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Misiones

Misión – Parroquia San Andrés Kim

Parroquia San Andrés Kim - Quito, recibió a la Imagen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima.

Fieles de la parroquia San Andrés Kim, ubicada en el sector de Turubamba al sur de Quito, recibieron la visita de la imagen de Nuestra Señora de Fátima.

El padre Ramiro Rodríguez agradeció a los Caballeros de la Virgen por esta ayuda evangelizadora.

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María Santísima

Soy María del Buen Suceso, la Reina del Cielo y de la tierra. Vengo a consolar tu corazón afligido.

abril 18, 2022

Medianoche. En el Real Monasterio de la Inmaculada Concepción, de Quito, el silencio fue roto por las doce campanadas del reloj que indicaba el comienzo del día 2 de febrero de 1594. Poco después entraba en la capilla la joven priora, la Madre Mariana de Jesús Torres.

Con el corazón repleto de amarguras, había ido a implorarle al divino Redentor que por intercesión de su bendita Madre solucionara los problemas que dificultaban la evangelización de aquellas tierras: los malos ejemplos que daban algunos sacerdotes y religiosos indignos, los injustificables desmanes de las autoridades eclesiásticas y civiles, agravado todo ello por manifestaciones de desobediencia en su propio convento. Prosternada con la frente en el duro suelo de piedra, oraba con fervor cuando una dulce voz interrumpió sus plegarias llamándola por su nombre:

Mariana de Jesus Torres

Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa

—Mariana, hija mía.

Se levantó rápidamente y vio delante de ella a una bellísima Señora, resplandeciente de luz, que tenía en su mano izquierda al Niño Jesús y en la derecha un báculo todo de oro pulido, adornado con piedras preciosas.

—Hermosa Señora, ¿quién sois y qué queréis? —le preguntó, rebosante de felicidad.

—Soy María del Buen Suceso, la Reina del Cielo y de la tierra. Vengo a consolar tu corazón afligido. Empuño en el brazo derecho el báculo que ves, porque quiero gobernar este mi monasterio como Priora y Madre.

Duró cerca de dos horas el coloquio de la humilde monja con la celestial Visitante. Cuando ésta se retiró, tan sólo la tenue luz del candil iluminaba la capilla, pero la Madre Mariana se sentía tan fortalecida como deseosa de luchar y sufrir por amor a Nuestro Señor Jesucristo.

“Es voluntad de mi Hijo que mandes ejecutar una estatua mía”

¡Y no le faltaron sufrimientos y pruebas! Cinco años después, la madrugada del 16 de enero de 1599, se le apareció de nuevo la Santísima Virgen para reconfortarla. Le comunicó los designios de Dios en relación con aquel monasterio, le hizo proféticas revelaciones acerca del futuro de Ecuador y de las persecuciones que allí sufrirían las comunidades religiosas, y agregó:

—Por eso es voluntad de mi Hijo Santísimo que tú misma mandes ejecutar una estatua mía, tal como me ves, y la coloques sobre la cátedra de la priora para que yo desde ahí gobierne mi monasterio, poniendo en mi mano derecha el báculo y las llaves de la clausura en señal de propiedad y autoridad. A mi divino Niño lo harás colocar en mi mano izquierda: primero, para que los mortales entiendan que soy poderosa para aplacar la justicia divina y alcanzar piedad y perdón a toda alma pecadora que a mí acuda con corazón contrito; y segundo, para que mis hijas comprendan que les muestro y les doy como modelo de su perfección religiosa a mi Hijo Santísimo; vengan ellas a mí para que yo les conduzca a Él.

Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa

“Ningún otro escultor será digno de esta gracia”

La religiosa ponderó con timidez:

Linda Señora, vuestra hermosura me encanta. ¡Oh, si me fuera dado dejar la tierra ingrata para elevarme con Vos al Cielo! Mas permitidme que os haga saber que ninguna persona humana, por más entendida que fuese en el arte de la escultura, podrá trabajar en madera vuestra encantadora imagen, tal como me pedís. Enviad para esto a mi Seráfico Padre a fin de que él labre esta obra en madera escogida, teniendo como oficiales a los ángeles del Cielo, porque no sabría explicar ni menos podría saber y dar la estatura de vuestra talla.

Nada te atemorice, hija mía — contestó la Virgen—, atenderé tu petición. En cuanto a mi altura mídela tú misma con el cordón seráfico que traes a tu cintura.

La joven priora hizo una reverente objeción:

—Hermosa Señora, mi Madre querida, ¿atreverme yo a tocar vuestra frente divina, cuando los espíritus angélicos pueden hacerlo? Vos sois el arca viva de la alianza entre los pobres mortales y Dios; y si Osa cayó muerto sólo por el hecho de haber tocado el Arca santa para evitar que cayese al suelo [cf. 2 Sam 6, 6-7], cuán-to más yo, mujer pobre y débil…

—Me alegra tu humilde temor y veo el amor ardiente a tu Madre del Cielo que te habla; trae y pon en mi mano derecha tu cordón y tú con la otra extremidad toca mis pies.
Temblando de júbilo, de amor y reverencia, la religiosa hizo lo que María Santísima le ordenaba, y ésta prosiguió:

—Aquí tienes, hija mía, la medida de tu Madre del Cielo; entrégala a mi siervo Francisco del Castillo, explicándole mis facciones y mi postura. Él trabajará exteriormente mi imagen porque es de conciencia delicada y observa escrupulosamente los Mandamientos de Dios y de la Iglesia; ningún otro escultor será digno de esta gracia. Tú ayúdalo con tus oraciones y con tu humilde sufrimiento.

“Recurriendo a mí, aplacarán la ira divina”

En otra aparición, en la misma hora de las anteriores, es decir, poco después de las doce campanadas de la medianoche, la Virgen Madre de Dios prenunció una época calamitosa para la Iglesia en Ecuador, tiempos en los que casi no se encontraría inocencia en los niños, ni pudor en las mujeres, y añadió:

—Con todo esto sufrirán tus sucesoras; ellas aplacarán la ira divina recurriendo a mí bajo la advocación del Buen Suceso, cuya imagen pido y mando que hagas ejecutar para consuelo y sustento de mi monasterio y de los fieles de ese tiempo. Esta devoción será el pararrayo colocado entre la justicia divina y el mundo prevaricador. Hoy mismo, cuando amanezca, irás a hablar con el obispo y le dirás que yo te pido que mandes esculpir mi imagen para que sea colocada a la cabeza de mi comunidad, a fin de tomar posesión completa de aquello que por tantos títulos me pertenece. Él deberá consagrar mi imagen con el sagrado óleo y le pondrá el nombre de María del Buen Suceso de la Purificación o Candelaria.

E insistió:

—Ahora es preciso que mandes ejecutar con presteza mi santa imagen, tal cual me ves, y te apresures a colocarla en el lugar que te indiqué.

“La perfección de la obra corre por mi cuenta”

La humilde religiosa repitió la misma tímida objeción que había hecho cinco años antes:

—Bella Señora y Madre querida de mi alma, la imperceptible hormiguita que tenéis ante vuestra presencia, no podrá referir al artista ninguna de vuestras bellas facciones, vuestra hermosura, ni vuestra estatura; no tengo palabras para explicarlo, y no hay nadie en la tierra capaz de hacer la obra que me solicitáis.

—Nada de esto te preocupe, hija querida. La perfección de la obra corre por mi cuenta. Gabriel, Miguel y Rafael tomarán a su cargo secretamente la fabricación de mi imagen. Deberás llamar a Francisco del Castillo, que entiende de arte, para darle una sucinta descripción de mis facciones, exactamente como me viste, pues con esta finalidad me aparecí tantas veces a ti.

Y por segunda vez la Virgen Santa le ordenó que midiera su altura:

—En cuanto a mi estatura, trae acá el cordón que te ciñe y mídeme sin temor, pues a una Madre como yo le agrada la confianza respetuosa y la humildad de sus hijas.

—Reina del Cielo y Madre querida, aquí tienes la cuerda para mediros. ¿Quién la sostendrá en vuestra hermosa frente, adornada por esa linda corona, con la que la Santísima Trinidad os coronó? Yo no me atrevo, ni podría alcanzar vuestra altura por mi pequeña estatura.

—Hija querida, pon en mis manos una de las puntas de tu cuerda y yo la colocaré en mi frente, y tú aplicarás la otra a mi pie derecho.

Nuestra Señora tomó una de las extremidades del cordón y la puso en su frente, dejando a la extasiada monja que hiciera otro tanto en el pie derecho. El cordón era un poco corto, pero se estiró milagrosamente, como elástico, hasta alcanzar la estatura de la celestial Dama.

Sor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador

Sor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador

Facciones semejantes a las de la Madre que está en el Cielo

“Hoy mismo, cuando amanezca, irás a hablar con el obispo”, le había mandado la Virgen Santísima a la Madre Mariana. No obstante, previendo diversos obstáculos iba atrasando el cumplimiento de la orden recibida. Doce días después se le apareció de nuevo, resplandeciente de luz como siempre, pero esta vez silenciosa y mirándola con amable severidad.

Tras oír una maternal advertencia, seguida de explicaciones que deshicieron todos sus temores, respondió la religiosa:

—Bella Señora, justa es vuestra reprensión. Os pido perdón y misericordia, y prometo enmendarme. Hoy mismo hablaré con el obispo para comenzar la ejecución de vuestra imagen.

De hecho, ese mismo día expuso a Mons. Salvador de Ribera la orden recibida de la Reina del Cielo. Él oyó con atención el relato de la santa priora, puso a prueba su objetividad, por medio de muchas preguntas capciosas, y, por fin, dio su aprobación al proyecto; se comprometió incluso a ayudar en todo lo necesario para su pronta realización.

Entonces la Madre Mariana se apresuró a contratar al escultor Francisco del Castillo:

Sabiendo que usted es ante todo un buen católico y después hábil escultor, quiero confiarle una obra muy especial que requiere un aplicado esmero: esculpir una imagen de la Virgen María, la cual deberá tener facciones celestiales, semejantes a las de Nuestra Madre Santísima que está en el Cielo en cuerpo y alma; yo le daré la medida, pues tendrá la estatura exacta de nuestra celestial Reina.

Francisco del Castillo recibió esa incumbencia como una insigne gracia de Nuestra Señora y rechazó categóricamente cualquier pago por sus servicios. Dedicó varios días buscando en Quito y en los alrededores la mejor madera, y enseguida se puso manos a la obra. Trabajaba con tanto amor, y sentía tamaña consolación que no conseguía contener las lágrimas.

Pronto surgieron bienhechores para las tres importantes piezas de orfebrería: las llaves, la corona y el báculo. A petición de las monjas, el escultor realizó todo el servicio no en su taller, sino en el coro alto del monasterio.

Sor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, EcuadorSor mariana de Jesus Torres mide la altura de Ntra Sra - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador
Imagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, EcuadorImagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador
magen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuadormagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador
Imagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, EcuadorImagen de Nuestra Senora del Buen Suceso - Real Convento de la Inmaculada Concepcion - Quito, Ecuador

De su rostro salían rayos de luz

Se había fijado para el día 2 de febrero de 1611 la solemne bendición litúrgica de la imagen sagrada. Tres semanas antes de ese plazo, faltaba solamente un “pequeño” detalle: darle al rostro un colorido digno de la cara de la Santa Virgen de las vírgenes. Decidió el maestro Del Castillo hacer una última pesquisa en busca de las mejores tintas; marchó con ese objetivo, y prometió estar de vuelta el 16 de enero para ejecutar la delicada operación, de lejos la más importante de sus obras.

Grande era la expectativa de las religiosas cuando, al amanecer del día 16 se dirigían a la capilla para, como de costumbre, alabar a Nuestra Señora con el canto del Pequeño Oficio. Al acercarse al coro alto comenzaron a escuchar melodiosas armonías que las dejaron llenas de emoción. Entraron presurosas y… ¡oh prodigio!, una luz celestial inundaba todo el recinto, en el cual resonaban arrebatadoras voces de ángeles que cantaban el himno Salve Sancta Parens (Dios te Salve, Santa Madre).

Entonces se dieron cuenta del portentoso hecho: la imagen estaba milagrosamente concluida.

Desbordantes de admiración, contemplaban aquel celestial rostro, del que salían rayos de luz que iluminaban toda la iglesia. Aureolada por esa luz vivísima, la fisonomía de la santa imagen se mostraba majestuosa, serena, dulce, amable y atrayente, como invitando a sus hijas a que se acercaran con confianza a darle un filial abrazo de júbilo y de bienvenida. El semblante del Niño Jesús expresaba amor y ternura para con aquellas esposas suyas tan amadas por Él y por su Madre. Ese día todas progresaron en la vida espiritual, y comprendiendo mejor su propia vocación, pasaban a amar más y más a su divino Esposo y se empeñaban en el cumplimiento exacto de la Regla y de las obligaciones particulares.

Autor: Padre Ricardo del Campo, EP

María Santísima

septiembre 9, 2021

  Las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, son consideradas como las más proféticas apariciones de los últimos tiempos.

  En Fátima, la Santísima Virgen no se dirigió solamente a la generación de comienzos del siglo XX, sino, sobre todo, a las que vinieron después.

  Y a medida que las décadas fueron pasando y el segundo milenio fue agonizando entre aprensiones y tragedias, las palabras proféticas de la Madre de Dios se tornan más reales.

  Ya en la época de las apariciones de Fátima, en los primeros años del siglo XX, los acontecimientos mundiales hacían entrever lo que sería la triste historia contemporánea. Por un lado, un progreso material casi ilimitado, parejo a una decadencia en las costumbres como nunca se vio antes.

  Por otro lado, guerras y convulsiones sociales de proporciones terribles. La Primera Guerra Mundial fue un ejemplo de esa realidad, ampliamente superada por la Segunda Guerra Mundial y por todo cuanto la siguió.

  A todos esos males, como Madre solícita y afectuosa, María Santísima quiso poner remedio, evitándoselos a sus hijos. Por eso descendió del Cielo a fin de alertar a la humanidad de los riesgos que corría si continuase en las vías tortuosas del pecado. Vino, al mismo tiempo, a indicar los medios de salvación: el rezo del Rosario, la práctica de los Cinco Primeros Sábados, la devoción al Inmaculado Corazón de María.

Antes del 13 de Octubre.

Así, el día 13 de septiembre se verificó una afluencia extraordinaria de peregrinos al lugar bendito, una multitud llena de respeto, calculada entre 15 y 20 mil personas, o tal vez más.

“Continuad rezando el Rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrán también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Carmen, y San José con el Niño Jesús, para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda, usadla sólo durante el día

Aunque breve, la aparición de la Virgen dejó a los pequeños videntes muy felices, consolados y fortalecidos en su fe. Francisco se sentía especialmente inundado de alegría ante la perspectiva de ver, de allí a un mes, a Nuestro Señor Jesucristo, como les prometió la Reina del Cielo y de la Tierra.

Sexta y última aparición: 13 de octubre de 1917

  Llegó, por fin, el día tan esperado de la sexta y última aparición de la Santísima Virgen a los tres pastorcitos. El otoño estaba avanzado. La mañana era fría. Una lluvia persistente y abundante había transformado la Cova de Iría en un inmenso lodazal, y calaba hasta los huesos a la multitud de 50 a 70 mil peregrinos que habían acudido de todos los rincones de Portugal.

  Es la Hermana Lucía quien nos relata lo que sucedió:

“Llegados a Cova de Iría, junto a la encina, llevada por un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrase los paraguas para rezar el Rosario. Poco después vimos el reflejo de la luz y, enseguida, a Nuestra Señora sobre la encina.

– Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor; que soy la Señora del Rosario, que continuéis rezando el rosario todos los días. La guerra va a terminar y los militares volverán en breve a sus casas.

– Quería pedirle muchas cosas. Si curaba unos enfermos y convertía unos pecadores…

– A algunos sí, a otros no. Es preciso que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados.

  Y tomando un aspecto más triste, [Nuestra Señora agregó]: No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.

  Enseguida, abriendo las manos, Nuestra Señora las hizo reflejar en el sol y, mientras se elevaba, su propia luz continuaba reflejándose en el sol”.

  Había llovido durante toda la aparición. Lucía, al terminar su coloquio con la Santísima Virgen, había gritado al pueblo: “¡Miren el sol!”. Se entreabrieron las nubes, y el sol apareció como un inmenso disco de plata.

  A pesar de su brillo intenso, podía ser mirado directamente sin herir la vista. La multitud lo contemplaba absorta cuando, súbitamente, el astro se puso a “bailar”. Giró rápidamente como una gigantesca rueda de fuego. Se detuvo de repente y, poco después, comenzó nuevamente a girar sobre sí mismo a una velocidad sorprendente. Finalmente, en un torbellino vertiginoso, sus bordes adquirieron un color escarlata, esparciendo llamas rojas en todas direcciones.

Éstas se reflejaban en el suelo, en los árboles, en los rostros vueltos hacia el cielo, reluciendo con todos los colores del arco iris. El disco de fuego giró locamente tres veces, con colores cada vez más intensos, tembló espantosamente y, describiendo un zig-zag descomunal, se precipitó sobre la multitud aterrorizada.

  Un único e inmenso grito escapó de todas las gargantas. Todos cayeron de rodillas en el lodo, pensando que serían consumidos por el fuego. Muchos rezaban en voz alta el acto de contrición. Poco a poco, el sol comenzó a elevarse trazando el mismo zig-zag, hasta el punto del horizonte desde donde había descendido. Se hizo entonces imposible fijar la vista en él. Era de nuevo el sol normal de todos los días.

  El ciclo de las visiones de Fátima había terminado. Los prodigios duraron cerca de 10 minutos. Todos se miraban estupefactos. Después, hubo una explosión de alegría: “¡El milagro, los niños tenían razón!”. Los gritos de entusiasmo hacían retumbar sus ecos en las colinas adyacentes, y muchos notaron que sus ropas, empapadas minutos antes, estaban completamente secas.

  El milagro del sol pudo ser observado a una distancia de hasta 40 kilómetros del lugar de las apariciones.

  Casi se podría decir que, cuanto más importante es el acontecimiento previsto, tanto mayor la grandeza de las señales que lo preceden, la autoridad de los profetas que lo anuncian, y el tiempo de espera.

  Es fácil, a la luz de esta regla, evaluar la importancia de las previsiones de Fátima, pues quien nos las anuncia no es un ángel, ni un gran santo, sino la propia Madre de Dios.

Lacrimación de una Imagen Peregrina de los Caballeros de la Virgen en Centroamérica.

Ángeles

Se engañaría el que pensara que el vocablo ángel define la naturaleza de esos seres espirituales.

enero 12, 2022

Se engañaría el que pensara que el vocablo ángel define la naturaleza de esos seres espirituales. Si nos remontamos a la etimología de la palabra, primero encontraremos el nombre latino angelus, que a su vez proviene del vocablo hebreo מַלְאָך que los Setenta tradujeron como ἄγγελος.

Ángeles

Tanto el término hebreo como el griego significan mensajero o enviado. Por eso, dice San Agustín:

«En realidad ‘ángel’ es el nombre de un oficio, no de una naturaleza. Si preguntas por el nombre de su naturaleza, es espíritu; y si preguntas por su oficio, es ángel». 1

Luego, ¿quiere decir que los ángeles no tienen cuerpo? Exactamente, el ángel no tiene materia, es puro espíritu.

Esto que para nosotros hoy nos parece tan natural antaño constituyó una grave cuestión teológica, en razón de la cual Santo Tomás de Aquino estuvo a punto de ser excomulgado por el obispo de París. 2 No obstante, resolvió el problema y se mereció, de esta manera, el título de Doctor Angélico.

No vamos a tratar aquí toda la teoría metafísica y filosófica que envolvió la cuestión, sino que expondremos sólo de modo resumido lo necesario para entender la naturaleza espiritual de los ángeles.

Hasta Santo Tomás de Aquino, los teólogos se hallaban en un aparente callejón sin salida. Por un lado, la existencia de los ángeles estaba demostrada en la Sagrada Escritura, y no se podía negar. Por otro, pensaban que la materia era el único elemento capaz de delimitar a un ser. Así que los ángeles no podían ser inmateriales, porque serían infinitos. Creían, pues, que los ángeles tenían cierta materia muy sutil y que, comparada con la materia del cuerpo humano, era espiritualizada.3

Entonces, ¿cómo sustentar y explicar la inmaterialidad de los ángeles? Santo Tomás lo solucionó de una forma sencilla y precisa. Los ángeles son puros espíritus, como Dios. Pero hay dos prerrogativas que permanecen reservadas al Creador: es infinito y eterno. De hecho, la inteligencia angélica es limitada, y su voluntad no es capaz de un acto de valor infinito. En cambio, el acto de la inteligencia divina y de su voluntad es infinito. El Padre conociéndose a sí mismo engendra al Hijo y del amor entre los dos procede el Espíritu Santo.

Además, los ángeles tienen un comienzo, fueron creados en un momento determinado. Dios es eterno, sin principio, ni origen en otro ser. Conclusión: por mucho que el ángel no tenga una materia que delimite su espíritu, no es eterno ni ilimitado como Dios. Ésa es la mayor diferencia entre el Creador y cualquier criatura.

Otras grandes figuras de la patrística ya habían defendido la inmaterialidad de los ángeles.4 Pero ninguno solventó el enigma metafísico como Santo Tomás.

El Aquinate va más lejos en su explicitación y afirma que no sólo es posible, sino que «es necesario admitir la existencia de algunas criaturas incorpóreas»,5 en el magnífico mosaico de la Creación.

 Gaudium Press.

Notas:

  1. SAN AGUSTÍN. Enarratio in psalmum CIII. Sermo I, n.º 15.
  2. Cf. MARTÍNEZ, OP, Aureliano. Introducción a la cuestión 50. In: SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Madrid: BAC, 1950, v. III, p. 60.
  3. Cf. BANDERA GONZÁ LEZ, OP, Armando. Tratado de los Ángeles. Introducción a las cuestiones 50 a 64. In: SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Madrid: BAC, 2001, v. I, p. 496.
  4. «El ángel solamente es espíritu, y en cambio el hombre es espíritu y carne» (SAN GREGORIO MAGNO. Moralia, IV, 3, 8).
  5. SANTO TOMÁS DE AQUINO, op. cit., I, q. 50, a. 1.

San José

"El señor buscó un hombre según su corazón". Y este hombre fue San José.

marzo 19, 2022

Desde toda la eternidad, cuando la Encarnación del Verbo fue determinada por la Santísima Trinidad, Dios Padre quiso que la llegada de su Hijo al mundo fuese revestida con la suprema pulcritud que conviene a un Dios.

El Señor buscó un hombre según su corazón.

A pesar de los aspectos de pobreza y humildad con los cuales habría de mostrarse, Él debería nacer de una Virgen concebida sin pecado original, reuniendo en sí las alegrías de la maternidad y la flor de la virginidad.

Pero era indispensable la presencia de alguien capaz de asumir la figura de padre delante el Verbo de Dios hecho hombre. Para eso, bien podemos aplicar las palabras dichas por la Escritura sobre el Rey David:

«El señor buscó un hombre según su corazón». Y este hombre fue San José.

Grandeza de alma mayor que la de los Antiguos Patriarcas.

Para formarnos una idea de quién fue San José, precisamos considerar que él fue esposo de Nuestra Señora y padre adoptivo del niño Jesús.

El esposo debe ser proporcional a la esposa. Ahora, ¿quién es Nuestra Señora? Ella es, de lejos, la más perfecta de todas las criaturas, la obra-prima del Altísimo.

Si sumamos las virtudes de todos los ángeles, de todos los santos y todos los hombres hasta el fin del mundo, no tendremos siquiera una pálida idea de la sublime perfección de la Madre de Dios.

El hombre escogido para ser el esposo de esa excelsa criatura debía poseer una virtud mayor que la de los antiguos patriarcas.

¡Es la grandeza de alma que debía tener el Esposo de la Madre de Dios!

Imagen de Dios Padre a los ojos del Hijo de Dios

¡Su misión, como padre del Niño Jesús, consistió en ser la imagen de Dios Padre a los ojos del propio Hijo de Dios! En la simplicidad de la vida cotidiana, San José ejercía como jefe de la Sagrada Familia, una verdadera autoridad sobre el Hijo de Dios.

¿Quién respondería a las preguntas de Dios? Esta gracia solo fue concedida a San José, varón humilde y puro.

Imaginemos el Niño Jesús parado delante de él e indagando cómo hacer tal cosa. ¡Y San José, mera criatura, consciente de que es Dios quien pregunta, da el consejo!

Consideremos a San José como modelo de castidad y de fuerza; un varón de santidad inimaginable, en el cual Dios reunió, como en un sol, todo cuanto los demás santos juntos tienen de luz y esplendor.

Todas las glorias se acumularon en este varón incomparable.

¡Id a José!

Hubo, también, en el Antiguo Testamento un personaje llamado José, hijo del Patriarca Jacob que llegó a ser vice-rey de Egipto.

En tiempos de hambre, el Faraón mandaba a los egipcios dirigirse al sabio José para que él distribuyese los alimentos, diciéndoles: ¡»Id a José»!

De la misma manera, podemos oír la voz de Dios que nos dice durante nuestras dificultades: ¡»Id a José»!

Así como José fue vice-rey de Egipto y el más importante del reino después del Faraón, Dios constituyó a San José, vice-rey de la Iglesia, quiere decir, señor y cabeza de su casa, custodio y administrador de todos sus bienes.

¿Quién podrá calcular el poder de intercesión de San José junto a María Santísima y a su Divino Hijo? Su patrocinio y poder de intercesión son superiores a los de todos los demás santos, sin duda alguna.

San José todo puede delante del Divino Redentor.

Ciertamente, Jesús, que le fue sumiso durante su vida terrena, seguirá siéndole obediente por toda la eternidad…

¡Imploremos, pues, siempre, su poderosa intercesión!

Hna. Cíntia Louback, EP

Los Caballeros de la Virgen, constituyen una Asociación Internacional de Derecho Pontificio fundada por Monseñor João Clá Dias, EP.
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