Misiones

Pesebre Maravilloso en Quito

Para mejor prepararse para la Santa Navidad los Heraldos del Evangelio en Quito presentan una obra de arte con un mensaje de Fe.
Para mejor prepararse para la Santa Navidad los Heraldos del Evangelio en Quito presentan una obra de arte con un mensaje de Fe.
 
Se trata del Pesebre con sonido, luz y movimiento que narra de forma atrayente la historia más maravillosa de todas las historias «La historia del Nacimiento del Niño Jesús» pero con un detalle especial; está basado en la vida de San José como lo comenta Mons. Joao Clá Dias E.P en su libro «San José ¿Quién lo conoce?»
 
Familias y grupos de niños y jóvenes que se preparan para recibir los sacramentos de la Primera Comunión y Confirmación han visitado el Nacimiento maravilloso y entre las exclamaciones más comunes se escucha: «Maravilloso» «No imaginaba que fuera tan hermoso» «Me encantó» «El mensaje llena mi alma» «Gracias por hacernos conocer más sobre San José» 
 

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Espiritualidad

El Profesor Felipe Aquino hizo una relación de 10 enseñanzas de San Pío de Pietrelcina.

abril 14, 2022

El Profesor Felipe Aquino hizo una relación de 10 enseñanzas de San Pío de Pietrelcina y los publicó este 23 de septiembre, día en que la Iglesia conmemora este Santo.

Queda en la duda si son pensamientos que enseñan o si son enseñanzas que nos hacen pensar…

Lo que más importa es que estos pensamientos-enseñanzas descubren un alma a quien Dios dio dones particulares y carismas extraordinarios. Un alma que se empeñó con todas sus fuerzas por la salvación de las almas.

Diez enseñanzas del Santo Padre Pío

1 – No se preocupe con el mañana. Hágalo bien hoy.

2 – Si Jesús nos hace así felices en la Tierra, ¿cómo será en el Cielo?

3 – Si el temor lo deja angustiado, exclame con San Pedro: «¡Señor, sálveme!» Él le extenderá la mano: apriétela con fuerza y camine alegremente».

4 – Busque ser siempre mejor: hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy.

5 – Si el demonio no duerme para perdernos, Nuestra Señora no nos abandona ni un instante siquiera.

6 – Cuando desperdicia el tiempo, usted desprecia el don de Dios, el regalo que Él, infinitamente bueno, abandona a su amor y su generosidad.

7 – Sean como pequeñas abejas espirituales, que llevan para su colmena apenas miel y cera. Que, por medio de su conversación, su casa sea repleta de docilidad, paz, concordia, humildad y piedad.

8 – Haga siempre el bien, así dirán: «Este es un cristiano». Soporte tribulaciones,
enfermedades y dolores por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores.

9 – Un convertido expresó el recelo de volver a caer. Padre Pío le dijo: «Yo estaré con usted. ¿Usted podría pensar, mi hijo, que yo dejaría recaer un alma que levanté? ¡Vaya en paz y tenga confianza! «

10 – Quien tiene tiempo no espere por el tiempo. No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy. Las sepulturas transbordan de buenas acciones dejadas para después… Y, además de eso, ¿quién nos dice que viviremos hasta mañana? Escuchemos la voz de nuestra consciencia, la voz del real profeta: «Si oyes la voz del Señor hoy, no queráis cerrar vuestros oídos».

Debemos renacer y acumular solamente las riquezas que nos pertenecen, recordando que solamente el instante que escapa está bajo nuestro dominio. No podemos intercalar tiempo entre un instante y otro, después.

Autor : Gaudium Press

Misiones

Misa de acción de gracias por el aniversario 59 del Ala de Combate # 22 de la FAE.

noviembre 4, 2021

Los Heraldos del Evangelio fueron invitados el mes pasado para solemnizar con la presencia de la Imagen Peregrina del Inmaculado Corazón de María y el conjunto musical, la misa de acción de gracias por el aniversario 59 del Ala de Combate # 22 de la FAE.

Compartimos con ustedes unas fotos de la Visita de Nuestra Señora de Fátima

Destacados, María Santísima

El ícono es rico en detalles y a cada uno de ellos es atribuido un significado, una simbología, un mensaje.

junio 27, 2022

Aparentemente es un simple cuadro de una más de las innúmeras devociones a la Santa Madre de Dios, pero si nos detenemos en sus detalles, veremos que la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro está llena de simbolismos y significados.

Midiendo 53 por 41,5 centímetros el ícono fue producido en el estilo bizantino en madera sobre un fondo dorado.

En la época en que la obra fue ejecutada, durante el Imperio Romano, los artistas utilizaban el oro o simplemente su color para retratar solo las grandes personalidades.

Según la tradición el cuadro fue pintado por un artista hasta hoy desconocido que, a su vez, se inspiró en una pintura atribuida a San Lucas.

El ícono es rico en detalles y a cada uno de ellos es atribuido un significado, una simbología, un mensaje.

Significado del Cuadro

He aquí algunos de esos detalles:

  1.  Abreviación griega de «Madre de Dios».
  2. Estrella en el velo de María, la Estrella que nos guía en el mar de la vida hasta el puerto de la salvación.
  3. Abreviatura de «Arcángel San Miguel».
  4. Corona de Oro – El cuadro original fue coronado en 1867 en agradecimiento de los muchos milagros hechos por Nuestra Señora; se tituló «Perpetuo Socorro».
  5. Abreviatura de «Arcángel San Gabriel».
  6. San Miguel presenta la lanza, la vara con la esponja y el cáliz de las amarguras.
  7. La boca de María es pequeñita, para guardar silencio, y evitar las palabras inútiles.
  8. San Gabriel con la cruz y los clavos, instrumentos de la muerte de Jesús.

  9. Los ojos de María, grandes, dirigidos siempre para nosotros, a fin de ver todas nuestras necesidades.

10 – Túnica roja, distintivo de las vírgenes en el tiempo de Nuestra Señora.

11 – Abreviación de «Jesucristo».

12 – Las manos de Jesús apoyadas en la mano de María, significando que por ella nos vienen todas las gracias.

13 – Manto azul, emblema de las madres en aquella época. María es la Virgen – Madre de Dios.

14 – La mano izquierda de María sustentando Jesús – la mano del consuelo que María extiende a todos los que a ella recurren en las luchas de la vida.

15 – La sandalia desatada – símbolo tal vez de un pecador unido todavía a Jesús por un hilo -el último-, la devoción a Nuestra Señora.

El fondo del cuadro es de oro, de él brillan reflejos cambiantes, matizando las ropas y simbolizando la gloria del paraíso a donde iremos, llevados por el perpetuo socorro de María.

Asustado por la aparición de los dos ángeles, mostrándole los instrumentos de su muerte, Jesús corre para los brazos de su Madre, y con tanta prisa que se desató el cordón de la sandalia… Nuestra Señora lo abriga con ternura y el Niño Jesús se siente seguro en los brazos de su Madre. 

La mirada de Nuestra Señora no se dirige al niño, sino a nosotros – pidiendo a los hombres que eviten el pecado, causa del susto y la muerte de Jesús. Las manos de Jesús están en la mano de María para recordar que Ella es la Medianera de todas las gracias.

Por Emilio Portugal Coutinho

Alabada, amada, invocada, bendita seas por siempre, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro!, esperanza mía, amor mío, Madre mía, felicidad y vida mía.
Así sea.

María Santísima

¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo?, ¿No soy yo la fuente de tu alegría?

diciembre 13, 2021

Nuestra Señora de Guadalupe se apareció a Juan Diego.  Se piensa generalmente que era un indígena “pobre” y de “baja condición social”. No obstante, sabemos hoy, por diversos testimonios, que él era hijo del rey de Textoco, Netzahualpiltzintli, y nieto del famoso rey Netzahualcóyolt. Su madre era la reina Tlacayehuatzin, descendiente de Moctezuma y señora de Atzcapotzalco y Atzacualco. En estos dos lugares Juan Diego poseía tierras y otros bienes en herencia.

Fue a este representante de las etnias indígenas del Nuevo Mundo a quien, ya hace casi quinientos años, la Madre de Dios apareció trayendo un mensaje de bienquerencia, dulzura y suavidad, cuya luz se prolonga hasta nuestros días.

Para comprender la magnitud del bondadoso mensaje de Nuestra Señora, debemos trasladarnos al ambiente psico-religioso de aquel tiempo.

De un lado, las numerosas etnias que habitaban el valle del Anahuac, actual Ciudad de México, habían vivido durante décadas bajo el despotismo de la tribu más poderosa, en la que habitualmente se practicaban sangrientos ritos idolátricos. Anualmente, sacrificaban millares de jóvenes para mantener encendido el “fuego del sol”. La antropofagia, la poligamia y el incesto eran parte de su vida.

Los celosos misioneros, llegados junto con los españoles, veían la necesidad imperiosa de evangelizar ese pueblo, extirpando tan repugnantes costumbres.

Entretanto, los malos hábitos adquiridos, la dificultad del idioma y, sobretodo, un cierto orgullo indígena de no aceptar el “Dios del conquistador” en detrimento de sus divinidades, hacían difícil la tarea de introducir en ese ambiente la Luz del mundo.

Dios Nuestro Señor, en su infinita misericordia, queriendo que todos los hombres “se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2, 4), preparaba una maravillosa solución para ese impasse.

Nuestra Señora se aparece a San Juan Diego.

El 9 de diciembre de 1531, Juan Diego estaba en los alrededores del cerro Tepeyac, en la actual ciudad de Méjico. Repentinamente, oyó una música suave, sonora y melodiosa que, poco a poco, se fue extinguiendo. En ese momento escuchó una lindísima voz, que en el idioma nahualt lo llamaba por su nombre. Era Nuestra Señora de Guadalupe.

Después de saludarlo con mucho cariño y afecto, le dirigió estas palabras llenas de bondad: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, del Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediatez, el Dueño del cielo, Dueño de la tierra.

Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, mi compasión, mi auxilio y mi salvación.

Porque en verdad soy vuestra madre compasiva, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; quiero oír ahí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores».

La Virgen pidió a Juan Diego que fuese al palacio del Obispo de Méjico, y le comunicase que ella lo enviaba y pedía la construcción del templo.

El “Mensajero de la Virgen” fue a entrevistarse con el Obispo de Fray Luis de Zumárraga, a quien narró lo sucedido, pero éste se mostró incrédulo citándolo para otro día.

Segunda y tercera Aparición

En ese mismo día, al ponerse el sol, Juan Diego, apesadumbrado, va a dar cuenta a la Virgen de su fracasada misión. Y con una encantadora inocencia, le pide a Ella que escoja un embajador más digno, estimado y respetado. La Madre de Dios le respondió:

Escucha, el más pequeño de mis hijos, ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quienes encargue que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad. Pero es muy necesario que tú, personalmente, vayas, y que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad. Y mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al Obispo. Y de mi parte hazle saber, hazle oír mi querer, mi voluntad, para que realice, haga mi templo que le pido. Y otra vez dile que yo, personalmente, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envío».

Al día siguiente, después de asistir a misa, Juan Diego volvió a buscar al señor Obispo Zumárraga, quien lo recibió con atención, pero, más escéptico que antes, le dice que era necesario “una señal” para demostrar que era realmente la Reina del Cielo quien lo enviaba. Con toda naturalidad Juan Diego respondió que sí, y va a pedirle a la Señora la “señal” solicitada.

Al caer el sol, como en las veces anteriores, se le apareció Nuestra Señora radiante de dulzura. Ella aceptó sin el menor reproche concederle la señal pedida, para lo cual lo citó al día siguiente.

Él huye, Ella va a su Encuentro.

Sin embargo, al día siguiente, lunes 11, Juan Diego no se presenta a la cita. Su tío, Juan Bernardino, había caído repentinamente enfermo, y él trata por todos los recursos medicinales indígenas curarlo. Todo fue en vano. Cuando el tío ve que la muerte se aproxima, siendo ya cristiano fervoroso, le pide a su sobrino que intente traerle un sacerdote para que lo asista.

Juan Diego, presuroso, sale al amanecer del día 12 en busca del confesor, pero decide tomar un camino diferente al habitual, para que la “Señora del Cielo” no le salga al encuentro, pues, pensaba él: “me pedirá cuentas de su encargo y no podré ir en busca del sacerdote».

Pero su artimaña no funciona.

Para su asombro, la Madre de Dios se le apareció en ese camino. Avergonzado, Juan Diego trató de disculparse con fórmulas de cortesía propias de la usanza indígena:

“Mi jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta.” Y luego de explicarle la enfermedad de su tío, como la causa de su falta de diligencia, concluyó: “Te ruego me perdones, porque con ello no engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa».

A lo cual le respondió la Virgen, con bondad y cariño:

“Escucha, y ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es nada lo que te asusta y aflige. Que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad, ni ninguna otra enfermedad y angustia.

¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo?, ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? Que ninguna otra cosa te aflija, ni te perturbe. No te apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya sanó».

Señal para el “Mensajero de la Virgen"

Así que oyó esas bellísimas palabras, Juan Diego, muy consolado, creyó en la Virgen. Ahora era preciso cumplir con la misión. ¿Cuál era la señal? Ella le ordena subir al cerro del Tepeyac y cortar las flores que allí encontrara. Encargo imposible, dado que nunca las había, y menos todavía en ese tiempo de intenso frío y sequedad. Pero Juan Diego no duda. Sube el cerro y en la cumbre encuentra las más bellas y variadas rosas, todas perfumadas y llenas de gotas de rocío como si fuesen perlas. Las cortó y colocó en su tilma (poncho típico de los indios mejicanos). Al llegar abajo, Juan Diego mostró las flores a Nuestra Señora, quien las toca con sus manos celestiales y se las vuelve a poner en la tilma.

“Hijito mío, el más pequeño, esta diversidad de flores son la prueba y señal que llevarás al Obispo. Le dirás de mi parte que vea en ella mi voluntad y él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador en el que absolutamente deposito toda la confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas».

Juan Diego se dirigió nuevamente al palacio del Obispo Zumárraga y luego de mucho esperar y forcejear con los criados, lo hace pasar a su presencia. El “Mensajero de la Virgen” comenzó a narrar todo lo sucedido con Nuestra Señora y en cierto momento extiende su tilma, descubriendo la señal. Cayeron las más preciosas y perfumadas flores y, al instante, se estampó milagrosamente en el tejido la portentosa Imagen de la Perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, que se venera hasta hoy en el Santuario de Guadalupe.

Profundo sentido eclesial y Misionero.

Así fue la gran aparición, cuyo primer resultado fue la conversión a gran escala de los indígenas. “El acontecimiento Guadalupano – señala el episcopado de Méjico – significó el inicio de la evangelización, con una vitalidad que sobrepasó todas las expectativas. El mensaje de Cristo, por medio de su Madre, tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de salvación.” Y el Papa completa: “Es así que Guadalupe y Juan Diego tomaron un profundo sentido eclesial y misionero, siendo un modelo de evangelización perfectamente inculturada» (Misa de Canonización, 31/7/2002).

Por eso, determinó Su Santidad que en el día 12 de diciembre sea celebrada, en todo el Continente, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y Evangelizadora de América (Exhortación Apostólica Ecclesia in America).

El cinto y el resplandor.

Nuestra Señora de Guadalupe se presenta con un cinto que no se ubica en su cintura, sino más arriba.

Era la señal para los indígenas que Ella estaba encinta. ¿A quién daría a luz? Al Sol Resplandeciente. El gran resplandor que Nuestra Señora tiene atrás de sí o que sale de dentro de Ella es el sol. Para los habitantes de México, ese astro era símbolo de la divinidad. Luego, la señora de la figura no era otra, sino que la Madre de Dios.

Fecha de la Aparición.

Existe un dato significativo, vinculado al símbolo del sol. Y está relacionado con el llamado solsticio de invierno. En todo el hemisferio sur, este sucede el 22 de junio. Debido a la inclinación del eje terrestre, el sol alcanza su máximo alejamiento de la línea del Ecuador. Es el inicio del invierno, y también el día en que el sol nace más tarde y se pone más temprano. Por esa razón, además, es el día más corto y la noche más larga del año. En el hemisferio norte en el cual se ubica México, ese solsticio de invierno sucede el 22 de diciembre. Desde la más remota antigüedad, los pueblos paganos consideraban esa fecha como la más importante del año, por el simbolismo del sol que, después de apagarse vuelve a crecer. Los pueblos prehispánicos de México, muy conocedores de la astronomía tenían ese día en la más alta consideración religiosa, era el día en que el sol moribundo cobraba vigor, era el retorno a la vida, era el resurgimiento de la luz, la victoria sobre las tinieblas.

La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe se dio exactamente en esa ocasión. Aunque en aquel tiempo constase como 12 de diciembre (y que por respeto a la tradición es la fecha que se mantiene hasta hoy), se trataba de un error del calendario Juliano hasta entonces en vigor y que fue corregido posteriormente.

Para reforzar la impresión en ellos causada, en el mismo momento el famoso cometa Halley alcanzaba su zenit en los cielos mexicanos.

Su Manto de Estrellas.

De acuerdo con recientes estudios se puede comprobar con admirable exactitud que, en el manto de Nuestra Señora, están representados los astros más brillantes de las principales constelaciones visibles en el valle del Anahuac —actual Ciudad de México— el día de la aparición. Era una prueba más para los indígenas que la Señora venía del cielo.

La Flor de Cuatro Pétalos.

Si se presta atención en la túnica de Nuestra Señora, abajo del cinto veremos una pequeña flor de cuatro pétalos. Esa flor es Nahui-Hollín, de gran importancia en la visión indígena del universo. Ella representa la antigua ciudad de Tenochtitlán, la capital Azteca, y en especial la colina del Tepeyac, donde se dio la aparición de Nuestra Señora. Representaba también, la plenitud de la presencia de Dios. Era otra indicación, para aquellos pueblos, de que la Señora con el manto de estrellas llevaba en su purísimo seno al único Dios verdadero.

El resto de flores y figuras impresas en su túnica no están ahí puestas al azar. Corresponden a los diversos aspectos geográficos de México, que los indígenas interpretaban a la perfección.

El Cabello.

Nuestra Señora lleva el cabello suelto lo que entre los aztecas era señal de virginidad. Por lo tanto, era la muestra que la Señora es Virgen y Madre.

El Rostro.

Por fin, Nuestra Señora quiso presentarse con rasgos mestizos, rostro moreno y ovalado y así, manifestar que Ella desea ser la Madre amorosa de todos los habitantes de América.

Muchísimos otros símbolos pueden observarse en la extraordinaria figura de Nuestra Señora de Guadalupe, y ninguno de ellos está al azar, pues todo en Ella es de una altísima Sabiduría. Por otra parte, existe un sinnúmero de maravillas que la Virgen oculta y que la ciencia con todos sus avances tecnológicos no consigue explicar. Por ejemplo, el maravilloso fenómeno de sus pupilas, en las cuales se distinguen con lupa minúsculas figuras humanas.

La durabilidad inexplicable del rudo manto que ni el ácido sulfúrico, caído por accidente, consigue destruir.

El modo misterioso en que fue impresa la figura de la Virgen y otros aspectos que próximamente abordaremos. Son las maravillas de la “Siempre Virgen Santa María, Madre del Verdadero Dios” como ella misma se definió cuando habló por la primera vez con San Juan Diego.

Los Caballeros de la Virgen, constituyen una Asociación Internacional de Derecho Pontificio fundada por Monseñor João Clá Dias, EP.
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