Misiones

13 de Octubre – Aniversario de la Última Aparición de la Virgen de Fátima

Aniversario de la Última Aparición de la Virgen de Fátima​
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noviembre 4, 2021

El 13 de octubre celebramos un aniversario más de la Última Aparición de Nuestra Señora en Fátima, en la que la Madre de Dios se dio a conocer como la “Señora del Rosario”.

Los Caballeros de la Virgen organizaron en Quito, Guayaquil y Cuenca una jornada de oración, con la recitación del Santo Rosario, Misas Solemnes y Coronación de la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.

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Destacados, Santos

La mayoría de los niños sabe responder de dónde viene el famoso Papá Noel: «¡Del Polo Norte!». Sin embargo, pocos conocen a San Nicolás.
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diciembre 6, 2021

Noche de paz, noche de amor! Ha nacido el niño Dios en un humilde portal de Belén…».

Después de los cantos que caracterizan la esperada Nochebuena, tan cargada de maravillas para las almas inocentes, y en medio a un ambiente de bienquerencia y expectativa que marca ese período del año ocurre algo insólito en los hogares…

Con la certeza de que todos ya se encuentran inmersos en un profundo sueño, a través de la chimenea de la casa o por alguna otra entrada que muchos hasta hoy no han descubierto, se cuela un personaje. Llega volando desde tierras lejanas montado en un curioso trineo tirado por renos, simulando una especie de carruaje, transporte éste en el cual todo niño ha deseado algún día subirse, aunque fuera en sueños…

Ahora bien, ¿qué hace ese misterioso visitante —curiosamente, al que nunca se le confunde con un ladrón— llegando esa madrugada navideña mientras todos ya están dormidos?

De barba siempre blanca y larga, se presenta con «sorpresas» escondidas en grandes sacos rojos: regalos de todo tipo, los cuales distribuye con abundancia y prodigalidad, como queriendo agradar sin esperar nada a cambio.

A este generoso personaje unos lo llaman Papá Noel y otros Santa Claus. Ambos nombres se refieren al mismo individuo, cuya fama es mundialmente conocida y perdura hasta nuestros días, más viva que nunca, dándonos la impresión de que es eterna.

Todo niño, de cualquier localidad del globo terráqueo, sabe decir de dónde viene: «¡Del Polo Norte!». Pero ¿acaso será éste de verdad su punto de partida? Lo cierto es que su viaje histórico se revela aún más lejano y fantástico que su mítica circunnavegación nocturna alrededor de la Tierra… Y en él nos vamos a adentrar.

San Nicolás bendice
San Nicolás bendicea un niño
Iglesia del Santo Cristo, Ciudadela de Menorca (España)

San Nicolás, defensor de la fe y generoso padre

En realidad, esta figura navideña no es tan imaginaria como parece. Se refiere a un varón de Asia Menor cuyo nacimiento se remonta al siglo III —por tanto, ¡no en el Polo Norte!—, concretamente donde hoy se localiza Turquía.

De nombre Nicolás, nació de una familia acomodada, en Licia, provincia romana situada junto al mar Mediterráneo. Por las virtudes que brillaban en su alma fue elegido obispo de Mira, una de las ciudades más importantes de la región, y ejercía su ministerio con energía y bondad.

Siempre celoso de la sana doctrina, tomó severas medidas contra el paganismo y combatió incansablemente las herejías. Pero sus obras de caridad para con el prójimo fueron las que lo hicieron célebre en todo el orbe cristiano.

Milagros hechos en vida

Uno de esos episodios se volvió conocido aún en vida, valiéndole la devoción de los fieles y una fuerte fama de santidad.

En aquella época había en Mira un juez que, bajo presión de soborno, condenó a muerte a tres hombres inocentes. Ahora bien, en el momento de la ejecución el bondadoso Nicolás apareció en el lugar, arrancó el arma de las manos del verdugo, reprendió al inicuo juez y les dio la libertad a los sentenciados.

Poco después ocurrió en Constantinopla otro hecho similar: tres oficiales fueron indebidamente condenados. ¡Pobre justicia temporal, tan a menudo regida por la infamia de la ambición en lugar del amor a la Verdad! Sin embargo, los reos habían presenciado la escena narrada arriba y no lo dudaron: llenos de devoción por la figura del imponente y paternal San Nicolás, se pusieron a rezar enseguida, rogándole que también los salvara, aunque desde la distancia… He aquí que esa misma noche el emperador Constantino soñó con el santo, que le ordenaba que liberara a aquellos infelices, ¡porque eran inocentes!

Al día siguiente, Constantino llamó a los tres condenados y al interrogarlos se enteró de que habían invocado a «Nicolás de Mira» para pedirle su auxilio. Conmovido, el emperador los soltó.

San Nicolás salvando a los tres inocentes,
por Mariotto di Nardo – Museos Vaticanos

¡Patrón de los niños!

San Nicolás murió el 6 de diciembre, a mediados del siglo IV. Las virtudes practicadas por este varón lo llevaron a alcanzar un alto grado de santidad y sus milagros post mortem le sirvieron para enaltecerlo aún más. De este modo se convirtió rápidamente en uno de los santos más conocidos de la Iglesia Católica.

Con respecto a él existen numerosos hechos cuya memoria ha perdurado por los siglos. Los marineros lo tienen como patrón y en ciertas regiones hasta hoy día conservan la costumbre de desearse unos a otros un buen viaje diciendo: «¡Que San Nicolás lleve tu timón!».

No obstante, el más famoso de sus títulos siempre fue el de «patrón de los niños». Esto se debe principalmente a dos episodios. El primero ocurrió cuando el santo obispo supo que el padre de tres muchachas tenía serios apuros financieros y no conseguía pagar la dote necesaria para el casamiento de sus hijas, lo que las llevaría a adoptar una vida errante…

Lleno de compasión por los miembros de esa familia, Nicolás se dirigió a la casa donde vivían y, escondido entre la penumbra de la noche, lanzó por la chimenea un saquito lleno de monedas de oro, con el fin de ayudarles. Así lo hizo tres veces. Algunas versiones de la historia llegan a afirmar que uno de esos generosos saquitos cayó justo dentro del calcetín de una de las jóvenes que estaba colgado de la chimenea secándose…

El segundo hecho consiste en un magnífico milagro obrado en vida por San Nicolás: la resurrección de tres chiquillos que habían sido ¡asesinados! Este acontecimiento fue el que terminó consagrándolo oficialmente como patrón y protector de los niños.

Así, en varios países se estableció la piadosa tradición de darle regalos a los más pequeños el 6 de diciembre, en honor de San Nicolás.

San Nicolás echando las monedas en el interior de la casa de las tres doncellas,
por Bicci di Lorenzo – Museo Metropolitano de Arte, Nueva York

¿Cómo pudo transformarse en Papá Noel?

Tras conocer tales maravillas es comprensible, querido lector, que por su cabeza ronde la siguiente duda: ¿Qué tiene que ver Papá Noel con esa descripción sobre San Nicolás? ¿Cómo llegó a convertirse el tan virtuoso obispo de Mira en un habitante del Polo Norte que, en una sola noche, les reparte regalos de Navidad a todos los niños del mundo?

La transformación del santo en una quimera tiene sus más remotos orígenes en la Reforma protestante. Así como muchos siglos atrás el emperador Diocleciano había intentado acabar con la persona de Nicolás, los reformadores trataron de borrar de la Historia y, sobre todo, de los corazones de los fieles el recuerdo de ese gran varón.

A la izquierda, portada de la revista «Harper’s Weekly» del 3 de enero de 1863, con una de las primeras representaciones del moderno Santa Claus;
en el centro , dibujo de Thomas Nast para la misma publicación;
a la derecha, una de las ilustraciones creadas por Haddon Sundblom para Coca-Cola en las décadas de 1920 y 1930

Sin embargo, la devoción a él estaba tan arraigada en Europa que no desapareció por completo. La figura de San Nicolás se mezcló con entes mitológicos, alguno de ellos bastante antipáticos y agresivos, dando origen a personajes como el Sinterklaas holandés, que pasó al Nuevo Mundo con los emigrantes de esa nación.

A lo largo del siglo XIX, fue tomando en Nueva York su actual fisonomía. En 1822 el poeta Clement Moore escribió un libro titulado A Visit from Saint Nicholas, en el cual presentaba a un personaje procedente del norte, en un trineo tirado por renos voladores. Años más tarde, en 1863, el caricaturista político Thomas Nast hizo un dibujo para la revista Harper’s Weekly, en el cual ya presentaba las características que hoy conocemos: un hombre de edad avanzada, corpulento, risueño, de poblada barba blanca.

Desde entonces varias empresas comenzaron a aprovecharse de esa figura navideña como medio de publicidad, incluso Coca-Cola, responsable de consagrar definitivamente su traje rojo y blanco, en 1920.

¡Festejemos la Navidad con auténtico espíritu de fe!

Como puede verse, Santa Claus es, por tanto, la distorsión del santo y generoso obispo de Mira, patrón de los navegantes, de los niños y de muchos lugares.

Aquel virtuoso varón que brilló por su caridad y supo proclamar la verdadera fisonomía cristiana de la Navidad fue sustituido por el laico Papá Noel que hoy conocemos y transformado en propagador del consumismo. Para muchos hombres de hoy, Santa Claus está en el centro de todas las conmemoraciones, ocupando el sitio del Niño Jesús, ¡causa y alegría de la Navidad!…

Por consiguiente, mucho más que simples nomenclaturas históricas, se podría decir que esos personajes —Papá Noel y San Nicolás— simbolizan, ante el sublime hecho del Nacimiento del Divino Infante, dos mentalidades opuestas: una es la de los que, con sus horizontes puestos en este mundo terrenal, «vuelan» por los aires de las fantasías frívolas presentadas por el consumismo; la otra es la de los que con alegría y fe preparan sus almas para recibir en la Navidad no solamente al simpático obispo de Mira con sus regalos, ¡sino al mismo Hombre Dios!

Pidamos, pues, la intercesión de San Nicolás, a fin de que nos conceda en esta Navidad los regalos espirituales de los que carecen nuestras almas, para que, como él, podamos ser generosos, retribuyendo con una vida pura todo el amor que emana del corazoncito del Niño Jesús por cada uno de nosotros.

Así, más que esperar regalos que perecen, sepamos prepararnos para el premio eterno, haciendo nuestra ofrenda de amor y gratitud al Divino Infante en la conmemoración de su natalicio.

Que la Navidad de este año de 2020 sea enaltecida por los coros angélicos como siendo la noche de paz que contempló por primera vez a su Creador y Señor omnipotente en un frágil niñito, rodeado por los brazos virginales de María Santísima. Y que todo el orbe sepa reconocer en esta misteriosa noche la grandeza de un Dios que se hizo hombre, a fin de hacernos como Dios.

Autor: Hna. Antonella Ochipinti, EP

Revista Heraldos del Evangelio.

Destacados, María Santísima

En todas partes fue un instrumento de misericordia, arma terrible contra el demonio, remedio para muchos males.
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noviembre 16, 2021

La Medalla Milagrosa fue acuñada y se difundió con una sorprendente rapidez por el mundo entero, y en todas partes fue un instrumento de misericordia, arma terrible contra el demonio, remedio para muchos males, medio simple y prodigioso de conversión y de santificación.

Santa Catalina Labouré.

Ella se llamaba Catalina, o Zoé, para los más íntimos. Su mayor alegría era llevar la ración diaria para la multitud de palomas que habitaban la torre cuadrada del palomar de su casa. Cuando avistaban a la campesina, las aves se lanzaban en dirección a ella,
envolviéndola, sumergiéndola, pareciendo querer arrebatarla y arrastrarla para las alturas.

Cautiva de aquella palpitante nube, Catarina reía, defendiéndose contra las más precipitadas, acariciando las más tiernas, dejando su mano deslizar por la blancura de aquellos suaves pelajes. Durante toda la vida, guardará nostalgia de las palomas de su infancia: «Eran casi 800 cabezas», acostumbraba a decir, no sin una puntita de tímido orgullo…

Catarina Labouré (se pronuncia «Laburre») vino al mundo en 1806, en la provincia francesa de Borgoña, bajo el cielo de Fain-les-Moutiers, donde su padre poseía una estancia y otros bienes. A los nueve años perdió a la madre, una distinguida señora perteneciente a la pequeña burguesía local, de espíritu cultivado y alma noble, y de un heroísmo doméstico ejemplar. Abalada por el rudo golpe, desecha en lágrimas, Catalina abraza una imagen de la Santísima Virgen y exclama: «De ahora en adelante, Vosotros seréis mi madre!»

Nuestra Señora no decepcionará a la muchacha que se entregaba a Ella con tanta devoción y confianza. A partir de entonces, la adoptó como hija dilecta, alcanzándole gracias superabundantes que solo hicieron crecer su alma inocente y generosa. Esa encantadora guardiana de palomas, en cuyos límpidos ojos azules se estampaban la salud, la alegría y la vida, así como la gravedad y sensatez venidas de las responsabilidades que temprano pesaron sobre sus jóvenes hombros, esa pequeña ama de casa modelo (y aún iletrada) tuvo sus horizontes interiores abiertos a la contemplación, conducentes a una hora de suprema magnificencia.

Con las Hijas de San Vicente.

Cierta vez, un sueño dejó a Catalina intrigada. En la iglesia de Fain-les-Moutiers, ella ve un viejo y desconocido sacerdote celebrando la Misa, cuya mirada la impresiona profundamente. Terminado el Santo Sacrificio, él hace una señal para que Catalina se aproxime.

Temerosa, ella se aleja, entretanto fascinada por aquella mirada. Aún en el sueño, sale a visitar a un pobre enfermo, y reencuentra al mismo sacerdote, que esta vez le dice: «Hija mía, tú ahora te escapas… pero un día serás feliz en venir hasta mí. Dios tiene designios para ti. No te olvides de eso». Al despertar, Catalina repasa en su mente aquel sueño, sin comprenderlo…

Algún tiempo después, ya con 18 años, ¡una inmensa sorpresa! Al entrar en el locutorio de un convento en Châtillon-sur-Seine, ella se depara con un cuadro en el cual está retratado precisamente aquel anciano de penetrante mirada: es San Vicente de Paul, Fundador de la congregación de las Hijas de la Caridad, que así confirma e indica la vocación religiosa de Catalina.

En efecto, a los 23 años, venciendo todos los intentos del padre para alejarla del camino que el Señor le trazara, Catalina abandona para siempre un mundo que no estaba a su nivel, y entra como postulante en aquel mismo convento de Chântillon-sur-Seine. Tres meses después, el 21 de abril de 1830, es aceptada en el noviciado de las Hijas de la Caridad, situado en la Rue du Bac, en Paris, donde toma el hábito en enero del año siguiente.

Primera aparición.

La primera tuvo lugar en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, fecha en que las Hijas de la Caridad celebran la fiesta de su santo Fundador. De todo cuanto entonces sucedió, dejó Catalina minuciosa descripción:

La Madre Marta nos hablara sobre la devoción a los santos, en particular sobre la devoción a la Santísima Virgen – lo que me dio deseos de verla – y me acosté con ese pensamiento: que en esta noche, yo vería a mi Buena Madre. Como nos habían distribuido un pedazo

del roquete de lino de San Vicente, corté la mitad y la tragué, adormeciendo con el pensamiento de que San Vicente me daría la gracia de contemplar a la Santísima Virgen. En fin, a las once y media de la noche, oí a alguien llamarme:

– ¡Hermana Labouré! ¡Hermana Labouré!

Despertando, abrí la cortina y vi a un niño de cuatro a cinco años, vestido de blanco, que me dijo:

– ¡Levantaos de prisa y venid a la Capilla! La Santísima Virgen os espera.

Luego me vino el pensamiento de que las otras hermanas iban a oírme. Pero, el niño me dijo:

– Quedaos tranquila, son once y media; todas están profundamente dormidas. Venid, yo os espero.

Me vestí de prisa y me dirigí a lado del niño, que permaneció de pie sin alejarse de la cabecera de mi lecho. Yo lo seguí. Siempre a mi izquierda, él lanzaba rayos de claridad por todos los lugares donde pasábamos, en los cuales los candeleros estaban encendidos, lo que me espantaba mucho. Sin embargo, mucho más sorprendida quedé al entrar en la capilla: luego que el niño tocó la puerta con la punta del dedo, ella se abrió. Y mi espanto fue todavía más completo cuando vi todas las velas y candelabros encendidos, lo que me recordaba la misa de media noche. Entre tanto, yo no veía a la Santísima Virgen.

El niño me condujo adentro del santuario, hasta el lado de la silla del director espiritual*. Allí me arrodillé, mientras el niño continuó de pie. Como el tiempo de espera me estaba pareciendo largo, miré hacia la galería para ver si las hermanas encargadas de la vigilia nocturna no pasaban por allí.

Por fin, llegó el momento. El niño me alertó, diciendo:

– ¡Es la Santísima Virgen! ¡Hela aquí!

En ese instante, Catalina escucha un ruido, como el ligero sonido de un vestido de seda, viniendo de lo alto de la galería. Levanta los ojos y ve a una señora con un traje color marfil, que se prosterna delante del altar y viene a sentarse en la silla del Padre Director.

La vidente estaba en la duda si aquella era Nuestra Señora. El niño, entonces, no más con timbre infantil, sino con voz de hombre y en tono autoritario, dijo:

– ¡Es la Santísima Virgen!

La Hermana Catalina recordaría después:

Di un salto junto a Ella, me arrodillé al pie del altar, con las manos apoyadas en las rodillas de Nuestra Señora… Allí se pasó el momento más dulce de mi vida. Me sería imposible exprimir todo lo que sentí.

Ella dijo como me debo conducir junto a mi director espiritual, como comportarme en mis sufrimientos venideros, mostrándome con la mano izquierda el pie del altar, donde yo debo venir a lanzarme y expandir mi corazón. Allá recibiré todas las consolaciones que necesito. Yo le pregunté lo que significaban todas las cosas que viera y Ella me explicó todo:

– Hija mía, Dios quiere encargarte una misión. Tendrás mucho que sufrir, sin embargo, has de soportar, pensando que lo harás para la gloria de Dios. Sabrás (discernir) lo que es de Dios. Serás atormentada, hasta por lo que dijeres a quien está encargado de dirigirte. Serás

contrariada, pero tendrás la gracia. No temas. Decid todo con confianza y simplicidad. Serás inspirada en tus oraciones. El tiempo actual es muy ruin. Calamidades van a abatirse sobre Francia. El trono será derrumbado. El mundo entero se verá trastornado por males de todo tipo (la Santísima Virgen tenía un aire muy entristecido al decir eso). Pero vengan al pie de este altar: ahí las gracias serán derramadas sobre todas las personas, grandes y pequeñas, particularmente sobre aquellas que las pidan con confianza y fervor. El peligro será grande, sin embargo, no debes temer: Dios y San Vicente protegerán a esta Comunidad.

Segunda aparición

Cuatro meses transcurrieron desde aquella prodigiosa noche en que Santa Catalina contemplara por la primera vez a la Santísima

Virgen. En la inocente alma de la religiosa crecían las añoranzas de aquel bendito encuentro y el deseo intenso de que le fuese concedido de nuevo el augusto favor de volver a ver a la Madre de Dios. Y así fue atendida.

Era 27 de noviembre de 1830, sábado. A las cinco y media de la tarde, las Hijas de la Caridad se encontraban reunidas en su capilla de la Rue du Bac para el acostumbrado período de meditación. Reinaba perfecto silencio en las hileras de las monjas y novicias. Como las demás, Catarina se mantenía en profundo recogimiento. Súbitamente…

Me pareció oír, del lado de la galería, un ruido como el sonido ligero de un vestido de seda. Habiendo mirado para ese lado, vi a la Santísima Virgen a la altura del cuadro de San José. De estatura media, su rostro era tan bello que me sería imposible decir su belleza.

La Santísima Virgen estaba de pie, trayendo un vestido de seda blanco-aurora, hecho según el modelo que se llama a la Vierge, mangas lisas, con un velo blanco que le cubría la cabeza y descendía de cada lado hasta abajo. Bajo el velo, vi los cabellos repartidos al medio, y por arriba un encaje de más o menos tres centímetros de altura, sin fruncido, esto es, apoyado ligeramente sobre los cabellos. El rostro bastante descubierto, los pies posados sobre una media esfera. En las manos, elevadas a la altura del estómago de manera muy natural, Ella traía una esfera de oro que representaba el globo terrestre. Sus ojos estaban vueltos hacia el Cielo… Su rostro era de una incomparable belleza. Yo no sabría describirlo…

De repente, percibí en sus dedos anillos revestidos de bellísimas piedras preciosas, cada una más linda que la otra, algunas mayores, otras menores, lanzando rayos para todos lados, cada cual más estupendo que el otro. De las piedras mayores partían los más magníficos fulgores, ampliándose a medida que descendían, lo que llenaba toda la parte inferior del lugar. Yo no veía los pies de Nuestra Señora.

En ese momento, cuando yo estaba contemplando a la Santísima Virgen, Ella bajó los ojos, fijándolos en mí. Y una voz se hizo oír en el fondo de mi corazón, diciendo estas palabras:

– La esfera que ves representa al mundo entero, especialmente Francia… y cada persona en particular…

No se exprimir lo que sentí y lo que vi en ese instante: el esplendor y la cintilación de rayos tan maravillosos…

– Estos (rayos) son el símbolo de las gracias que Yo derramo sobre las personas que más piden – agregó Nuestra Señora, haciéndome comprender cuan agradable es rezar a Ella, cuanto Ella es generosa con sus devotos, cuantas gracias concede a las personas que las ruegan, y que alegría Ella siente al concederlas.

– Los anillos de los cuales no parten rayos (dirá después la Santísima Virgen), simbolizan las gracias que se olvidan de pedirme.

En ese momento se formó un cuadro en torno a Nuestra Señora, un poco oval, en lo alto del cual estaban las siguientes palabras: «Oh María concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a Vos», escritas en letras de oro.
Una voz se hizo oír entonces, diciéndome:

– Haced acuñar una medalla conforme este modelo. Todos los que la usen, trayéndola al cuello, recibirán grandes gracias. Estas serán abundantes para aquellos que la usen con confianza…

En ese instante, el cuadro me pareció girar y vi el reverso de la medalla: en el centro, el monograma de la Santísima Virgen, compuesto por la letra «M» encimada por una cruz, la cual tenía una barra en su base. Abajo figuraban los Corazones de Jesús y de María, el

primero coronado de espinas, y el otro, traspasado por una espada. Todo desapareció como algo que se extingue, y quedé repleta de buenos sentimientos, de alegría y de consolación.

Santa Catalina dirá, más tarde a su Director Espiritual haber visto las figuras del verso de la medalla contornadas por una guirnalda de doce estrellas. Tiempos después, pensando si algo más debía serles agregado, oyó durante la meditación una voz que decía:

– La M y los dos corazones son suficientes.

Tercera aparición.

Pasados algunos días, en diciembre de 1830, Nuestra Señora apareció por tercera y última vez a Santa Catalina. Como en la visión anterior, Ella vino en el período de meditación vespertina, haciéndose preceder por aquel característico ruido ligero de su vestido de seda. De allí a poco, la vidente contemplaba a la Reina del Universo, en su traje color de aurora, revestida de un velo blanco, asegurando nuevamente un globo de oro con una pequeña cruz arriba. Dos anillos adornados de piedras preciosas, con intensidades diversas, la misma luz, radiante como la del sol. Contó después Santa Catalina:

Es imposible expresar lo que sentí y comprendí en el momento en que la Santísima Virgen ofrecía el Globo a Nuestro Señor. Como estaba con la atención ocupada en contemplar a la Santísima Virgen, una voz se hizo oír en el fondo de mi corazón: Estos rayos son símbolo de las gracias que la Santísima Virgen obtiene para las personas que las piden.

Estaba yo, llena de buenos sentimientos, cuando todo desapareció como algo que se apaga. Y quedé repleta de alegría y consolación…

El acuñar de las primeras medallas.

Se encerraba así el ciclo de las apariciones de la Santísima Virgen a Santa Catalina. Esta, entretanto, recibió un consolador mensaje: «Hija mía, de aquí en adelante no me verás más, sin embargo, oirás mi voz durante tus oraciones». Todo cuanto presenciara y le fuera transmitido, Santa Catalina relató a su director espiritual, el padre Aladel, que mucho dudó en darle crédito. Él consideraba soñadora, visionaria y alucinada a esa novicia que todo le confiaba e insistentemente imploraba:

– ¡Nuestra Señora quiere esto… Nuestra Señora está descontenta…es necesario acuñar la medalla!

La Medalla en tiempo de pandemia...

Dos años de tormento trascurrieron. Por fin, el padre Aladel resuelve consultar al Arzobispo de París, Mons. Quelen, que lo anima a llevar adelante ese santo emprendimiento. Solo entonces encomienda a la Casa Vachette las primeras veinte mil medallas. El cuñaje iba empezar, cuando una epidemia de cólera, venida de Rusia a través de Polonia, irrumpió en París el 26 de marzo de 1832, esparciendo la muerte y la calamidad. La devastación fue tal que, en un único día, se registraron 861 víctimas fatales, siendo que el total de óbitos aumentó a más de veinte mil.

Las descripciones de la época son aterradoras: el cuerpo de un hombre en perfectas condiciones de salud se reducía al estado de esqueleto en apenas cuatro o cinco horas. Casi en un piscar de ojos, jóvenes llenos de vida tomaban aspecto de viejos carcomidos, y luego después eran horripilantes cadáveres.

En los últimos días de mayo, cuando la epidemia pareció retroceder, se inició de hecho el cuñaje de las medallas. Entretanto, en la segunda quincena de junio, un nuevo brote de la tremenda enfermedad lanzaba una vez más el pánico entre el pueblo. Finalmente, la Casa Vachette entregó en el día 30 de ese mes las primeras 1500 medallas, que luego fueron distribuidas por las Hijas de la Caridad y abrieron un interminable cortejo de gracias y milagros.

Ángeles

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septiembre 9, 2021

  Aproximadamente desde el siglo VI se conmemora la existencia de los tres Arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. La fiesta es celebrada por la iglesia el 29 de Septiembre de cada año; ya que según la Sagrada Escritura son los mensajeros de Dios y «poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra» (Sal 103, 20), y «enviados para servir a los que deben heredar la salvación» (Heb 1, 14).

  Numerosas son las situaciones en las que las escrituras nos cuentan como los ángeles cumplen una misión importante en la vida de Jesús; como cuando el Arcángel Gabriel anuncia a María la venida de Jesús y luego a José le revela también el misterio de la maternidad de la Virgen. Mediadores de grandes acontecimientos e intercesores que batallan espiritualmente por toda la humanidad.
  En la Sagrada Biblia se menciona el nombre de tres Arcángeles; Miguel, Rafael y Gabriel, cada uno con un significado y una misión.

San Miguel "Quien como Dios" del hebreo "Mija-El"

  El pimero de los tres Arcángeles es el Príncipe de los demás ángeles, defensor de los cristianos que gana victorias ante el enemigo; por lo que la Iglesia Católica le tiene gran devoción al pedir ayuda contra los ataques de satanás.

El Dr. Plinio Correa de Oliveira comentó: «San Miguel comandó la lucha contra los demonios y los precipitó al Infierno. El es el jefe de los Ángeles de la Guarda de los individuos y de las instituciones. El es el mismo Ángel de la Guarda de la Institución por excelencia, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.» (Extraído de conferencia del 28/09/1966)

Oración

  San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla: sé nuestra protección contra la malicia y las acechanzas del diablo. Reprímalo Dios, suplicamos humildemente: y tú, oh príncipe de la milicia celestial, arroja a los infiernos a satanás y a los otros espíritus malignos que andan sueltos por el mundo, para causar la perdición de las almas. Amén.

Asista al Video en nuestro Canal.

San Gabriel "Dios es mi protector" "Fortitudo Dei" (Fortaleza de Dios)

  El Arcángel mensajero; quien trajo al mundo la bella noticia, quien anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan Bautista y quien declara «Yo soy Gabriel que asisto a la vista de Dios» (Lc, 1, 19).

Oración

  Dios, señor nuestro, imploramos tu clemencia para que habiendo conocido tu Encarnación por el anuncio del Arcángel San Gabriel, con el auxilio suyo consigamos también sus beneficios. Por Jesucristo nuestro señor. Amén.

Asista al Video en nuestro canal.

San Rafael "Dios te sana"

  El Arcángel que aleja enfermedades y protege en los viajes; aparece en las escrituras en el libro de Tobías, curándolo de su ceguera y acompañando al hijo de este en un peligroso viaje para luego conseguirle una esposa.

Oración

  Arcángel San Rafael, que dijiste: bendecid a Dios todos los días y proclamad sus beneficios. Practicad el bien y no tropezareis en el mal. Buena es la oración con ayuno y hacer limosna mejor que atesorar oro, te suplico me acompañes en todos mis caminos y me alcances gracias para seguir tus consejos. Amén.

Asista al Video en nuestro canal.

Destacados, Oraciones

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noviembre 18, 2021

Oración - Stella Caeli

¡Oh! Estrella del Cielo, que nutriste al Señor y extirpaste la peste de la muerte que el primer hombre implantó.
Que esta Estrella se digne ahora calmar el Cielo, cuya ira hiere al pueblo con la plaga de la muerte.
¡Oh! Piadosísima Estrella del Mar, socórrenos de la peste. Óyenos, Señora, pues Tu hijo te honra nada negándote.
Salva, Jesús, a aquellos por quienes Tu Madre Virgen intercede.

Amén.

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