Apóstol en su Epístola a los Hebreos: «¿No son, por ventura, todos ellos (los Ángeles) espíritus administradores, enviados para servir a favor de aquellos que han de heredar la salvación?» (Hb 1,14)

Fue un Ángel que anunció a Zacarías el nacimiento del Precursor: «Yo soy Gabriel, aquel que está delante de Dios, y fui enviado para hablarte y anunciar esta Buena Nueva.» (Lc 1,19) Y a la Virgen María anunció el mayor de todos los acontecimientos habidos en la historia de la humanidad:

«Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; y el nombre de la Virgen era María. Le dijo el ángel: ‘María, no temas, pues encontraste gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al cual pondrás el nombre de Jesús. Él será grande y se llamará Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su padre David, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin’ « . (Lc 1,26-27,30-33)

Podríamos también citar muchos otros episodios: después de la resurrección del Señor, a las mujeres que estaban en el Sepulcro, (Mt 28, 2-5) y después de la Ascensión, a todos sus Discípulos. (At 1, 10-11).

«La razón por la que Dios -que está en todo lugar, y puede por sí mismo hablar fácilmente al corazón de los hombres- quiere todavía mandar Ángeles, es, a lo que parece, para que los hombres sepan que Dios tiene el cuidado de las cosas humanas, y que es para ellos que gobierna y dirige el universo.

«Además de eso, los hombres podrían juzgar fácilmente, a veces, que sus inspiraciones divinas no eran sino sus propios pensamientos, o fruto de su propia imaginación. Pero cuando ven, u oyen que Ángeles son mandados por Dios, y que aquello que esos Ángeles predicen ocurre puntualmente como habían dicho, no pueden dudar de que la Providencia de Dios gobierna las cosas humanas, y dirige y dispone particularmente aquellas que conciernen a la salvación eterna de los electos.» [3]

El cuarto oficio.

El cuarto oficio angélico es el de proteger a los hombres. Eso puede darse individualmente o en conjunto. Dios»confía a sus potentísimos siervos a la debilidad de los mortales, a fin de que cuiden de ellos como los preceptores de los niños, los tutores de sus pupilos, los abogados de sus partes, los pastores de sus ovejas, los médicos de los enfermos, los defensores de sus protegidos, o como los protectores de aquellos que son incapaces de defenderse si no se abrigan debajo de las alas de los poderosos.» [4]

Así lo testifica David cuando dice: «Mandó a sus Ángeles cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.» (Sl 99,11) El propio Cristo, siempre verdadero, lo certifica: «Mirad, no despreciéis alguno de estos pequeñitos, porque yo os digo que sus Ángeles en los Cielos ven siempre el rostro de mi Padre, que está en los Cielos». (Mt 18,10) San Juan, en el Apocalipsis, menciona al Ángel de la Iglesia de Éfeso, el Ángel de la Iglesia de Esmirna, y también los Ángeles de otras Iglesias. (Cf Ap 2, 1-8)

«De modo que en cada Nación hay dos Jefes: uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel; y en cada Iglesia dos son los Obispos: uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel; y en la Iglesia Católica Universal hay dos Sumos Pontífices, establecidos por Nuestro Señor Jesucristo, uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel, el cual creemos ser el Arcángel San Miguel, venerado primero como protector por la Sinagoga de los Judíos, y venerado ahora por la Iglesia de los Cristianos, como su protector.» [5]

¿Qué decir de la ingratitud de despreciar semejante auxilio? Tenemos un Ángel designado por Dios para custodiarnos ininterruptamente y hacemos poco caso?… ¿Cómo extraviarse de las sendas de la virtud teniendo a nuestro lado, y siempre a nuestra disposición, un tan admirable Consejero? ¿Cómo desanimar y desistir de recurrir al auxilio sobrenatural en nuestras contrariedades y fracasos, y, hasta incluso pecados y vicios, cuando tenemos alguien dispuesto a escucharnos y curar las heridas de nuestra alma?

¡Oh terrible juicio nos aguarda si no cambiamos nuestra conducta con nuestro celeste Guardián! No tendremos que cosa alegar delante del Juez, pues nos dio la más excelente protección, el Consejero más sabio y el Protector más perspicaz para guardarnos.

El quinto oficio.

«Es de ser soldados, o jefes armados para tomar venganza de las naciones y reprender a los pueblos. (Sl 149, 7)

«Son esos Ángeles que quemaron con el fuego y el azufre las ciudades infames (Gn 19,24); que mataron a todos los primogénitos de Egipto (Ex 12, 29); que postraron muchos millares de Asirios con un solo golpe (IV Reis, 19,35); serán esos Ángeles que en el día final separarán a los hombres malos, de los justos, y los lanzarán en el fuego ardiente del infierno. (Mt 13, 41, 42)

«Amén, pues, los hombres piadosos sus conciudadanos los santos Ángeles; tiemblen los impíos delante del poder de los Ángeles, administradores de la cólera de Dios Omnipotente, de cuyas manos nadie podrá librarlos.» [6]

Notas:

  1. San Roberto Belarmino, Elevación de la mente a Dios por los grados de las cosas creadas. Noveno grado. Capítulo VI .
  2. Idem.
  3. Idem.
  4. Idem.
  5. Idem.
  6. Idem.

San José

En la prodigiosa escalera cuyas fotos el lector puede apreciar en estas páginas, todo es armónico y deslumbrante.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email
Share on print

octubre 6, 2021

En la prodigiosa escalera cuyas fotos el lector puede apreciar en estas páginas, todo es armónico y deslumbrante. Ocupando un mínimo de espacio, se eleva elegantemente en caracol, girando dos veces en 360 grados.

Su historia, tan sorprendente como encantadora, justifica por entero el nombre que le dio la devoción popular: Escalera Milagrosa.

En 1853, las “Hermanas de Loreto” fundaron en la ciudad de Santa Fé, Estados Unidos, la Escuela de Nuestra Señora de la Luz (Loreto), para la educación de niñas. El establecimiento prosperó y, años después, las monjas decidieron construir una capilla dedicada a su Patrona. Optaron por el estilo gótico, a imitación de la famosa Sainte Chapelle de París.

Solamente cuando la obra había concluido, las buenas religiosas se dieron cuenta de un monumental descuido del arquitecto: ¡no había escalera de acceso al coro, situado a cerca de diez metros de altura!… Y la construcción de una escalera común no sólo deformaría el estilo, sino que reduciría de modo inaceptable el espacio útil del pequeño templo.

¿Cómo resolver el problema? Se consultó a arquitectos, carpinteros y otros profesionales. Todos afirmaron categóricamente que la única “solución” era usar una escalera portátil.

Iglesia de Loreto Santa fe

Pero las monjas querían una iglesia hermosa, digna de la Reina de todas las bellezas. Y si la técnica humana era incapaz de solucionar el problema, “para Dios nada es imposible”, como nos enseña el Divino Maestro.

Llenas de fe, empezaron una novena a San José. ¡A fin de cuentas —argumentaban ellas— es un carpintero inigualable y debe empeñarse en que una iglesia dedicada a su Esposa Santísima sea perfecta en todo, como Ella!

Justamente el último día de la novena se presentó un carpintero en busca de trabajo. Llegó montado en un jumento, trayendo su caja de herramientas en la mano. Fue contratado en seguida para ejecutar una obra considerada imposible. Trabajó con diligencia y discreción durante cerca de seis meses.

Cierto día las hermanas verificaron deslumbradas que estaba construyendo una espléndida escalera de caracol. Para resolver un mero problema funcional, el discreto y eficiente artífice había adornado la pequeña capilla con una auténtica joya de madera.

¿Adónde estaba? Nadie lo sabía. Había desaparecido sin despedirse de persona alguna. No recibió paga, ni siquiera un simple agradecimiento por el servicio prestado. Lo buscaron inútilmente, incluso por medio de un anuncio publicado en el diario de la ciudad.

Por otro lado, un examen meticuloso de la escalera causaba una enorme admiración en todos. Su magnífica estructura, la elegancia con que se eleva, aparte de varios detalles de la construcción, dejan perplejos a los especialistas hasta el día de hoy. Por ejemplo, realiza dos vueltas completas de 360 grados sin ningún apoyo colateral y está hecha enteramente de uniones, sin utilizar un solo clavo. Algunas de sus piezas son de un tipo de madera inexistente en la región.

Tomando en cuenta las circunstancias en que se hizo la novena a San José, la inexplicable perfección de la obra bajo el punto de vista humano, y la misteriosa desaparición del artista, las monjas no tuvieron dudas en sacar la conclusión: el propio esposo castísimo de la Virgen María había venido a realizar en homenaje a Ella, lo que la técnica humana consideraba imposible.

Y ahí está hasta hoy, maravillando a todas las almas capaces de ver y amar la belleza, la Escalera Milagrosa de la capilla de Nuestra Señora de Loreto, en la ciudad norteamericana de Santa Fe.

Historia y Creación

Transmitida y respetada de generación en generación, la “Ley de pureza” promulgada en 1516 se convirtió en una condición indispensable para la preparación de una cerveza arquetípica.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email
Share on print

septiembre 12, 2021

Una de las características más curiosas de las cosas denominadas modernas es que después de algunos años -si no meses o días- dejan de ser modernas… Tras una existencia agitada y efímera, acaban por ser descartadas u olvidadas casi con tanto ímpetu como fueron aceptadas. Así, mucho de lo que hace cincuenta años era considerado la fina punta de la modernidad hoy es calificado de retrógrado. Retrógrado, nótese, y no antiguo, porque lo antiguo posee valores perennes que el tiempo no logra destruir.

Lo simple y lo perenne.

No faltan, sin embargo, en nuestro entorno, ejemplos de cosas que permanecen tras haber sido acrisoladas por el paso de los siglos. Suelen ser confiables, estables y, sobre todo, simples. Dispensando adornos superfluos, poseen características propias que se sitúan por encima de los aspectos meramente utilitarios.

Consideremos, a título de ejemplo, ciertas construcciones romanas, en particular algunos puentes. Son simples, robustos y venerables en su longeva autenticidad. Tras haber enfrentado guerras y tormentas durante decenas de siglos, continúan en pie con envidiable solidez, soportando altaneros el peso y las vibraciones de los actuales vehículos a motor, inimaginables para los ciudadanos del Imperio.

Esta relación entre lo simple y lo perenne no es fortuita, sino un reflejo del Ser por excelencia, que Santo Tomás de Aquino define en la Suma Teológica como «absolutamente simple».1

Estas consideraciones nos vienen al espíritu a propósito de un hecho sin vínculo aparente con ellos: la fabricación de la cerveza.

Un país con tradición cervecera.

El surgimiento de esta bebida parece haber ocurrido de forma concomitante en varias partes del mundo antiguo. Se encuentran vestigios de su preparación en la antigua Mesopotamia y en Egipto. Los romanos la llamaban cerevisia y los celtas korma. En la Edad Media existían distintos tipos con un contenido alcohólico bastante bajo, incluso apto para los niños.

Hoy, es una de las bebidas más consumidas en el mundo y forma parte de la cultura de muchos pueblos. Pero en pocos se fundió de mane ra más íntima y armónica con la sociedad y sus tradiciones como en el mundo germánico, más específicamente en Baviera. Una bebida para todas las edades y clases sociales, era elaborada para niños, adultos y ancianos, campesinos, estadistas, nobles y clérigos.

Las abadías y conventos de la región solían fabricar cerveza para consumo propio, variando la forma de preparación según las diversas temporadas del año. Así, por ejemplo, la Paulaner Salvator era hecha por la Orden de los Mínimos -Paulaner Orden, en alemán- con vistas al ayuno de los monjes durante la octava de la fiesta del fundador. Como esta bebida, aunque muy nutritiva, no rompía el precepto, su consumo ayudaba a sustentar a los religiosos en los períodos de penitencia.

Muchos monasterios benedictinos también producían su propia cerveza, y no sólo para su consumo. La abadía de Weltenburg, situada en las márgenes bávaras del Danubio, es la que posee la destilería más antigua, fundada en 1050. Desde entonces viene produciendo ininterrumpidamente la misma variedad de cerveza, y transcurrido un milenio su calidad, sin duda, no defrauda, porque consta que se ha servido regularmente en la mesa de Benedicto XVI.

El Decreto de pureza de 1516.

Ahora bien, para producir una cerveza como la de Weltenburg, los ingredientes no podían ser más simples: lúpulo, malta de cebada y agua.2 Casi cinco siglos después, esos tres elementos fueron sancionados en un decreto promulgado el 23 de abril de 1516 por el duque Guillermo IV de Baviera: el Reinheitsgebot o «ley de pureza». Además de estipular los precios del líquido dorado entre las fiestas de San Jorge y de San Miguel, el decreto prescribe:

«Es nuestro deseo enfatizar que en el futuro, en todas las ciudades, mercados y en el campo, los únicos ingredientes usados para la elaboración de cerveza deberán ser cebada, lúpulo y agua. Quienquiera que conociéndola no obedeciera o ignorara esta ordenanza, será castigado por las autoridades, confiscando dichos barriles de cerveza, sin falta».

La simplicidad y candidez de este dispositivo legal no podía dejar de llamar la atención en nuestros días, tan pródigos en conservantes, estabilizantes, colorantes, espesantes, acidulantes, aromas artificiales y demás aditivos, usados a veces en tales proporciones que hacen difícil distinguir el sabor real de lo que está siendo degustado.

Transmitido y respetado de generación en generación, el procedimiento de fabricación de la cerveza alemana, muchas veces artesanal, se ha impuesto a lo largo de los tiempos como condición indispensable para la preparación de una cerveza arquetípica. Hasta el punto de que muchos embalajes ostentan con orgullo la indicación. «Fabricado de acuerdo con la Ley de pureza de 1516».

Patrimonio de la humanidad.

Al final del año pasado, la Asociación de Cerveceras de Alemania pidió a la UNESCO el reconocimiento de la cerveza así fabricada como patrimonio de la humanidad. La decisión podrá ser tomada en el 2016, cuando se conmemorará el V Centenario de la promulgación del mencionado decreto.

Algunos productores, incluso alemanes, han objetado que dicha ley condena a la inmovilidad algo que podía ser perfeccionado. En suma: es retrógrada. Pero basta analizar la cuestión con un poco de imparcialidad para constatar cómo está errado ese posicionamiento. Actualmente existen, por ejemplo, en Bélgica, excelentes cervezas hechas según otros métodos que añaden ingredientes tan poco ortodoxos como la cereza.

No se trata de prohibir las mejoras, sino de proteger de la vorágine moderna una tradición venerable que, se quiera o no, está en la esencia de una de las bebidas más populares de nuestros días.

P. Antonio Jakoš Ilija, EP

Notas:

1 SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. I, q.3, a.7.
2 Cabe destacar que la levadura de cerveza no era conocida en esa época.

Si desea contactarse con nosotros, envíenos un mensaje.
Caballeros de la Virgen ¡Salve María! Nos gustaría enviarle notificaciones, de los últimos artículos.
No, gracias
Permitir notificaciones