Misiones

Paseo familiar a las Lagunas de Mojanda

El sector juvenil de los Heraldos del Evangelio en Quito organizó un paseo con familias a las Lagunas de Mojanda.
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El sector juvenil de los Caballeros de la Virgen en Quito organizó un paseo con familias a las Lagunas de Mojanda que se encuentran a una hora y media hacia el norte de Quito por el sector de Tabacundo.
 
La actividad inició con la celebración de la Santa Misa al aire libre. El Padre Jorge Luis Villalba E.P. señaló durante la homilía la importancia de elevar nuestras almas a Dios a través de la contemplación, en especial, la contemplación de las obras de la creación para remitirnos al creador. Contemplar también es una manera de oración.
 
Luego de la Eucaristía, se realizaron actividades deportivas donde participaron tanto hijos como padres. Las bendiciones de Dios y de su Madre Santísima se hicieron sentir en cada momento.

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Misiones

Aniversario de la Última Aparición de la Virgen de Fátima​
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noviembre 4, 2021

El 13 de octubre celebramos un aniversario más de la Última Aparición de Nuestra Señora en Fátima, en la que la Madre de Dios se dio a conocer como la “Señora del Rosario”.

Los Caballeros de la Virgen organizaron en Quito, Guayaquil y Cuenca una jornada de oración, con la recitación del Santo Rosario, Misas Solemnes y Coronación de la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.

Oraciones

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septiembre 12, 2021

1. Oh Jesús mío, que dijiste: «En verdad os digo: Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, tocad y se os abrirá», he aquí que toco, busco y pido la gracia…

(Colocar aquí la intención).
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/. Sagrado Corazón de Jesús.
R/. ¡En Vos confío!

2. Oh Jesús mío, que dijiste: «En verdad os digo: Cualquier cosa que pidáis a mi Padre en mi

nombre Él os lo concederá», he aquí que a vuestro Padre en vuestro nombre pido la gracia…

(colocar aquí la intención).

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/. Sagrado Corazón de Jesús.
R/. ¡En Vos confío!

3. Oh Jesús mío, que dijiste: «En verdad os digo: Pasarán el cielo y la tierra pero mis palabras no pasarán jamás», he aquí, que apoyado en la infabilidad de vuestras santas palabras pido la gracia…

(colocar aquí la intención).
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/. Sagrado Corazón de Jesús.
R/. ¡En Vos confío!

Oración.

Oh Sagrado Corazón de Jesús, a quien sólo una cosa es imposible, esto es, la de no tener compasión de los infelices, ten piedad de nosotros, miserables pecadores, y concédenos la gracia que os pedimos por intermedio del Corazón Inmaculado de vuestra y nuestra tierna Madre.

V/. San José, amigo del Sagrado Corazón de Jesús.
R/. Ruega por nosotros.

Destacados, Espiritualidad

La medalla tal como hoy la conocemos , se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a época anterior y tiene su historia.
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enero 13, 2022

Origen de la Medalla de San Benito

El origen de esta medalla se fundamenta en una verdad y experiencia del todo espiritual que aparece en la vida de San Benito tal como nos la describe el Papa San Gregorio en el Libro II de los Diálogos. El Padre de los monjes usó con frecuencia del signo de la cruz como signo de salvación, de verdad, y purificación de los sentidos. San Benito quebró el vaso que contenía veneno con la sola señal de la cruz hecha sobre él.

Cuando los monjes fueron perturbados por el maligno, el santo manda que hagan la señal de la cruz sobre sus corazones. Una cruz era la firma de los monjes en la carta de su profesión religiosa cuando no sabían escribir. Todo ello no hace más que invitar a sus discípulos a considerar la Santa Cruz como señal bienhechora que simboliza la pasión salvadora de Nuestro Señor Jesucristo, por la que se venció el poder del mal y de la muerte.

La medalla tal como hoy la conocemos , se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a época anterior y tiene su historia. En el siglo XVII, en Nattenberg de Baviera (Alemania), en un proceso contra unas mujeres acusadas de brujería, ellas reconocieron que nunca habían podido influir malignamente contra el monasterio benedictino de Metten porque estaba protegido por una cruz.

Hechas, con curiosidad, investigaciones sobre esa cruz, se encontró que en las tapias del monasterio se hallaban pintadas varias cruces con unas siglas misteriosas que no supieron descifrar. Continuando la investigación entre los códices de la antigua biblioteca del monasterio, se encontró la clave de las misteriosas siglas en un libro miniado del siglo XIV.

En efecto, entre las figuras aparece una de San Benito alzando en su mano derecha una cruz que contenía parte del texto que se encontraba sólo en sus letras iniciales en las astas cruzadas de las cruces pintadas en las tapias del monasterio de Metten, y en la izquierda portaba una banderola con la continuación del texto que completaba todas las siglas hasta aquel momento misteriosas.

Además de la imagen de la Cruz y la de San Benito, la Medalla tiene cierto número de letras, cada una de las cuales representa una palabra latina. Las diversas palabras, reunidas, da un sentido que manifiesta la intención de la Medalla: expresar las relaciones que existen entre el Santo Patriarca de los Monjes del Occidente y la señal ensangrentada de la redención del género humano; y al mismo tiempo pone al alcance de los fieles un medio eficaz de usar la virtud de la Santa Cruz contra los espíritus malignos.

Medalla de san Benito

Significado de la Medalla de San Benito

Esas letras misteriosas se encuentran en la cara de la Medalla donde se encuentra representada la Santa cruz. Examinemos, en primer lugar, las cuatro que vienen colocadas entre las astas de la Cruz:

C S

P B

Significa: Crux Sancti Patris Benedicti; en Español, Cruz del Santo Padre Benito, estas palabras por sí solas ya explican el objetivo de la Medalla.

En la línea vertical de la Cruz, se lee:

C
S
S
M
L

Lo que quiere decir: Crux sacra sit mihi lux; en Español, La Cruz Sagrada sea mi luz.

En la línea horizontal de la Cruz, se lee:

N. D. S. M. D.

Cuyo significado es: Non draco sit mihi dux; en Español. No sea el dragón mi jefe.

Reuniendo esas dos líneas se forma un verso pentámetro, a través del cual el cristiano expresa su confianza en la Santa Cruz y su resistencia al juego que el demonio le quiere imponer.

Alrededor de la Medalla existe una inscripción más extensa, la cual en primer lugar presenta el santísimo Nombre de Jesús, expresado por el monograma bien conocido: I. H. S. La fe y la experiencia nos certifica la omnipotencia de este nombre divino.

Después viene, de derecha a izquierda, las siguientes letras:

V. R. S. N. S. M. V. S. M. Q. L. l. V. B.

Estas iniciales representan los dos versos que a continuación siguen:

Vade retro satana; nunquam suade mihi vana: Sunt mala quae libas; ipse venena bibas

En Español: Retírate satanás: nunca me des consejos de tus vanidades, la bebida que me ofreces es el mal, bebe tú mismo tus venenos.

Tales palabras se supone haber sido dichas por San Benito: Las del primer verso, por ocasión, de la tentación que sintió y sobre la cual triunfó haciendo la señal de la Cruz; las del segundo verso, en el momento en que sus enemigos le presentaron la bebida mortífera, que descubrió bendiciéndole con la señal de la vida el cáliz donde estaba.

El cristiano puede utilizar estas palabras todas las veces que fuera sorprendido por tentaciones e insultos del enemigo invisible de nuestra salvación.

El propio Jesús Cristo Nuestro Señor santificó las palabras Vade retro, satana -retírate satanás- y su valor es verdadero, ya que esto es confirmado por el Evangelio. Las vanidades que el demonio nos aconseja son las desobediencias a la ley de Dios, las máximas pompas y falsedades del mundo.

La bebida que el Ángel de las tinieblas nos presenta es el pecado, que mata el alma. No la aceptemos, devolvamos para él tan funesto regalo, ya que él mismo lo escogió como herencia.

No hay necesidad de explicar más ampliamente al lector cristiano la fuerza de esa conspiración, que se opone a las artimañas y violencia de satanás lo que el más teme: es la Cruz, el Santo Nombre de Jesús, las propias palabras del salvador cuando fue tentado, así como el recuerdo de las victorias del grande Patriarca San Benito sobre el dragón infernal. Suficiente que alguien pronuncie con fe tales palabras y de inmediato se sentirá fuerte para contrarrestar todos los ataques del infierno.

A pesar de no conocer los hechos que demuestran hasta qué punto satanás teme esa Medalla; la simple apreciación de lo que ella representa y expresa es suficiente para considerarla una de las armas más poderosas que la bondad de Dios puso a nuestro alcance contra la malicia diabólica.

Tomado de: Essai sur l’origine, la signification et les privileges de la Medaille ou Croix de Saint -Benoit. La primera edición de esta obra fue publicada en Poitiers, en 1862.

Autor : Don Próspero Luis Pascal Guéranger

 
 

Santos

La mayoría de los niños sabe responder de dónde viene el famoso Papá Noel: «¡Del Polo Norte!». Sin embargo, pocos conocen a San Nicolás.
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diciembre 26, 2021

Noche de paz, noche de amor! Ha nacido el niño Dios en un humilde portal de Belén…».

Después de los cantos que caracterizan la esperada Nochebuena, tan cargada de maravillas para las almas inocentes, y en medio a un ambiente de bienquerencia y expectativa que marca ese período del año ocurre algo insólito en los hogares…

Con la certeza de que todos ya se encuentran inmersos en un profundo sueño, a través de la chimenea de la casa o por alguna otra entrada que muchos hasta hoy no han descubierto, se cuela un personaje. Llega volando desde tierras lejanas montado en un curioso trineo tirado por renos, simulando una especie de carruaje, transporte éste en el cual todo niño ha deseado algún día subirse, aunque fuera en sueños…

Ahora bien, ¿qué hace ese misterioso visitante —curiosamente, al que nunca se le confunde con un ladrón— llegando esa madrugada navideña mientras todos ya están dormidos?

De barba siempre blanca y larga, se presenta con «sorpresas» escondidas en grandes sacos rojos: regalos de todo tipo, los cuales distribuye con abundancia y prodigalidad, como queriendo agradar sin esperar nada a cambio.

A este generoso personaje unos lo llaman Papá Noel y otros Santa Claus. Ambos nombres se refieren al mismo individuo, cuya fama es mundialmente conocida y perdura hasta nuestros días, más viva que nunca, dándonos la impresión de que es eterna.

Todo niño, de cualquier localidad del globo terráqueo, sabe decir de dónde viene: «¡Del Polo Norte!». Pero ¿acaso será éste de verdad su punto de partida? Lo cierto es que su viaje histórico se revela aún más lejano y fantástico que su mítica circunnavegación nocturna alrededor de la Tierra… Y en él nos vamos a adentrar.

San Nicolás bendice
San Nicolás bendicea un niño
Iglesia del Santo Cristo, Ciudadela de Menorca (España)

San Nicolás, defensor de la fe y generoso padre

En realidad, esta figura navideña no es tan imaginaria como parece. Se refiere a un varón de Asia Menor cuyo nacimiento se remonta al siglo III —por tanto, ¡no en el Polo Norte!—, concretamente donde hoy se localiza Turquía.

De nombre Nicolás, nació de una familia acomodada, en Licia, provincia romana situada junto al mar Mediterráneo. Por las virtudes que brillaban en su alma fue elegido obispo de Mira, una de las ciudades más importantes de la región, y ejercía su ministerio con energía y bondad.

Siempre celoso de la sana doctrina, tomó severas medidas contra el paganismo y combatió incansablemente las herejías. Pero sus obras de caridad para con el prójimo fueron las que lo hicieron célebre en todo el orbe cristiano.

Milagros hechos en vida

Uno de esos episodios se volvió conocido aún en vida, valiéndole la devoción de los fieles y una fuerte fama de santidad.

En aquella época había en Mira un juez que, bajo presión de soborno, condenó a muerte a tres hombres inocentes. Ahora bien, en el momento de la ejecución el bondadoso Nicolás apareció en el lugar, arrancó el arma de las manos del verdugo, reprendió al inicuo juez y les dio la libertad a los sentenciados.

Poco después ocurrió en Constantinopla otro hecho similar: tres oficiales fueron indebidamente condenados. ¡Pobre justicia temporal, tan a menudo regida por la infamia de la ambición en lugar del amor a la Verdad! Sin embargo, los reos habían presenciado la escena narrada arriba y no lo dudaron: llenos de devoción por la figura del imponente y paternal San Nicolás, se pusieron a rezar enseguida, rogándole que también los salvara, aunque desde la distancia… He aquí que esa misma noche el emperador Constantino soñó con el santo, que le ordenaba que liberara a aquellos infelices, ¡porque eran inocentes!

Al día siguiente, Constantino llamó a los tres condenados y al interrogarlos se enteró de que habían invocado a «Nicolás de Mira» para pedirle su auxilio. Conmovido, el emperador los soltó.

San Nicolás salvando a los tres inocentes,
por Mariotto di Nardo – Museos Vaticanos

¡Patrón de los niños!

San Nicolás murió el 6 de diciembre, a mediados del siglo IV. Las virtudes practicadas por este varón lo llevaron a alcanzar un alto grado de santidad y sus milagros post mortem le sirvieron para enaltecerlo aún más. De este modo se convirtió rápidamente en uno de los santos más conocidos de la Iglesia Católica.

Con respecto a él existen numerosos hechos cuya memoria ha perdurado por los siglos. Los marineros lo tienen como patrón y en ciertas regiones hasta hoy día conservan la costumbre de desearse unos a otros un buen viaje diciendo: «¡Que San Nicolás lleve tu timón!».

No obstante, el más famoso de sus títulos siempre fue el de «patrón de los niños». Esto se debe principalmente a dos episodios. El primero ocurrió cuando el santo obispo supo que el padre de tres muchachas tenía serios apuros financieros y no conseguía pagar la dote necesaria para el casamiento de sus hijas, lo que las llevaría a adoptar una vida errante…

Lleno de compasión por los miembros de esa familia, Nicolás se dirigió a la casa donde vivían y, escondido entre la penumbra de la noche, lanzó por la chimenea un saquito lleno de monedas de oro, con el fin de ayudarles. Así lo hizo tres veces. Algunas versiones de la historia llegan a afirmar que uno de esos generosos saquitos cayó justo dentro del calcetín de una de las jóvenes que estaba colgado de la chimenea secándose…

El segundo hecho consiste en un magnífico milagro obrado en vida por San Nicolás: la resurrección de tres chiquillos que habían sido ¡asesinados! Este acontecimiento fue el que terminó consagrándolo oficialmente como patrón y protector de los niños.

Así, en varios países se estableció la piadosa tradición de darle regalos a los más pequeños el 6 de diciembre, en honor de San Nicolás.

San Nicolás echando las monedas en el interior de la casa de las tres doncellas,
por Bicci di Lorenzo – Museo Metropolitano de Arte, Nueva York

¿Cómo pudo transformarse en Papá Noel?

Tras conocer tales maravillas es comprensible, querido lector, que por su cabeza ronde la siguiente duda: ¿Qué tiene que ver Papá Noel con esa descripción sobre San Nicolás? ¿Cómo llegó a convertirse el tan virtuoso obispo de Mira en un habitante del Polo Norte que, en una sola noche, les reparte regalos de Navidad a todos los niños del mundo?

La transformación del santo en una quimera tiene sus más remotos orígenes en la Reforma protestante. Así como muchos siglos atrás el emperador Diocleciano había intentado acabar con la persona de Nicolás, los reformadores trataron de borrar de la Historia y, sobre todo, de los corazones de los fieles el recuerdo de ese gran varón.

A la izquierda, portada de la revista «Harper’s Weekly» del 3 de enero de 1863, con una de las primeras representaciones del moderno Santa Claus;
en el centro , dibujo de Thomas Nast para la misma publicación;
a la derecha, una de las ilustraciones creadas por Haddon Sundblom para Coca-Cola en las décadas de 1920 y 1930

Sin embargo, la devoción a él estaba tan arraigada en Europa que no desapareció por completo. La figura de San Nicolás se mezcló con entes mitológicos, alguno de ellos bastante antipáticos y agresivos, dando origen a personajes como el Sinterklaas holandés, que pasó al Nuevo Mundo con los emigrantes de esa nación.

A lo largo del siglo XIX, fue tomando en Nueva York su actual fisonomía. En 1822 el poeta Clement Moore escribió un libro titulado A Visit from Saint Nicholas, en el cual presentaba a un personaje procedente del norte, en un trineo tirado por renos voladores. Años más tarde, en 1863, el caricaturista político Thomas Nast hizo un dibujo para la revista Harper’s Weekly, en el cual ya presentaba las características que hoy conocemos: un hombre de edad avanzada, corpulento, risueño, de poblada barba blanca.

Desde entonces varias empresas comenzaron a aprovecharse de esa figura navideña como medio de publicidad, incluso Coca-Cola, responsable de consagrar definitivamente su traje rojo y blanco, en 1920.

¡Festejemos la Navidad con auténtico espíritu de fe!

Como puede verse, Santa Claus es, por tanto, la distorsión del santo y generoso obispo de Mira, patrón de los navegantes, de los niños y de muchos lugares.

Aquel virtuoso varón que brilló por su caridad y supo proclamar la verdadera fisonomía cristiana de la Navidad fue sustituido por el laico Papá Noel que hoy conocemos y transformado en propagador del consumismo. Para muchos hombres de hoy, Santa Claus está en el centro de todas las conmemoraciones, ocupando el sitio del Niño Jesús, ¡causa y alegría de la Navidad!…

Por consiguiente, mucho más que simples nomenclaturas históricas, se podría decir que esos personajes —Papá Noel y San Nicolás— simbolizan, ante el sublime hecho del Nacimiento del Divino Infante, dos mentalidades opuestas: una es la de los que, con sus horizontes puestos en este mundo terrenal, «vuelan» por los aires de las fantasías frívolas presentadas por el consumismo; la otra es la de los que con alegría y fe preparan sus almas para recibir en la Navidad no solamente al simpático obispo de Mira con sus regalos, ¡sino al mismo Hombre Dios!

Pidamos, pues, la intercesión de San Nicolás, a fin de que nos conceda en esta Navidad los regalos espirituales de los que carecen nuestras almas, para que, como él, podamos ser generosos, retribuyendo con una vida pura todo el amor que emana del corazoncito del Niño Jesús por cada uno de nosotros.

Así, más que esperar regalos que perecen, sepamos prepararnos para el premio eterno, haciendo nuestra ofrenda de amor y gratitud al Divino Infante en la conmemoración de su natalicio.

Que la Navidad de este año de 2020 sea enaltecida por los coros angélicos como siendo la noche de paz que contempló por primera vez a su Creador y Señor omnipotente en un frágil niñito, rodeado por los brazos virginales de María Santísima. Y que todo el orbe sepa reconocer en esta misteriosa noche la grandeza de un Dios que se hizo hombre, a fin de hacernos como Dios.

Autor: Hna. Antonella Ochipinti, EP

Revista Heraldos del Evangelio.

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