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13 de Octubre – Aniversario de la Última Aparición de la Virgen de Fátima

Aniversario de la Última Aparición de la Virgen de Fátima​
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El 13 de octubre celebramos un aniversario más de la Última Aparición de Nuestra Señora en Fátima, en la que la Madre de Dios se dio a conocer como la “Señora del Rosario”.

Los Caballeros de la Virgen organizaron en Quito, Guayaquil y Cuenca una jornada de oración, con la recitación del Santo Rosario, Misas Solemnes y Coronación de la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.

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María Santísima

Nuestra Señora del Pilar es la primera devoción a la Madre de Dios.
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octubre 28, 2021

Nuestra Señora del Pilar es la primera devoción a la Madre de Dios. Cuando Jesucristo, antes de regresar al Padre, les dio a sus Apóstoles y discípulos las últimas instrucciones referentes a la misión que les encomendaba en esta Tierra, les dijo: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

Indicándoles con esto que el anuncio de la Buena Nueva no debía restringirse sólo al Pueblo Elegido, sino que, por el contrario, debía abarcara todos los hombre.

Misteriosos fueron los caminos que el Señor escogió para hacer efectivo ese mandato. Las primeras predicaciones de los Apóstoles, inmediatamente después de Pentecostés, tuvieron lugar en Jerusalén (cf. Hch 2, 41ss). Produjeron tal avalancha de conversiones que hizo estallar el odio del sanedrín contra ellos.

Entonces, comenzó una oleada de violentas persecuciones, aguza das en el período en el que —a causa de la salida de Pilato del gobierno de Judea— se creó un vacío de mando y el sanedrín tuvo de hecho el poder en sus manos.

Por eso, muchos cristianos se vieron obligados a huir hacia otras tierras, llevando con ellos el testimonio de una fe acrisolada por las probaciones.

Eran la levadura que empezaba a penetrar en la masa del mundo pagano para transformarlo desde dentro por completo.

En ese momento histórico fue, sin duda, cuando varios Apóstoles partieron hacia tierras de misión.

Y a uno de ellos, como lo había profetizado el Maestro, le tocó viajar hasta “el confín de la tierra” (Hch 1, 8) conocida por aquel entonces, hasta el mismo finis terræ, delimitado por las mitológicas columnas de Hércules: Hispania, una de las más prósperas colonias del Imperio, rica en recursos minerales y cuya gente se había integrado en la estructura administrativa y cultural de Roma.

Difícil misión para el “hijo del trueno”.

Según una venerable tradición, le correspondió este encargo a Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo. Debió llegar a la Península Ibérica a bordo de algún barco fletado por judíos de la diáspora, pues numerosos escritos de la Antigüedad cristiana mencionan, desde el siglo III, aspectos de su presencia en esa región.

Muy poco se conoce, no obstante, sobre las circunstancias de su predicación. A respecto del lugar en que el apóstol arribó y el recorrido que siguió, los datos disponibles permiten tan sólo aventurar hipótesis.

Sin embargo, se puede dar por sentado que en el año 40 se encontraba en la ciudad de Cæsaraugusta (actual Zaragoza) donde, después de infaustas labores misioneras, había obtenido frutos muy modestos.

Según consta, sólo siete familias habían abrazado la fe en Cristo en toda la nación. Éstas lo acompañaban en sus lides por la expansión del Reino.

Grande tuvo que ser la probación por la que el “hijo del trueno” pasó al constatar unos resultados tan por debajo de los anhelos de un alma fogosa como la suya, que había presenciado las proficuas predicaciones en Jerusalén, con multitudes enteras convirtiéndose a la Ley Evangélica.

 Y bien podemos suponer que el demonio del desánimo hubiera llamado a las puertas de su corazón… Confianza y oración eran las únicas armas a su alcance en esta difícil coyuntura, y se dispuso a usarlas.

Inesperada y animadora visita de Nuestra Señora.

La madrugada del 2 de enero del año 40, el apóstol Santiago salió del recinto amurallado de Cæsaraugusta para ir a la orilla del río Ebro a rezar los salmos del Dios verdadero, costumbre judía que los primeros cristianos aún conservaban.

Seguramente estaría pensando en el desdén con que los habitantes de aquella ciudad, inmersos en el paganismo y en el vicio, despreciaban la invitación a la verdadera vida.

Había llegado el momento escogido por la Providencia para marcar por los siglos a una nación entera.

De repente, una intensa luz envolvió el ambiente y una gran multitud de la milicia celestial se hizo visible. Pero aquella fabulosa visión, que contrastaba con la dura prueba por la cual estaba pasando el apóstol, no era sino el marco de lo que vendría enseguida.

María Santísima, la Madre de Jesús, que aún estaba viva y moraba en Jerusalén, llegaba sobre una nube traída por manos angélicas hasta el sitio donde se encontraba Santiago.

Junto a Ella, otros espíritus celestiales portaban una columna de jaspe, de la altura de un hombre y de un palmo de diámetro. La pusieron en el suelo y la Virgen se posó sobre ella, saludando con afecto al intrépido apóstol, que contemplaba extasiado el inaudito espectáculo.

Por un singular privilegio, Santiago iba a recibir directamente de los labios de Nuestra Señora el consuelo y ánimo que necesitaba para continuar con determinación su batalla, seguro de que las dificultades del momento constituían tan sólo una prueba cuya superación le traería abundantes frutos espirituales.

 Y como prenda de este celestial mensaje, Nuestra Señora quiso dejarle al hijo de Zebedeo el pedestal sobre el que había pronunciado palabras semejantes a estas:

“Mira esta columna en que me asiento. Sabe que mi Hijo la ha enviado desde lo alto por manos de los ángeles.

En este lugar la virtud del Altísimo obrará prodigios y milagros admirables por mi intercesión y reverencia a favor de aquellos que imploren mi auxilio en sus necesidades, y la columna permanecerá en este lugar hasta el fin del mundo, y nunca faltarán en esta ciudad fieles adoradores de Cristo”.

Concluida la celestial e inesperada visita, Santiago se encontró nuevamente a solas con sus discípulos.

Podemos imaginar la alegría que se apoderaría de aquel reducido grupo de cristianos: la Madre de Dios había ido a consolarlos en la tribulación, dejándoles un peculiar símbolo del que, como fruto de su apostolado, debería ser la fe inquebrantable de aquel pueblo.

Los primordios del actual santuario de Nuestra Señora del Pilar.

De cualquier forma, los frutos de la predicación del apóstol y su pequeño grupo de seguidores no se hicieron esperar. A partir de ese momento la fe comenzó a crecer con fuerza tanto en Zaragoza como en el resto de la Península Ibérica.

San Pablo ya hablaba de la existencia de una Iglesia en España (cf. Rm 15, 24) y son constantes las referencias a ella en el transcurso de la Historia.

Y cuando en el siglo IV empezó la persecución de Diocleciano, Santa Engracia y sus compañeros escribieron con su sangre en aquella ciudad el bellísimo episodio de los “innumerables mártires”, narrado por el poeta Prudencio en su obra Peristephanon.

Nuestra Señora del Pilar, inabalável durante dois mil anos.

Fundada por los íberos en el tercer siglo de la Era Antigua, Zaragoza experimentó a lo largo de su multisecular historia el influjo de diversas razas y culturas que modelaron poco a poco el carácter de su gente.

Cerca de quince años antes del nacimiento de Cristo se transformó en una ciudad romana, adquiriendo el nombre de Cæsaraugusta , en honor al emperador.

Más tarde fue habitada por visigodos, conquistada por musulmanes, reconquistada por los cristianos y, en tiempos más recientes, dominada por los franceses durante la invasión napoleónica.

Pero, en medio de todas esas vicisitudes, algo se mantuvo inalterado a despecho de tanta desgracia.

Desde el siglo I de la Era Cristiana hasta nuestros días, late en el corazón de los zaragozanos la fe católica profesada bajo el manto de Nuestra Señora del Pilar, devoción que ni las furibundas persecuciones romanas, ni la dominación visigótica, ni el orgullo de la herejía arriana, ni la invasión sarracena, ni las bayonetas del ejército de Napoleón, cargadas de odio revolucionario contra la Religión, consiguieron destruir.

Ante el oleaje de la Historia, impulsado a menudo por una saña anticristiana, el Pilar y el culto a Nuestra Señora permanecieron imperturbables, por merced de la especial protección profetizada por María en el momento de su aparición.

Intolerancia de los Almorávides.

Dejemos para otra ocasión los interesantes acontecimientos ocurridos durante las dominaciones germánicas y situémonos en la segunda década del siglo VIII, cuando, aprovechando la decadencia de la dinastía visigoda, los guerreros del Islam conquistaron la casi totalidad de la Península Ibérica.

Los nuevos señores de las Españas, dependiendo de las circunstancias concretas con las que se encontraban en cada parte, impusieron condiciones muy diversas a la práctica de la Religión católica, que variaban desde la persecución declarada hasta una tolerancia benévola.

En Zaragoza el culto fue autorizado, aunque con pesadas restricciones, entre ellas la prohibición de hacer cualquier reparación en los templos, lo que lleva a preguntarse qué estado tendrían esos edificios a medida que las décadas y los siglos hicieran sentir sobre ellos sus efectos…

Casi cuatro siglos llevaba la población bajo el dominio sarraceno cuando en 1118 Alfonso I el Batallador, un rey joven y emprendedor, acometió la reconquista de la ciudad.

El obispo Bernardo, expulsado poco tiempo antes de la sede cesaraugustana por la creciente intolerancia de los almorávides, acababa de fallecer; entonces como sustituto el monarca propuso al Papa Gelasio II el nombramiento de un virtuoso clérigo francés llamado Pedro de Librana.

El Sumo Pontífice, que se encontraba en el sur de Francia, le confirió la ordenación episcopal y colmó de beneficios espirituales a los que otorgasen alguna limosna para la reparación de la ciudad y de su iglesia.

Recuperada finalmente la ciudad, el nuevo obispo se puso manos a la obra para hacer efectivo el deseo manifestado por el Santo Padre de promover la restauración del vetusto recinto.

Entre otras disposiciones, envió una carta a todos los fieles de la cristiandad, en la que menciona a esta iglesia como siendo “prevalente” y la que “antecede a todas por su bienaventurada y antigua nombradía de santidad y dignidad”.

Ahora bien, si en el siglo XII ya era conocido en toda Europa, como lo atestigua la naturalidad con la que Mons. Pedro de Librana habla de él, no se puede negar que existiera antes de la invasión sarracena.

Pues si durante ese período de cuatro siglos, como hemos visto, no se le permitió a nadie realizar reforma alguna en los templos cristianos, a fortiori estaba prohibido edificar uno nuevo.

A partir de ese momento, la historia de la iglesia de Santa María de Zaragoza, como era conocida entonces, puede ser acompañada a través de los documentos que atestiguan los hechos más importantes ocurridos allí.

De éstos, destacaremos tan sólo dos que confirman la profecía hecha por la Virgen en su aparición al apóstol Santiago: “la columna permanecerá en este lugar hasta el fin del mundo”.

Ángeles

En la Sagrada Biblia se menciona el nombre de tres Arcángeles; Miguel, Rafael y Gabriel, cada uno con un significado y una misión.
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enero 28, 2022

Aproximadamente desde el siglo VI se conmemora la existencia de los tres Arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. La fiesta es celebrada por la iglesia el 29 de Septiembre de cada año; ya que según la Sagrada Escritura son los mensajeros de Dios y «poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra» (Sal 103, 20), y «enviados para servir a los que deben heredar la salvación» (Heb 1, 14).

Numerosas son las situaciones en las que las escrituras nos cuentan como los ángeles cumplen una misión importante en la vida de Jesús; como cuando el Arcángel Gabriel anuncia a María la venida de Jesús y luego a José le revela también el misterio de la maternidad de la Virgen. Mediadores de grandes acontecimientos e intercesores que batallan espiritualmente por toda la humanidad.

En la Sagrada Biblia se menciona el nombre de tres Arcángeles; Miguel, Rafael y Gabriel, cada uno con un significado y una misión.

San Miguel "Quien como Dios" del hebreo "Mija-El"

El pimero de los tres Arcángeles es el Príncipe de los demás ángeles, defensor de los cristianos que gana victorias ante el enemigo; por lo que la Iglesia Católica le tiene gran devoción al pedir ayuda contra los ataques de satanás.

El Dr. Plinio Correa de Oliveira comentó: «San Miguel comandó la lucha contra los demonios y los precipitó al Infierno. El es el jefe de los Ángeles de la Guarda de los individuos y de las instituciones. El es el mismo Ángel de la Guarda de la Institución por excelencia, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.» (Extraído de conferencia del 28/09/1966)

Oración

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla: sé nuestra protección contra la malicia y las acechanzas del diablo. Reprímalo Dios, suplicamos humildemente: y tú, oh príncipe de la milicia celestial, arroja a los infiernos a satanás y a los otros espíritus malignos que andan sueltos por el mundo, para causar la perdición de las almas. Amén.

San Gabriel "Dios es mi protector" "Fortitudo Dei" (Fortaleza de Dios)

El Arcángel mensajero; quien trajo al mundo la bella noticia, quien anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan Bautista y quien declara «Yo soy Gabriel que asisto a la vista de Dios» (Lc, 1, 19).

Oración

Dios, señor nuestro, imploramos tu clemencia para que habiendo conocido tu Encarnación por el anuncio del Arcángel San Gabriel, con el auxilio suyo consigamos también sus beneficios. Por Jesucristo nuestro señor. Amén.

San Rafael "Dios te sana"

El Arcángel que aleja enfermedades y protege en los viajes; aparece en las escrituras en el libro de Tobías, curándolo de su ceguera y acompañando al hijo de este en un peligroso viaje para luego conseguirle una esposa.

Oración

Arcángel San Rafael, que dijiste: bendecid a Dios todos los días y proclamad sus beneficios. Practicad el bien y no tropezareis en el mal. Buena es la oración con ayuno y hacer limosna mejor que atesorar oro, te suplico me acompañes en todos mis caminos y me alcances gracias para seguir tus consejos. Amén.

Misiones

Aniversario de la Última Aparición de la Virgen de Fátima​
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noviembre 4, 2021

El 13 de octubre celebramos un aniversario más de la Última Aparición de Nuestra Señora en Fátima, en la que la Madre de Dios se dio a conocer como la “Señora del Rosario”.

Los Caballeros de la Virgen organizaron en Quito, Guayaquil y Cuenca una jornada de oración, con la recitación del Santo Rosario, Misas Solemnes y Coronación de la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.

San José

"El señor buscó un hombre según su corazón". Y este hombre fue San José.
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marzo 19, 2022

Desde toda la eternidad, cuando la Encarnación del Verbo fue determinada por la Santísima Trinidad, Dios Padre quiso que la llegada de su Hijo al mundo fuese revestida con la suprema pulcritud que conviene a un Dios.

El Señor buscó un hombre según su corazón.

A pesar de los aspectos de pobreza y humildad con los cuales habría de mostrarse, Él debería nacer de una Virgen concebida sin pecado original, reuniendo en sí las alegrías de la maternidad y la flor de la virginidad.

Pero era indispensable la presencia de alguien capaz de asumir la figura de padre delante el Verbo de Dios hecho hombre. Para eso, bien podemos aplicar las palabras dichas por la Escritura sobre el Rey David:

«El señor buscó un hombre según su corazón». Y este hombre fue San José.

Grandeza de alma mayor que la de los Antiguos Patriarcas.

Para formarnos una idea de quién fue San José, precisamos considerar que él fue esposo de Nuestra Señora y padre adoptivo del niño Jesús.

El esposo debe ser proporcional a la esposa. Ahora, ¿quién es Nuestra Señora? Ella es, de lejos, la más perfecta de todas las criaturas, la obra-prima del Altísimo.

Si sumamos las virtudes de todos los ángeles, de todos los santos y todos los hombres hasta el fin del mundo, no tendremos siquiera una pálida idea de la sublime perfección de la Madre de Dios.

El hombre escogido para ser el esposo de esa excelsa criatura debía poseer una virtud mayor que la de los antiguos patriarcas.

¡Es la grandeza de alma que debía tener el Esposo de la Madre de Dios!

Imagen de Dios Padre a los ojos del Hijo de Dios

¡Su misión, como padre del Niño Jesús, consistió en ser la imagen de Dios Padre a los ojos del propio Hijo de Dios! En la simplicidad de la vida cotidiana, San José ejercía como jefe de la Sagrada Familia, una verdadera autoridad sobre el Hijo de Dios.

¿Quién respondería a las preguntas de Dios? Esta gracia solo fue concedida a San José, varón humilde y puro.

Imaginemos el Niño Jesús parado delante de él e indagando cómo hacer tal cosa. ¡Y San José, mera criatura, consciente de que es Dios quien pregunta, da el consejo!

Consideremos a San José como modelo de castidad y de fuerza; un varón de santidad inimaginable, en el cual Dios reunió, como en un sol, todo cuanto los demás santos juntos tienen de luz y esplendor.

Todas las glorias se acumularon en este varón incomparable.

¡Id a José!

Hubo, también, en el Antiguo Testamento un personaje llamado José, hijo del Patriarca Jacob que llegó a ser vice-rey de Egipto.

En tiempos de hambre, el Faraón mandaba a los egipcios dirigirse al sabio José para que él distribuyese los alimentos, diciéndoles: ¡»Id a José»!

De la misma manera, podemos oír la voz de Dios que nos dice durante nuestras dificultades: ¡»Id a José»!

Así como José fue vice-rey de Egipto y el más importante del reino después del Faraón, Dios constituyó a San José, vice-rey de la Iglesia, quiere decir, señor y cabeza de su casa, custodio y administrador de todos sus bienes.

¿Quién podrá calcular el poder de intercesión de San José junto a María Santísima y a su Divino Hijo? Su patrocinio y poder de intercesión son superiores a los de todos los demás santos, sin duda alguna.

San José todo puede delante del Divino Redentor.

Ciertamente, Jesús, que le fue sumiso durante su vida terrena, seguirá siéndole obediente por toda la eternidad…

¡Imploremos, pues, siempre, su poderosa intercesión!

Hna. Cíntia Louback, EP

Los Caballeros de la Virgen, constituyen una Asociación Internacional de Derecho Pontificio fundada por Monseñor João Clá Dias, EP.
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